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¡ESCÁNDALO! LA ABUELA VIUDA ES LA OBSESIÓN DEL JOVEN GRAN CONSEJERO

¡ESCÁNDALO! LA ABUELA VIUDA ES LA OBSESIÓN DEL JOVEN GRAN CONSEJERO

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Romance / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En el majestuoso Imperio de Valoria, Mariana Mancilla, duquesa viuda de Monteluna, creía que su destino era proteger a su familia y disfrutar de la tranquilidad junto a su hijo y su pequeño nieto. Pero el destino le concede una segunda oportunidad para impedir la ruina que una vez destruyó todo lo que amaba.

Cuando viaja a la capital para desenmascarar las intrigas de un conde ambicioso, conoce a Roberto Cáceres, el poderoso Gran Duque y consejero del joven emperador. Treinta años de edad, admirado por todas las nobles y heredero de un poder inmenso… pero incapaz de resistirse a una mujer quince años mayor que él.

Pronto, los murmullos de la corte se convierten en escándalo. Mientras sus enemigos conspiran para destruirlos, Mariana deberá decidir si se atreve a vivir el amor que creyó perdido.

¡Porque esta vez no permitirá que nadie le robe su felicidad!

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Rendición absoluta

La madrugada envolvía la ciudad en un silencio profundo, solo roto por el canto lejano de los guardias que cambiaban su ronda en las esquinas de las calles desiertas. Roberto se mantenía inmóvil entre las sombras de los árboles altos que rodeaban la residencia de Mariana, observando desde la oscuridad la ventana de su habitación en el segundo piso. La luz de las velas se había apagado hacía un buen rato, pero él sabía que ella probablemente no dormía del todo, acostumbrada como estaba a vigilar el sueño de los suyos y a despertarse ante cualquier ruido inusual en la casa. No vino a esconderse para siempre; vino porque necesitaba verla, porque las palabras ya no cabían en notas cuidadosas ni en encuentros furtivos en rincones oscuros, porque su corazón le dictaba que ya era hora de dejar de esperar a que el mundo les diera permiso para ser felices. Había tomado su decisión y nada lo haría retroceder.

Con la agilidad de quien ha recorrido los techos y los muros del palacio desde su juventud, trepó silenciosamente por las enredaderas antiguas que cubrían la fachada de piedra, sus manos encontrando cada asidero con seguridad, sus pies apoyándose en las pequeñas salientes del muro sin hacer el menor ruido. Se sentía como un ladrón, sí, pero no venía a robar nada: venía a ofrecer todo lo que era, su nombre, su protección, su corazón entero, a arriesgar su honor y su reputación en una sola noche porque había comprendido que algunos tesoros solo se rescatan si uno se atreve a subir por ellos sin red de seguridad, sin garantías, sin saber qué encontrará al otro lado. Al llegar al alféizar, empujó la ventana entreabierta con infinito cuidado y se deslizó al interior de la habitación, quedando de pie en la penumbra, con el aliento contenido, esperando que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad suave que solo iluminaba la luna que entraba por el cristal.

Mariana se incorporó de golpe en la cama, su corazón latiéndole con fuerza en el pecho, y antes de que pudiera gritar o pedir ayuda, vio su silueta recortada contra la luz pálida de la luna. Quedó inmóvil un instante, sin dar crédito a lo que veían sus ojos, y luego su voz tembló entre la sorpresa y la alarma más genuina:

—¿Roberto? ¿Qué hace usted aquí? Es una locura. Si alguien lo ve entrar o salir de esta habitación a esta hora… debe irse ahora mismo. No puede quedarse ni un minuto más. Esto es impropio, es arriesgarlo todo por un momento de insensatez. Le ruego, salga por donde entró antes de que alguien despierte en la casa y lo descubra. No entiende lo que podría pasar si supieran que ha estado aquí conmigo de madrugada. Destruiría su reputación y la mía en un solo instante. No vale la pena. Por favor, váyase.

