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LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

LA GORDITA QUE ENAMORÓ AL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Grandes Curvas / Mafia / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.

Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.

Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.

Pero Valentina es diferente.

Ella no se deja intimidar.

No intenta conquistarlo.

No acepta sus órdenes sin discutir.

Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.

Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.

Damián juró que jamás se enamoraría.

Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

la mujer del vestido rojo

Valentina permaneció sentada sobre la cama, mirando el teléfono.

“Tu familia está relacionada con Damián desde mucho antes de que tú lo conocieras.”

No podía ser verdad.

Su familia jamás había tenido relación con la mafia.

O al menos eso era lo que ella creía.

Tomó el teléfono y escribió:

—¿Cómo está relacionada mi familia con él?

La respuesta no llegó.

Esperó un minuto.

Después cinco.

Nada.

—Cobarde —murmuró.

Dejó el teléfono sobre la cama y se levantó.

Necesitaba respuestas.

Y había una persona que quizá podía dárselas.

Damián.

Salió de la habitación y caminó por el pasillo. Cuando llegó frente a su despacho, levantó la mano para tocar, pero escuchó voces.

Se detuvo.

—No puedes seguir haciendo esto, Isabella.

Era Damián.

—¿Haciendo qué? —respondió ella.

—Aparecer aquí cada vez que se te ocurre.

—Solo vine a verte.

—Ya te dije que entre nosotros terminó.

Valentina sintió una incomodidad extraña.

No debería estar escuchando.

Pero tampoco podía marcharse.

—¿Y ella? —preguntó Isabella.

Silencio.

—¿Qué pasa con ella?

—La nueva empleada.

—Valentina.

—Sí. Ella.

La voz de Isabella cambió.

—Te estás encariñando con ella.

Valentina abrió los ojos.

—No digas tonterías.

—Te conozco, Damián.

—No me conoces.

—Te conozco mejor que nadie.

Valentina dio un paso atrás.

No quería seguir escuchando.

Se giró para marcharse, pero chocó con una mesa pequeña.

El ruido hizo que las voces se callaran.

La puerta se abrió.

Damián apareció.

Sus ojos encontraron los de Valentina.

—¿Qué haces aquí?

—Yo...

Isabella salió detrás de él.

Al verla, sonrió.

—Qué sorpresa.

Valentina ignoró el comentario.

—Necesito hablar contigo.

Damián la observó.

—Entra.

Valentina entró.

Isabella se quedó en la puerta.

—Yo también quiero hablar contigo.

Damián la miró.

—Mañana.

—Damián...

—Mañana, Isabella.

Ella apretó los labios.

—Está bien.

Antes de marcharse, miró a Valentina.

—Disfruta mientras puedas.

La puerta se cerró.

Valentina se quedó frente a Damián.

—¿Qué quería?

—No importa.

—Para mí sí.

Damián suspiró.

—¿Por qué?

Valentina tomó aire.

—Recibí otro mensaje.

La expresión de Damián cambió.

—¿Qué decía?

Ella le mostró el teléfono.

Damián leyó el mensaje.

Su rostro se volvió completamente serio.

—¿Quién te lo envió?

—No lo sé.

—¿Te ha enviado más?

—Sí.

—¿Por qué no me los enseñaste todos?

—Porque quería descubrir la verdad por mi cuenta.

Damián levantó la mirada.

—¿Qué verdad?

Valentina tragó saliva.

—Dice que mi familia está relacionada contigo.

Damián permaneció inmóvil.

Demasiado inmóvil.

Valentina lo notó.

—Tú sabes algo.

—No.

—Damián.

—No sé nada.

—¡Estás mintiendo!

Él apretó la mandíbula.

—Valentina, déjalo.

—No.

Ella dio un paso hacia él.

—Quiero saber la verdad.

—No es el momento.

—¿Entonces cuándo será?

Damián guardó silencio.

Valentina sintió que la frustración aumentaba.

—Desde que llegué aquí todo ha sido una mentira.

—Nunca te mentí.

—No me dijiste toda la verdad.

—Porque quería protegerte.

—¡No necesito que me protejas de la verdad!

Damián la miró fijamente.

—Hay cosas que es mejor no saber.

—Eso lo decides tú.

Ella se dio la vuelta.

—Valentina.

Se detuvo.

—¿Qué?

Damián tardó unos segundos en responder.

—Tu padre conocía a mi padre.

Valentina sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué?

—Eso es todo lo que puedo decirte.

—¿Mi padre conocía a tu padre?

—Sí.

—¿Cómo?

Damián apartó la mirada.

—Hace muchos años.

Valentina sintió un nudo en la garganta.

