El Destino de la Sangre Mestiza
En un mundo fracturado por una guerra milenaria entre criaturas de la noche, Selene es lo que todos temen y nadie debería existir: una híbrida. Heredera del fuego carmesí y la fuerza indomable de los lobos Alfa, vive escondiendo la mitad de su naturaleza en las sombras. Pero cuando una antigua profecía se desata y el Primer Híbrido despierta para devorar el continente, la única forma de salvar su hogar es pactar con el enemigo.
Valerius es el despiadado y letal príncipe de la Casa de las Sombras. Un vampiro noble que se mueve en la oscuridad con una fría elegancia, educado para odiar a la especie de Selene. Sin embargo, cuando la magia ancestral amenaza con destruirlo todo, se ve obligado a luchar codo a codo con la única mujer capaz de acelerar su frío corazón.
Entre batallas sangrientas contra dioses olvidados, traiciones de la Inquisición humana y secretos ocultos bajo el mar, una atracción peligrosa e inevitable florece entre la fiera y el vampiro.
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Pactos en la penumbra.
Capítulo 7: Pactos en la Penumbra.
La guardia de Garra de Hierro irrumpió en la taberna destrozada con las hachas en alto, pero Lycan usó su autoridad como un antiguo alfa respetado para abrirse paso entre la confusión. Antes de que los guardias pudieran hacer preguntas incómodas sobre el fuego carmesí de Selene, la familia logró desaparecer entre las callejuelas oscuras de la ciudad fortificada.
Se refugiaron en una vieja forja abandonada en los límites del distrito bajo. El olor a carbón frío y hierro herrumbroso ahogaba temporalmente el rastro de su sangre.
Elena yacía sobre un montón de pieles de oso, respirando con más estabilidad, pero sus ojos reflejaban una profunda angustia.
—Lo sentiste, ¿verdad, Selene? —murmuró Elena, llamando a su hija a su lado mientras Lycan vigilaba la entrada.
Selene se cruzó de brazos, apoyándose contra un yunque gastado. Mantenía la mirada fija en el suelo, pero la sensación del frío de la espada de Valerius y sus palabras aún le quemaban la piel.
—Ese chico... Valerius... no pelea como los soldados de tu padre —admitió Selene en voz baja—. Su magia es diferente. Y tuvo la oportunidad de matarme dos veces, pero no lo hizo.
—Porque no busca tu muerte, Selene. Busca tu poder —intervino Lycan desde la sombra de la puerta, con la voz cargada de celos y preocupación paternal—. Los vampiros de la alta cuna no dan nada gratis. Te está manipulando para que dudes de nosotros.
—¡No estoy dudando! —protestó Selene, con las pupilas doradas encendiéndose momentáneamente—. Pero él dijo la verdad en algo: no puedo seguir escondiendo la mitad de lo que soy. Cada vez que uso el fuego de sangre, siento que mi cuerpo va a estallar porque no sé cómo equilibrarlo con la fuerza de lobo.
Elena tomó la mano de su hija. La piel de la princesa vampiro estaba helada, pero su agarre era firme.
—Valerius pertenece a la Casa de las Sombras —explicó Elena—. Su linaje domina el arte del control absoluto de la energía ancestral. Si él está aquí sin el ejército del Rey, significa que está jugando su propio juego. Él también quiere cambiar el orden de las cosas.
Un golpe seco en la ventana superior de la forja hizo que los tres se pusieran en guardia al instante.
No hubo ruido de combate ni olor a azufre. Solo una nota envuelta alrededor de una rosa negra que cayó al suelo de tierra, justo a los pies de Selene.
Selene la recogió rápidamente antes de que su padre pudiera quitársela. La caligrafía en el papel era elegante y precisa:
“Si quieres aprender a dominar la tormenta que llevas dentro antes de que los siete generales destruyan esta ciudad, ven sola a los acantilados de la Luna Muerta al medianoche. Prometo no llevar armas. Solo tú y yo.”
—Es una trampa —sentenció Lycan de inmediato, enseñando los colmillos—. No irás.
Selene miró a su madre, que no dijo nada, pero sus ojos tristes entendían perfectamente la encrucijada. Luego, miró la rosa negra entre sus manos. La adrenalina de la batalla anterior y la curiosidad por descubrir el verdadero alcance de sus poderes eran más fuertes que cualquier advertencia.
—Iré —dijo Selene con determinación—. Si es una trampa, descubrirá lo amargo que sabe mi fuego. Si es verdad... aprenderé a destruirlos a todos.