Él es el hijo del hombre que destruyó a mi familia.
Yo soy la mentira que duerme en su cama.
Entré a BlackStone Corp para vengarme.
No para enamorarme de *Adrian BlackStone*.
Pero él me dio su chaqueta cuando tuve frío.
Me salvó la vida hace 15 años y no se acuerda.
Y ahora me mira como si fuera *Luna* la única mujer del mundo.
El problema:
Si descubre quién soy, me va a odiar para siempre.
Y si no lo hago... traiciono a mi padre.
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Las mentiras que salvan, al menos hoy.
Luna optó por no decir nada. Al menos hoy.
Hoy Adrian cumplía 30. Hoy casi lo perdía en las escaleras.
Hoy me eligió.
No iba a arruinarlo con la verdad completa.
"¿Estás segura que no quieres que vaya a buscarte hielo?" preguntó Adrian, sirviéndome agua.
"Nada de hielo. Ya se me está desinflamando" mentí, moviendo el pie. Aún dolía, pero podía aguantarlo.
Él asintió y se dejó caer a mi lado en la cama. No tan cerca. Pero lo suficiente para que sintiera su calor.
En la mansión la fiesta seguía. Música bajita. Risas. Copas.
En su habitación, solo nosotros dos y la lluvia.
--- EN EL SALÓN DE LA MANSIÓN---
"¿Dónde está Adrian?"
Camila Montenegro no se callaba. Vestido dorado, copa en mano, sonrisa perfecta. Pero los ojos... los ojos buscaban.
"Se sintió mal" explicó Victor, muy tranquilo. "Algo que comió. Nada grave. Está descansando en su habitación."
"¿Solo?" preguntó Camila, inocente.
"Con su asistente" contestó la señora BlackStone. "La señorita Giraldi. Fue muy amable de su parte ayudarlo."
Camila apretó la copa.
"Claro. La asistente."
En su cabeza ya estaba armando 10 escenarios.
Ninguno le gustaba.
--- HABITACIÓN DE ADRIAN ---
"¿Quién es Camila?" pregunté sin querer.
Adrian se rió. Cansado.
"La hija del socio de mi padre. Vamos a las mismas cenas desde los 8 años. Su papá y el mío quieren casarnos desde hace 15."
Se me hizo un nudo en el estómago.
"¿Y?"
"¿Y qué?" me miró.
"¿Y tú qué?"
Adrian negó. Se recostó y me miró al techo.
"No. Nunca. Camila es... Camila. Ruido. Protocolo. Fotos para revistas. Nada más."
Se giró hacia mí.
"Tú eres silencio. Eres real. Eres... tú."
Otra vez ese "tú" que me desarmaba.
Me contó anécdotas. De niño. De cuando rompió el jarrón de su abuela y le echó la culpa al perro.
De cuando se escapó de la academia militar a los 17.
De cuando su padre lo obligó a firmar su primer contrato a los 21.
Yo le conté mentiras.
Que mi tía hacía el mejor arroz del sur.
Que reprobé matemáticas dos veces.
Que le tenía miedo a los perros grandes.
Nada de François. Nada del río. Nada de la cárcel.
Solo Luna Giraldi, la chica normal que él quería creer que era.
Y él me creyó. Porque quería creerme.
*--- TOC ---*
Otra vez. Más suave.
"Adrian ¿estás ahí? Soy yo" Camila.
"Traje las pastillas que te manda tu mamá. Para la digestión."
Adrian puso los ojos en blanco.
"No voy a abrir."
"¿Y la chica? ¿Puedo saludarla? Solo 2 minutos."
Adrian me miró. Preguntándome con los ojos.
Negué con la cabeza. Pequeño.
"Vete, Camila" dijo fuerte. "Gracias por las pastillas. Déjalas con seguridad."
Se escuchó un suspiro largo. Y pasos alejándose.
Pero no se fue. Se quedó parada afuera. 5 minutos. 10.
"Está esperando" susurré.
"Que espere" contestó Adrian. Y me tomó la mano otra vez.
"Hoy es mi cumpleaños. Y yo decido con quién lo paso."
--- 1:00 AM ---
La mansión se vació.
Victor llamo una vez.
"¿Estás bien, hijo?"
"Estoy bien, padre. Me voy a dormir."
"Bien. Buenas noches."
Adrian se levantó. Apagó las luces. Solo quedó la luz de la ciudad entrando por el ventanal.
"¿Te ayudo a ir al baño?" preguntó.
"Me las arreglo" dije, apoyándome en él para pararme. Cojeando.
Me dejó en el baño y esperó afuera.
Cuando salí, ya había acomodado almohadas en el sillón.
"Yo duermo aquí" dijo.
"Es tu cama" contesté.
"Y es tu tobillo el hinchado. Tú en la cama. Yo aquí."
No discutí. Me dolía demasiado.
Me acosté. Él se tiró en el sillón.
Silencio.
"Luna" susurró en la oscuridad.
"¿Qué?"
"Gracias por no irte hoy."
"Gracias por quedarte" susurré yo.
Ninguno dijo "te quiero".
Ninguno dijo "te necesito".
Pero los dos lo pensamos.
--- AFUERA DE LA PUERTA ---
Camila seguía ahí. Pegada a la puerta.
Escuchó las voces bajas. Las risas bajitas.
Y sacó el celular.
Le mandó un mensaje a Victor:
_"Creo que deberías venir. Tu hijo no está solo."_
Sonrió.
Si no podía tener a Adrian... nadie lo tendría.