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Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Ahora que me voy, ¿sí me amas?

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Dejar escapar al amor
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Alma Varela

Durante seis años, Lucía Morales fue la esposa que Alejandro Valdés mantuvo en secreto. Ante el mundo, él seguía soltero. Con su primer amor, Valeria, era atento y cariñoso. Hasta dejaba que el hijo de ella lo llamara «papá».
Para Lucía, en cambio, solo había desprecio.
Ni siquiera después de una cirugía agotadora, en la que logró salvar una vida, recibió una palabra de preocupación de su marido. Alejandro solo quería exigirle explicaciones por haber tratado mal a Valeria.
Lucía ya había solicitado su traslado a otro hospital. Ahora también estaba lista para quitarse el anillo.
—Quiero el divorcio. Te dejo libre.
Por primera vez, no le pedía que la amara. Le pedía que la dejara ir.
Pero Alejandro se negó.
Creía que ella nunca sería capaz de abandonarlo. Cuando comprende que esta vez va en serio, empieza a perder el control.
Él quiere recuperar a su esposa.
Lucía quiere recuperar los años que perdió esperando que la eligiera.

NovelToon tiene autorización de Alma Varela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Capítulo 15. ¿Un último acercamiento antes del divorcio?

Lucía se mordió el labio y su expresión perdió brillo. Dejó el bolso.

—Voy a preparar la cena.

Se puso a trabajar en la cocina. La empleada solía dejar verduras y carne en el refrigerador. Antes, cuando Lucía tenía tiempo, cocinaba y esperaba a que Alejandro regresara. Aunque él no llegara a cenar, ella volvía a calentarle la comida si aparecía más tarde.

Él nunca la probaba. Solo decía que no necesitaba que hiciera esas cosas.

Durante seis años había intentado cumplir con lo que consideraba sus deberes de esposa y él la había rechazado. Ahora que ella ya no quería hacerlo, ¿empezaba a darle órdenes?

No siguió pensándolo. Solo quería terminar cuanto antes. Necesitaba el vinagre, pero estaba en un armario alto y no lograba alcanzarlo. Una sombra la cubrió de pronto y una mano bajó la botella sin esfuerzo.

Lucía sintió el cuerpo alto y caliente de Alejandro a su espalda, casi envolviéndola. Habían tenido intimidad antes. Él había irradiado el mismo calor en el baño, cuando la arrinconaba contra la pared y la obligaba a darle la espalda para tomarla.

Volvió en sí de golpe y se apartó un poco.

—La comida todavía no está. Ve a esperar afuera.

Al notar que parecía evitarlo deliberadamente, Alejandro la miró con mayor seriedad y la atrajo de un tirón contra su pecho. Lucía se quedó rígida.

—¿Por qué te apartas? Antes no te veía huir cuando te tocaba —dijo él, con una burla en los ojos.

A Lucía le dio un vuelco el corazón y se le encendió la cara, entre vergüenza y rabia. ¿Aquello era otra forma de humillarla?

—No es apropiado…

—¿Por qué no?

Ella no respondió. La mano con la que Alejandro la sujetaba de la cintura se deslizó bajo el borde de su ropa. Lucía intentó detenerlo por instinto, pero él se tomó aún más libertades y soltó una risa.

—Creo que nunca te he tenido en la cocina.

Ella conocía aquella expresión de deseo. Siempre era así de directo cuando la quería. Pero pensar que se había acostado con Valeria le producía rechazo. Conservó la lucidez y desvió el rostro para evitar su beso.

—¡No quiero!

Alejandro se detuvo y la miró con intensidad.

—¿No quieres?

—No. No quiero.

El deseo ya se le notaba en el rostro. Soltó una risa despectiva.

—Eso no lo decides tú.

Lucía se alarmó. Él la rodeó por la cintura y la levantó en brazos. Antes de que pudiera reaccionar, ya la había llevado al dormitorio. El colchón se hundió bajo su espalda y el cuerpo de Alejandro la cubrió. Intentó retroceder, pero él la sujetó y la mantuvo debajo de sí.

—Alejandro… —Lucía apoyó ambas manos con fuerza contra su pecho e intentó apartarlo—. ¿No dijiste que no habías comido? ¡La cena ya casi está!

—Igual voy a comer.

Como siempre, él pretendía ir directamente a lo suyo, sin seducción previa. Lucía se mordió el labio y soportó la sensación extraña de sus caricias.

¿Qué era aquello? ¿Un último acercamiento antes del divorcio?

Alejandro pareció recordar algo y buscó en el cajón. De pronto frunció el ceño.

—¿Y los condones?

Lucía aprovechó para apartarlo. Contuvo la incomodidad y forzó una sonrisa.

—¿Lo olvidaste? Se acabaron hace tiempo.

Él siempre usaba protección y antes se aseguraba de tenerla. Pero desde que Valeria y su hijo habían regresado al país, casi no compartía la cama con Lucía. Ya ni recordaba si quedaban condones.

Tal como ella esperaba, Alejandro se calmó. Lucía sabía que no la tocaría sin protección.

Jamás permitiría que ella quedara embarazada de él.

Se arregló la ropa revuelta y bajó de la cama sin vacilar.

—La cena ya casi está. Iré a ver.

Prácticamente huyó del dormitorio.

Esa noche Alejandro durmió en el cuarto de huéspedes. Lucía ya sabía cómo terminaría todo; al aceptarlo, dejó de dolerle.

A la mañana siguiente supuso que él se había marchado y salió, como de costumbre, con un camisón.

—Rosa, ¿qué preparaste para desayunar? Huele muy bien…

Apenas terminó de hablar, vio a la empleada limpiando la mesa. Se quedó desconcertada y miró hacia la cocina.

¿Era Alejandro quien estaba preparando el desayuno?

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