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LA GRAVEDAD DEL PASADO Vs. PRESENTE.

LA GRAVEDAD DEL PASADO Vs. PRESENTE.

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Casos sin resolver / Completas
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

La gravedad del pasado vs. El presente:
Él vive atrapado en la órbita de la muerte de su esposa.
Clara Monasterio, luminosa y dedicada a salvar vidas infantiles, representa una fuerza opuesta que lo empuja a sanar, aunque su mente paranoica tema que acercarse a ella ponga en peligro a los que ama.

​El filtro del niño: El hijo de 6 años actúa como el "sensor" de la novela. Al aceptar inmediatamente a Clara, rompe las defensas del padre.

​El misterio de fondo: El asesinato de la exesposa no fue un simple asalto de compras. A medida que Clara y el magnate interactúan, la teniente Samantha Blake comienza a notar inconsistencias en el caso que la policía dio por cerrado, vinculando el peligro al estatus tecnológico del protagonista.
Clara es la hija de la doctora en eminencia en cardiología Diana Monasterio. De la novela "BAJO EL PULSO DE LA GRAVEDAD"

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

MEMORIAS DE UNA CONQUISTA Y RISAS DE SOBREMESA

​El comedor principal de la residencia Monasterio era un espacio donde la arquitectura moderna de líneas limpias y ventanales panorámicos se fundía con la calidez de un hogar habitado por mentes brillantes y temperamentos volcánicos. Esa noche, la mesa larga de madera oscura bullía con la energía vibrante de un clan acostumbrado a ganar tanto en los quirófanos como en los tableros financieros, pero el tema central de la velada no eran los balances hospitalarios ni las últimas investigaciones cardiológicas, sino el innegable colapso gravitacional que había sacudido a la más joven de la familia en pleno consultorio.

​Las risas y las pullas juguetonas no habían cesado desde el momento en que se sirvió el primer plato. Darío no paraba de hacer bromas sobre la presión arterial de su hermana menor, mientras Esteban calculaba en tono de burla el valor de las acciones del imperio tecnológico de Kaelen Vance por cada segundo que Clara se había sonrojado frente al magnate.

​Clara, sentada en uno de los extremos con las mejillas aún ligeramente encendidas, jugaba con el tenedor sobre su plato de porcelana fina, intentando ignorar las miradas cómplices que le lanzaban sus tías.

​—Ya basta, por favor —protestó Clara por enésima vez, abriendo los ojos con exagerada exasperación y haciendo el amague de levantarse de la mesa con la servilleta en la mano—. Si van a seguir convirtiendo mi vida profesional en un monólogo de comedia romántica, me retiro a mi habitación a revisar los expedientes pediátricos de mañana.

​Antes de que Clara pudiera dar un solo paso para abandonar su asiento, la doctora Diana Monasterio levantó una mano con elegancia milimétrica, adoptando una expresión de severidad fingida que hizo que todos en la mesa contuvieran la respiración por un segundo.

​—Te sientas ahora mismo, jovencita —ordenó Diana con voz firme, aunque con una chispa de travesura inconfundible brillándole en los ojos—. Te aguantas y te comes tus bromas, porque ustedes no pararon conmigo cuando yo comencé esta historia con Samantha. ¿O acaso crees que tengo amnesia? Déjame hacer memoria... Me acuerdo clarito, palabra por palabra, de lo que me dijiste aquella vez, hija mía.

​Diana se recostó en su silla, cruzó los brazos con una sonrisa triunfal y comenzó a imitar el tono de voz de Clara con una precisión teatral desternillante:

—«¡Tía Mariana tiene razón, mamá! Tienes que estar "pila", que el mundo es muy grande y la competencia es feroz. No te confíes, que Samantha es una mujer muy solicitada. ¡Necesitas ponerte al día con el entrenamiento!»

​En cuanto Diana terminó de pronunciar la frase exacta, un estallido de carcajadas unánimes sacudió el comedor. Darío casi se atraganta con el agua, Esteban soltó una carcajada estrepitosa golpeando la mesa con la palma de la mano, y las tías Mariana y Clara (la hermana menor) aplaudieron con entusiasmo ante la impecable imitación.

​Incluso Clara, atrapada en su propia trampa dialéctica del pasado, tuvo que soltar una risa resignada, dejándose caer de nuevo en su silla mientras negaba con la cabeza.

—Mamá... tienes una mente prodigiosa para archivar mis peores momentos de consejera imprudente —admitió Clara, rindiéndose ante la evidencia con una sonrisa torcida.

​Mariana, siempre dispuesta a echar más leña al fuego con su particular sentido del humor, levantó su copa de vino blanco y soltó una de sus ya clásicas intervenciones de humor negro, dirigiéndose directamente a la pareja principal:

—Bueno, analizando científicamente el historial amoroso de Diana, yo diría que esto es una venganza kármica generacional —comentó Mariana con total seriedad, mirando de reojo a la cardióloga y a la ex-teniente—. Porque si Kaelen Vance resulta ser tan testarudo y hermético como dicen, lo único que le auguro a nuestra pobre Clara es que termine persiguiéndolo con un desfibrilador emocional o mandando a la Teniente Blake a secuestrar al niño en un operativo encubierto antes de que termine el mes. ¡Pobre de la salud mental de ambos!

​La carcajada general fue inmediata. La Teniente Samantha Blake, que había estado observando la escena con una media sonrisa divertida mientras degustaba su cena, levantó las manos en señal de defensa inocente, negando con la cabeza.

​—A mí no me arrastren a su loquera, por favor —replicó Samantha con su característica voz grave, aunque con un brillo de genuina diversión en los ojos entrecanos—. Yo no he abierto la boca en toda la noche. ¡Que conste en actas que esta vez soy una espectadora neutral!

​Diana se giró hacia su pareja, arqueando una ceja con absoluta picardía y dándole un suave codazo cómplice en las costillas.

—Es mejor que te calles y disfrutes el espectáculo, mi amor, porque tú bien que te reías a carcajadas cuando yo me ponía roja como un tomate con los comentarios de todos en las primeras reuniones familiares —le replicó Diana con una sonrisa traviesa.

​La tía Clara —la hermana menor, que había permanecido observando la dinámica familiar con una mezcla de ternura y estupefacción, soltó una risa cristalina y exclamó negando con la cabeza:

—Dios mío... ¿Qué le hicieron a mi hermana la eminencia internacional en cardiología, ahora es la eminencia internacional pero en materia de chismes y burlas domésticas sigue siendo exactamente la misma adolescente incorregible de antes? ¡Esto es insoportable!

​El comedor volvió a llenarse de risas, brindis y comentarios cruzados, un refugio blindado de amor y complicidad donde las presiones del mundo exterior y las sombras del pasado parecían diluirse por completo. Sin embargo, en medio del jolgorio, Clara miró de reojo su teléfono móvil sobre la mesa. Su mente, por mucho que intentara concentrarse en las ocurrencias de su familia, seguía atrapada en la imagen de los ojos grises, profundos y solitarios de Kaelen Vance. La gravedad había lanzado su dado, y ya no había vuelta atrás.

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Miriam Perilla
mil felicitaciones excelente narración, diversión y suspenso gratis 👏👏👏👏👏👏
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