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BAJO LA PIEL DEL DESEO

BAJO LA PIEL DEL DESEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa

Lidia Ashcroft es una mujer hermosa e inteligente, el tipo de mujer que despierta miradas donde vaya. Está comprometida con Adrián Calloway, dueño de una pequeña agencia de viajes que lucha por abrirse camino en el mercado. A pocos meses de la boda, Lidia cree que por fin está construyendo el futuro que siempre soñó.

Sin embargo, su mundo se derrumba cuando descubre que Adrián le ha sido infiel. Traicionada y con el corazón hecho pedazos, comienza a cuestionarse si el amor que defendió durante años fue solo una mentira.

En medio de su dolor aparece Damián Blackwood, un poderoso y enigmático CEO de tecnología, fundador de NovaCore Technologies, una de las empresas más innovadoras del país.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 7

Antes de que saliera de la sala, Damián la llamó de vuelta con un gesto de la mano, su voz firme y directa, sin dejar espacio a dudas.

—Lidia, espera. Quiero dejar algo claro antes de que empieces. Te he elegido a ti por encima de otros candidatos con más experiencia y mejores referencias en el sector. No voy a ocultarlo. Pero eso también significa que mis exigencias contigo serán mayores. ¿Entiendes por qué?

Ella se detuvo, enderezándose por completo, y lo miró a los ojos con firmeza, sin dejarse intimidar por su tono.

—Porque quieres demostrarme que no me diste el puesto por lástima ni por favor —respondió con claridad—. Y porque esperas que esté a la altura, aunque no tenga la experiencia que tienen los demás.

—Exacto —asintió él, dando un paso hacia ella, con la mirada seria y penetrante—. En NovaCore no admito errores que se puedan evitar. Todo debe hacerse a mi manera, con mi criterio, con la precisión que exijo. No acepto excusas, no acepto “casi bien”. Si algo no está perfecto, no está bien hecho. ¿Crees que puedes con eso?

Lidia apretó las manos a los costados, sintiendo el peso de sus palabras, pero también la necesidad de demostrarle que no se equivocaba al elegirla.

—Sé que tengo mucho que aprender —dijo con voz segura—. Pero aprendo rápido, trabajo más duro que nadie, y no me rindo ante las dificultades. Si me das las pautas, si me dices cómo quieres cada cosa, lo haré exactamente como tú lo pidas. No te defraudaré.

—Eso espero —respondió él, sin suavizar el tono, aunque sus ojos suavizaron un poco la dureza del mensaje—. Porque si fallas, no solo te perjudicarás a ti misma. Me perjudicarás a mí, por haberte elegido. Y eso no lo permitiré. Queda claro: bajo mi mando, no hay segundas oportunidades por negligencia. Solo por esfuerzo.

—Queda clarísimo —afirmó ella, sosteniéndole la mirada—. No te pediré clemencia si cometo un error. Pero si lo hago, será por no saber, no por no querer hacerlo bien. Y en ese caso, aprenderé de él y no lo repetiré.

Damián asintió, satisfecho con su respuesta, y señaló la puerta con un gesto definitivo.

—Bien. Ve con la jefa de Recursos Humanos. Te dará tu horario, tus tareas y el acceso a la oficina. Empiezas hoy mismo. Y Lidia…

Ella se giró en el umbral, con el corazón latiéndole con fuerza, consciente de que aceptar aquel reto significaba también algo más: estar cerca de él cada día, verlo, hablarle, sentir esa atracción que no conseguía alejar de su mente. Era una tentación constante, peligrosa y adictiva, pero no podía negarse a sí misma que quería estar ahí.

—¿Sí? —preguntó ella, con la voz apenas un susurro.

—Mantén la cabeza fría —le dijo él, con una mirada que le recorría entera—. El trabajo primero. Todo lo demás… puede esperar. ¿De acuerdo?

—De acuerdo —respondió ella, aunque sabía que cumplirlo sería mucho más difícil de lo que decía.

Salió de la sala con paso firme, pero por dentro sentía que acababa de entrar en un territorio nuevo, donde el peligro y el deseo iban de la mano. Aceptaba el reto, sí, pero también aceptaba algo más: la cercanía diaria de un hombre que la hacía sentir cosas que no estaba segura de poder controlar. Y mientras caminaba hacia su nuevo puesto, supo que aquello era solo el comienzo de algo mucho más grande y mucho más arriesgado.

Lidia se detuvo un instante antes de cruzar el umbral, y se giró hacia él, con la mirada firme aunque la voz le salió con un matiz de sinceridad que no pudo evitar.

—¿Sabes? —dijo, bajando levemente el tono—. Me estás poniendo una presión enorme. Y aun así… no quiero rechazarla. Quiero demostrarte que no te equivocaste.

Damián la observó, con esa calma que parecía envolverlo todo, y sus ojos se suavizaron apenas, como si sus palabras le hubieran llegado más de lo que dejaba ver.

—No te pido que seas perfecta, Lidia —le dijo, despacio—. Te pido que seas tú. Que pongas todo de ti en cada cosa que hagas. Si lo haces, no importa si te equivocas al principio: lo corregiremos. Pero nunca, nunca hagas las cosas a medias. No lo soportaría.

—Nunca hago las cosas a medias —respondió ella, con un rastro de orgullo en la voz—. Ni siquiera cuando me rompen el corazón. Eso no cambiará aquí.

—Lo sé —asintió él, con una media sonrisa breve y cargada de significado—. Por eso te elegí. Porque vi en ti algo que no se puede enseñar. Algo que los títulos y la experiencia no pueden comprar.

Lidia sintió que el corazón se le aceleraba, y tuvo que apartar la vista un momento para recomponerse.

—Me halagas, Damián. Y a la vez me asustas. Estar cerca de ti… es una tentación de la que no sé si seré capaz de mantenerme alejada. Y eso antes de empezar siquiera.

—No tienes por qué alejarte —dijo él, con voz grave y segura—. Solo tienes que mantener el equilibrio. Yo haré lo mismo. Y si en algún momento sientes que se te va de las manos… me lo dices. Y lo solucionamos. ¿Trato hecho?

—Trato hecho —respondió ella, y por primera vez en mucho tiempo, sonrió con naturalidad, sin peso en el pecho—. Nos vemos dentro.

—Dentro —repitió él, y ella salió de la sala sabiendo que, pase lo que pase, cada día a su lado sería un reto… y una tentación que ya no tenía sentido negar.

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