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Me Enamoré De Su Dolor

Me Enamoré De Su Dolor

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Denmet es una joven soñadora que estudia gastronomía y lucha por construir un futuro lejos de las dificultades de su pasado. Cuando una oportunidad laboral la lleva a trabajar a la imponente mansión Kivilcim, jamás imagina que aquel empleo cambiará su vida para siempre.
En aquella casa vive Güner Kivilcim, un hombre atractivo, poderoso y profundamente solitario. Desde la muerte de su esposa, Fraize, Güner se ha convertido en un hombre frío y distante. Convencido de que fue traicionado por la mujer que amaba, decidió cerrar su corazón y dedicar toda su existencia al imperio empresarial de su familia.
Pero detrás de la aparente muerte accidental de Fraize se esconde una historia mucho más oscura.
Cuando Denmet llega a la mansión para trabajar en la cocina, su dulzura, sinceridad y carácter comienzan lentamente a derribar las murallas que Güner ha construido alrededor de su corazón.
Lo que ninguno de los dos imagina es que enamorarse será apenas el comienzo...

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 18

El apartamento de Leyla estaba abierto.

Denmet llegó primero.

—Mamá.

No obtuvo respuesta.

Entró.

—¿Mamá?

Güner la siguió.

El lugar estaba completamente silencioso.

Demasiado.

Denmet recorrió rápidamente la sala.

—Mamá.

Su bolso estaba sobre el sofá.

Las llaves sobre la mesa.

Pero Leyla no estaba.

Denmet comenzó a sentir miedo.

—Esto no es normal.

Güner revisó las habitaciones.

—Leyla.

Nada.

De pronto, Denmet encontró algo sobre la mesa.

Un teléfono.

—Güner.

Él se acercó.

Denmet levantó el aparato.

—Este no es el teléfono de mi madre.

La pantalla estaba encendida.

Había un mensaje.

Denmet lo abrió.

Su rostro perdió el color.

—¿Qué dice?

Ella le mostró el teléfono.

"SI QUIERES VOLVER A VER A TU MADRE, VEN SOLA."

Güner apretó los puños.

—Murat.

Denmet comenzó a respirar rápidamente.

—¿Qué significa esto?

—Significa que debemos llamar a la policía.

—No.

Güner la miró.

—Denmet.

—Dijo que fuera sola.

—Precisamente por eso no puedes hacerlo.

—¡Es mi madre!

—Y es una trampa.

Denmet lo miró con lágrimas en los ojos.

—¿Qué harías tú si fuera Emre?

Güner guardó silencio.

Ella se acercó.

—¿Qué harías?

La respuesta estaba en su rostro.

Güner cerró los ojos.

—Iría.

—Entonces no me pidas que no lo haga.

Güner tomó su teléfono.

—No vamos a dejar que Murat decida las reglas.

Denmet se acercó.

—No quiero perderla.

Él la miró.

Su voz se volvió suave.

—No la vas a perder.

Denmet negó con la cabeza.

—No puedes prometerme eso.

Güner recordó sus propias palabras.

Te prometo que nadie te hará daño.

Y ahora comprendía que las promesas podían convertirse en un peso insoportable.

—No —dijo finalmente—. No puedo.

Denmet lo observó sorprendida.

—Pero voy a hacer todo lo posible para traerla de vuelta.

Ella sostuvo su mirada.

Por un instante, volvió a sentir que podía confiar en él.

Mientras tanto, Leyla estaba encerrada en una habitación desconocida.

Sus manos no estaban atadas.

Pero una puerta cerrada la separaba del mundo.

Murat entró.

—¿Dónde está mi hija?

—Pronto sabrá que estás aquí.

—Déjala fuera de esto.

Murat se sentó frente a ella.

—Todo sería más sencillo si dijeras la verdad.

—Ya te dije que su padre está muerto.

—¿Quién era?

Leyla guardó silencio.

Murat se inclinó hacia ella.

—No puedo entenderlo.

—¿Qué cosa?

—¿Por qué sigues protegiéndolo?

Leyla comenzó a llorar.

—Porque prometí hacerlo.

—¿A quién?

—A mí misma.

Murat sonrió.

—Qué noble.

—No entiendes.

—Explícame.

Leyla levantó la mirada.

—Si Denmet descubre quién fue su padre, su vida cambiará.

—Eso es inevitable.

—No.

—Leyla.

Murat se puso de pie.

—No puedes protegerla para siempre.

La mujer cerró los ojos.

—Solo necesito un poco más de tiempo.

Murat se acercó a la puerta.

—No tienes tiempo.

Antes de salir, se detuvo.

—Por cierto...

Leyla levantó la mirada.

—¿Qué?

—Fraize despertó.

El rostro de Leyla perdió el color.

—¿Qué dijiste?

Murat sonrió.

—Sí.

—¿Ella habló?

—No lo sé.

—Murat, dime.