Su padre había muerto cuando ella era pequeña.

Nunca le había hablado de ningún Ferrer.

—¿Por qué nunca me lo dijeron?

—No lo sé.

—¿Y tú cómo lo sabes?

Damián no respondió.

Valentina comprendió que había mucho más.

—Voy a descubrirlo.

—Valentina...

—Con o sin tu ayuda.

Salió del despacho.

Damián permaneció inmóvil.

Sabía que tarde o temprano ella descubriría la verdad.

Pero todavía no estaba preparado para contarle todo.

A la mañana siguiente, Valentina bajó al comedor.

No había terminado de sentarse cuando escuchó una voz conocida.

—Buenos días.

Isabella.

Valentina levantó la mirada.

—Buenos días.

Isabella tomó asiento frente a ella.

—¿Damián está aquí?

—No.

—Qué lástima.

Valentina siguió desayunando.

Isabella la observó.

—¿Ya te contó sobre nuestras familias?

Valentina dejó el tenedor.

—¿Qué sabes tú?

Isabella sonrió.

—Mucho.

—Entonces habla.

—No aquí.

—¿Por qué?

Isabella miró alrededor.

—Porque hay demasiadas personas escuchando.

Valentina se levantó.

—Vamos.

Isabella la llevó hasta una pequeña sala.

Cerró la puerta.

—Tu padre trabajó para la familia Ferrer.

Valentina sintió un escalofrío.

—¿Qué?

—Hace muchos años.

—Eso no es cierto.

—Pregúntale a Damián.

—¿Qué hacía?

Isabella se acercó.

—Protegía a su padre.

Valentina negó con la cabeza.

—Mi padre era un hombre normal.

—Eso es lo que te hicieron creer.

—¿Qué estás insinuando?

Isabella sonrió.

—Que quizá nunca conociste realmente a tu padre.

Valentina sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—No vuelvas a hablar de él.

—Solo estoy diciéndote la verdad.

—Tú no quieres decirme la verdad. Quieres hacerme daño.

Isabella se quedó callada.

Valentina abrió la puerta.

—Y no voy a dejar que lo hagas.

Pero antes de que pudiera salir, Isabella dijo:

—Damián mató al hombre que intentó destruir a su familia.

Valentina se detuvo.

—¿Quién?

Isabella respondió con una sonrisa fría.

—Tu padre.

Valentina se quedó paralizada.

—Estás mintiendo.

—Pregúntale.

Valentina salió corriendo.

Encontró a Damián en el jardín.

—¿Mataste a mi padre?

Él se giró.

La expresión de su rostro cambió al verla.

—¿Quién te dijo eso?

—¡Respóndeme!

Damián se acercó.

—Valentina...

—¿Lo mataste?

Él guardó silencio.

Valentina sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

—Necesito saberlo.

Damián bajó la mirada.

—No.

Ella respiró temblorosamente.

—¿No?

—Yo no maté a tu padre.

Valentina cerró los ojos.

—Entonces dime qué pasó.

Damián se acercó lentamente.

—Tu padre murió durante una guerra.

—¿Una guerra?

—Sí.

—¿Y tú estabas allí?

—Sí.

—¿Lo viste morir?

Damián apretó los puños.

—Sí.

Valentina sintió que las piernas le fallaban.

—¿Por qué nunca me lo contaste?

—Porque eras demasiado joven.

—¡Ya no soy una niña!

—Lo sé.

Damián la miró a los ojos.

—Y por eso tengo miedo de lo que pueda ocurrir cuando conozcas toda la verdad.

Valentina no respondió.

Damián levantó una mano y limpió una lágrima de su rostro.

Ella no se apartó.

Por unos segundos, ninguno dijo nada.

Hasta que una voz interrumpió el momento.

—Damián.

Ambos se separaron.

Isabella estaba detrás de ellos.

Llevaba un elegante vestido rojo.

Su mirada se clavó en Valentina.

—Tenemos que hablar.

Damián endureció el rostro.

—No ahora.

—Es importante.

—Dije que no.

Isabella sonrió.

—Entonces supongo que tendré que contarle a Valentina lo que pasó aquella noche.

Damián palideció.

Valentina lo miró.

—¿Qué noche?

Isabella sonrió.

—La noche en que murió tu padre.

Damián dio un paso hacia Isabella.

—No te atrevas.

Pero Isabella no retrocedió.

—Ahora sí voy a contarle toda la verdad.

Valentina sintió que el corazón comenzaba a latir con fuerza.

Había algo en aquella mirada de Damián.

Algo parecido al miedo.

Y por primera vez comprendió que quizá el hombre más peligroso de la ciudad también tenía algo que perder.

Ella.

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