Él no se detuvo ante sus palabras, ni se inmutó ante su tono de reclamo y temor. Dio un paso hacia ella, y luego otro, sin prisa pero sin detenerse, hasta que estuvo lo suficientemente cerca para ver el brillo oscuro de sus ojos y sentir el calor que emanaba de ella en la quietud de la noche. Cuando ella retrocedió instintivamente hasta quedar contra el respaldo de la cama, él le tomó suavemente el rostro entre sus manos, no para retenerla, sino para hacerla sentir que no había amenaza en él, solo verdad contenida durante demasiado tiempo. Y antes de que pudiera decirle una advertencia más, sus labios encontraron los de ella con una ternura y una intensidad que la dejaron sin aliento. No fue un beso de exigencia, sino de certeza, como si hubiera estado esperando este instante desde que tenía memoria y finalmente lo había encontrado.

Cuando se separaron, sus frentes permanecieron juntas y él le susurró con voz profunda y firme, sin dudarlo ni un instante:

—Eres mía, duquesa. No hay oposición. Solo rendición absoluta. No te pido que me des una respuesta ahora mismo. No te pido que me prometas un futuro ni que digas que me amas como yo a ti. Solo te digo lo que mi corazón ya ha decidido: que te quiero a mi lado, que te respeto más que a nadie, y que desde este momento, mi vida está entrelazada con la tuya, lo quieras tú, lo diga la corte o lo que diga todo el mundo. No tienes que luchar sola más. No tienes que ser fuerte todo el tiempo. Aquí estoy. Y no me iré a ninguna parte, aunque me pidas que me vaya, porque sabes en el fondo que en el momento en que me veas irme, algo se romperá en ti también.

Mariana quiso protestar, quiso decirle que no era tan sencillo, que había miedos y obstáculos y diferencias que no se resolvían con un beso en la oscuridad, pero sus palabras murieron contra sus labios cuando él la abrazó con una delicadeza que la hizo sentir segura como no se había sentido en años. Sus caricias eran respetuosas pero seguras, guiadas por un deseo profundo y al mismo tiempo por un inmenso cariño que respetaba cada límite suyo. No había prisa entre ellos, solo la certeza de que habían llegado a ese momento tras un largo camino de silencio, de espera, de miradas que se buscaban en medio de la multitud. La noche les perteneció, no como algo prohibido y vergonzoso, sino como algo que finalmente les era permitido solo para ellos, lejos de las miradas y los juicios del mundo. En esa quietud compartida, ya no eran la duquesa viuda y el Gran Duque: eran simplemente dos almas que se habían encontrado tarde pero justo a tiempo, dispuestas a arriesgarlo todo por lo que sentían. Y cuando el primer resplandor del amanecer empezó a asomarse tímidamente por el borde de las cortinas, supieron que el día traería consigo sus propias pruebas y dificultades, que Peredo seguiría acechando, que las habladurías no desaparecerían de la noche a la mañana, pero que ya no tendrían que enfrentar nada separados. Porque lo que empezó esa madrugada no era un encuentro pasajero ni un secreto que ocultar: era el comienzo de una historia que ninguno de los dos volvería a escribir solo.

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Josealexander Fajardo
Me encanta estoy pegada linda que inventa ahora hacer elmofioso
EspirituCreativo: 🤭 Gracias por tus comentarios, arriba el romance
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Josealexander Fajardo
Me enca.nota pero se me pierde mucho
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔🤔, se te cruzaron las historias?
Helena está casada con Andrés hijo de Mariana,.
ya cambiaste la historia ?
EspirituCreativo: ¡Hola Bernardina! Qué bueno que preguntas, así nos aseguramos de que todo quede claro. Andrés y Elena son hermanos, hijos de Mariana. Andrés está casado y es padre del pequeño Lucas, y Elena es su hija soltera, la que está comprometida con Raúl Peredo. ¡Gracias por estar atenta y por leer la historia!
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
estoy confundida, que no Mariana solamente tiene un hijo Andrés y helena es su nuera
.
BERNARDINA PASTELIN
ya denle su merecido
EspirituCreativo: Pegale con la silla
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