Durante tres años, Valeria Rivas cuidó de su esposo mientras él permanecía en coma. Cuando Alejandro Montenegro despertó, ella creyó que por fin llegaría su oportunidad de ser amada. Pero el regreso de su primer amor convirtió esa esperanza en una humillación.
Para él, Valeria era una muchacha del campo que no estaba a su altura. Para sus amigos, la esposa que sobraba.
Hasta que ella le entregó los papeles del divorcio.
El motivo: «Mi esposo no cumple en la cama».
Alejandro fue a exigirle explicaciones. Esperaba encontrar a una mujer suplicando que no la dejara. En cambio, encontró a una Valeria que ya no pensaba bajar la cabeza… y que ocultaba mucho más de lo que él imaginaba.
Ella lo recibió con una sonrisa.
—Señor Montenegro, ¿viene a pedir cita con el urólogo?
NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
Capítulo 18. La mujer que le llamó la atención
Alejandro se frotó el entrecejo. Sí, se le había olvidado: Sebastián Ferrer había regresado al país.
Los Montenegro y los Ferrer eran dos de las familias más poderosas de Puerto Azul y mantenían una amistad de generaciones. Él y Sebastián se habían criado juntos. Camila, Nicolás y Renata ya estaban esperándolo en Club 1996.
La voz alegre de Renata también salió del teléfono.
—¡Ven pronto, Alejandro!
Renata estaba enamorada de Sebastián. Su sueño era casarse con él, aunque era tan exigente que pocas mujeres conseguían interesarle.
—Voy enseguida.
Alejandro se levantó. ¿Qué le importaba que Valeria saliera a divertirse con hombres? ¿Por qué iba a enojarse? Una muchacha del campo que no tenía nada mejor que hacer que buscar hombres… Qué superficial. No podía compararse con Camila.
Que hiciera lo que quisiera. ¡Con quien quisiera!
Un Ferrari recorría las calles de noche, veloz y llamativo. En el asiento del acompañante, Dani disfrutaba del aire fresco.
—Val, ¿de dónde sacaste este auto?
Valeria llevaba unos grandes lentes de sol negros sobre su pequeño rostro. El viento le agitaba el cabello con una libertad desbordante mientras conducía.
—Me lo regaló Alejandro.
Pensar en el dinero hizo que el rencor de Dani hacia él disminuyera un poco.
—Será un desgraciado, pero sí que es generoso. Un cheque enorme, autos, casas… Los regala como si nada.
Valeria sonrió. Era verdad.
Un bocinazo anunció otro deportivo que se acercaba por detrás. Ella volvió la cabeza: era un Lamborghini plateado, modificado. A algunos herederos de las grandes familias les gustaban los deportivos, las carreras y modificar los autos con sus propias manos.
El Lamborghini se puso a su altura. Al volante había un hombre muy atractivo que la miraba con interés.
—Hermosa, ¿cómo es que nunca te había visto en Puerto Azul? ¿Te gustaría agregarme en Conecta?
Valeria no esperaba que hasta en una salida para despejarse fueran a intentar conquistarla. Apartó la mirada y pisó el acelerador. El Ferrari salió disparado como una flecha.
—¡Val, eres increíble! —gritó Dani, emocionada.
Ella arqueó una ceja. Cuando vivía en el extranjero también solía correr en auto. Deshacerse de alguien era fácil.
Pero la sonrisa se le congeló al instante. El Lamborghini la alcanzó a toda velocidad. El hombre alzó las cejas y le sonrió, como si acabara de encontrar algo interesante.
Valeria no tuvo más remedio que acelerar de nuevo. Él no la soltaba; los dos deportivos se enzarzaron en una carrera que atraía miradas a su paso.
En un cruce, ella hizo una maniobra de engaño. Cuando el Lamborghini intentó alcanzarla, giró de golpe y entró en un callejón. Él quiso seguirla, pero sonó una bocina y un camión grande irrumpió en su camino.
Sebastián tuvo que frenar. Vio desaparecer el Ferrari sin poder hacer nada. Antes de perderlo de vista, una mano pequeña y blanca asomó por la ventanilla, levantó el pulgar y luego lo giró hacia abajo.
Él sonrió, divertido de verdad. Llevaba años fuera de Puerto Azul y acababa de encontrarse con alguien tan interesante.
Sacó el teléfono y fotografió la matrícula del Ferrari. Enseguida recibió una llamada de Alejandro. Seguro que lo apuraba para que llegara al club.
Sebastián dio la vuelta. Puerto Azul era territorio de su amigo. Solo tendría que pedirle que averiguara de quién era el auto.
En el callejón, Dani exclamó, feliz:
—¡Lo dejaste atrás!
Apenas lo dijo, el Ferrari chocó contra una pared con un golpe seco.
A Valeria le temblaron las piernas. Llevaba tres años sin correr en auto, y haber encontrado un rival tan fuerte la había llevado a acelerar con el corazón desbocado.
Bajaron del auto. La parte delantera se había hundido por el golpe. A Dani también le fallaban las piernas.
—¿Qué hacemos?
Valeria recuperó la calma.
—No pasa nada. Llamaré al secretario de Alejandro para que se ocupe.
Marcó el número de Soto.
Sebastián llegó a Club 1996 y entró al reservado de lujo. Alejandro ocupaba el asiento principal del sofá; su amigo se sentó junto a él. Los dos siempre habían sido los hombres más codiciados e inaccesibles de Puerto Azul, el sueño de las jóvenes de la alta sociedad. Juntos se convirtieron en el centro de atención del club.
Renata era la más feliz. El hombre que quería había vuelto al país. Lo miraba enamorada y se sentó a su lado. Camila estaba junto a Alejandro y había varios jóvenes de su círculo acompañándolos. El ambiente era animado.
—¡Años sin verte, Sebastián! —lo saludó Nicolás—. Por fin regresaste.
Los otros bromearon:
—¿Las mujeres del extranjero son más interesantes que las de aquí? ¿Por eso te quedaste tanto?
Con la copa en la mano, Sebastián alzó una ceja y sonrió.
—No. Las de Puerto Azul son más interesantes.
—Claro. Las más hermosas están aquí: Camila y Renata.
Camila sonrió al oír su nombre. Estaba acostumbrada; era la mujer más bella de la ciudad. Renata miró a Sebastián con dulzura, buscando llamar su atención.
Pero él no miró a ninguna de las dos. Se volvió hacia Alejandro.
—Necesito que me averigües algo de una persona.
Alejandro hizo chocar su copa con la de él.
—¿Hombre o mujer?
—Mujer.
Su amigo bebió un sorbo sin prisa.
—Con razón llegaste tarde. ¿Conociste a alguien que te gustó?
Sebastián sonrió. Se conocían desde hacía muchos años.
—Parece que sí te gustó —continuó Alejandro—. ¿Cómo es?
Tenía verdadera curiosidad por saber qué tipo de mujer podía atraerlo. Sebastián pensó un momento.
—Una belleza delicada, pero con mucho carácter. Te deja inquieto.
Nicolás y los demás se quedaron sorprendidos.
—¿De quién hablas?
—¿Y no es Camila ni Renata? Queremos saber quién consiguió conquistarte tan rápido.
Sebastián tenía fama de difícil. Hasta entonces ninguna mujer había logrado ganárselo, y todos querían conocer a aquella belleza delicada y de carácter ardiente.
Camila había estado de buen humor. Ahora se le borró la sonrisa. Renata se quedó rígida.
Sebastián abrió la foto de la matrícula y le tendió el teléfono a Alejandro.
—Averíguame de quién es este auto.