—¿Por qué?

Leyla comenzó a temblar.

—Porque ella sabe.

Murat se giró lentamente.

—¿Sabe qué?

Leyla se dio cuenta demasiado tarde.

Había cometido un error.

Murat sonrió.

—Interesante.

La puerta se cerró.

Leyla quedó sola.

Y por primera vez en muchos años...

Comprendió que no podía seguir ocultando el secreto.

En el hospital, Fraize abrió lentamente los ojos.

La habitación estaba en silencio.

Una enfermera dormía en una silla cercana.

Fraize movió ligeramente la mano.

El dolor en su hombro seguía siendo intenso.

Pero había recuperado la conciencia.

Miró hacia la puerta.

Necesitaba hablar con alguien.

Necesitaba advertirle.

—Enfermera.

La mujer despertó inmediatamente.

—Señora Kivilcim.

Fraize respiró con dificultad.

—Necesito un teléfono.

—Debe descansar.

—Es urgente.

—No debería...

—¡Por favor!

La enfermera dudó.

Finalmente le entregó un teléfono.

Fraize marcó un número que conocía de memoria.

Esperó.

Una vez.

Dos veces.

Finalmente, alguien respondió.

—¿Sí?

Fraize cerró los ojos.

—Escúchame.

—¿Quién es?

—No hay tiempo.

La voz al otro lado permaneció en silencio.

—Murat volvió.

—¿Qué?

—Y creo que tiene a Leyla.

La persona al otro lado respiró con dificultad.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque Leyla nunca habría desaparecido por voluntad propia.

—¿Qué hacemos?

Fraize miró hacia la ventana.

—Tenemos que encontrarla.

—¿Y Denmet?

Fraize cerró los ojos.

—No puede descubrir la verdad todavía.

—¿Por qué?

Fraize guardó silencio.

—Fraize.

La mujer respiró profundamente.

—Porque si Denmet descubre quién fue su padre...

Una lágrima recorrió su rostro.

—Güner podría perderla para siempre.

La llamada terminó.

Fraize dejó caer el teléfono.

Su expresión era de profunda tristeza.

Denmet y Güner habían regresado a la mansión.

Kerem ya había llamado a la policía.

Pero Denmet no podía quedarse quieta.

—Quiero ir a buscarla.

Güner se encontraba frente a ella.

—Lo sé.

—Entonces vayamos.

—La policía está trabajando.

—Mi madre está desaparecida.

—Y la encontraremos.

Denmet negó con la cabeza.

—No puedo esperar.

Güner se acercó.

—Denmet.

Ella levantó la mirada.

—¿Qué?

—Confía en mí.

Aquellas palabras hicieron que el corazón de Denmet se acelerara.

Confiar.

Eso era lo que más deseaba.

Y al mismo tiempo, lo que más difícil resultaba.

—Quiero hacerlo.

Güner la miró en silencio.

—Pero tienes que dejar de mentirme.

Él no respondió.

Denmet sonrió con tristeza.

—¿Ves?

Güner bajó la mirada.

En ese momento, el teléfono de Kerem comenzó a sonar.

Contestó.

Su rostro cambió.

—¿Dónde?

Todos se giraron hacia él.

Kerem escuchó durante unos segundos.

Después colgó.

—Encontraron algo.

Denmet se acercó inmediatamente.

—¿Mi madre?

Kerem miró a Güner.

—No.

—Entonces, ¿qué?

—Encontraron el automóvil de Murat.

Denmet sintió esperanza.

—¿Dónde?

Kerem respiró profundamente.

—Abandonado.

El silencio fue inmediato.

—¿Y Murat?

—No está.

Denmet comenzó a temblar.

Güner la sostuvo.

—¿Qué más encontraron? —preguntó.

Kerem dudó.

—Sangre.

El mundo de Denmet se detuvo.

—¿De quién?

Kerem no respondió.

Denmet miró a Güner.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—¿Es de mi madre?

Nadie tenía una respuesta.

Y aquella incertidumbre fue peor que cualquier verdad.

Pero mientras Denmet comenzaba a derrumbarse en los brazos de Güner, en un lugar desconocido, Leyla estaba sentada frente a una mesa.

Murat había regresado.

Y había colocado una fotografía frente a ella.

La imagen mostraba a un hombre joven.

Leyla comenzó a llorar.

—No.

Murat se sentó frente a ella.

—Dime su nombre.

Leyla negó con la cabeza.

—No.

—Entonces lo diré yo.

Murat acercó la fotografía.

—El padre de Denmet fue...

La puerta se abrió violentamente.

Una figura entró en la habitación.

Murat se puso de pie.

Leyla abrió los ojos.

—¡Tú!

La figura permaneció en silencio.

Murat sonrió lentamente.

—Justo a tiempo.

La persona miró a Leyla.

Y pronunció unas palabras que cambiaron todo.

—Tenemos que hablar de Denmet.

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