Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 7: La heredera perdida
El silencio se apoderó de la oficina.
Emma observaba el documento quemado sin comprender por qué Adrián había cambiado por completo su expresión.
—¿Qué pasa? —preguntó con cautela.
Adrián seguía mirando la hoja.
"Padres biológicos: Familia... V..."
Miles de pensamientos cruzaban su mente.
¿Y si no era una coincidencia?
¿Y si Emma... o mejor dicho, Emilia... pertenecía realmente a su familia?
Viktor rompió el silencio.
—Señor, todavía no podemos asegurarlo.
Solo sobrevivieron esas letras.
Podría ser cualquier apellido.
Adrián respiró profundamente.
—Tenés razón.
No voy a sacar conclusiones antes de tiempo.
Emma dio un paso hacia ellos.
—¿Alguien puede explicarme qué está pasando?
Los dos hombres la miraron.
Ella tenía los ojos llenos de angustia.
—Toda mi vida creí que era Emma Rossi.
Ahora descubro que tal vez me llamo Emilia.
Que fui adoptada.
Que alguien me persigue.
Y que mis padres desaparecieron.
Necesito respuestas.
Adrián caminó hasta quedar frente a ella.
—Y las vas a tener.
Pero antes necesito mantenerte con vida.
A la mañana siguiente...
La noticia del ataque comenzó a aparecer en todos los canales.
"Intento de asalto en el centro de la ciudad."
"Ningún herido."
"Ningún sospechoso detenido."
Los medios hablaban de un simple robo.
Pero Adrián sabía que era una mentira.
Alguien estaba cubriendo a los responsables.
Mientras desayunaban en la residencia Volkov, Emma apagó el televisor.
—Están ocultando la verdad.
—Sí.
—¿Eso también tiene que ver conmigo?
Adrián asintió lentamente.
—Cada vez estoy más seguro.
Emma bajó la mirada.
Jamás imaginó que su vida pudiera esconder tantos secretos.
En otra parte de la ciudad...
Damián entró en una habitación custodiada por dos hombres armados.
Dentro estaban los padres adoptivos de Emma.
Atados a dos sillas.
La mujer tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Por favor... nuestra hija no hizo nada.
Damián permaneció en silencio.
Se acercó al hombre.
—¿Dónde está el medallón?
El padre adoptivo negó con la cabeza.
—No sé de qué habla.
Damián suspiró.
—Todavía siguen intentando protegerla.
—Lo prometimos.
—¿A quién?
Silencio.
El anciano apareció detrás de Damián.
—Creo que necesitan recordar las consecuencias de romper un juramento.
El padre levantó la cabeza con valentía.
—Aunque nos maten...
Nunca les diremos dónde está.
El anciano sonrió.
—Entonces tendremos que encontrarlo sin su ayuda.
Horas más tarde...
Viktor entró en la oficina con una nueva carpeta.
—Encontré al detective que hizo las copias del expediente hace veinte años.
Adrián se puso de pie de inmediato.
—¿Está vivo?
—Sí.
Vive retirado en un pequeño pueblo.
Aceptó recibirnos.
—Salimos ahora mismo.
Emma dio un paso al frente.
—Voy con ustedes.
Adrián negó.
—Es peligroso.
—Es mi vida de la que están hablando.
Tengo derecho a saber la verdad.
Viktor intervino.
—Si ella se queda sola, también corre peligro.
Adrián la miró durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—De acuerdo.
Pero no te vas a separar de mí ni un segundo.
Emma sonrió levemente.
—Trato hecho.
Tres horas después...
El automóvil llegó a un tranquilo pueblo rodeado de árboles.
La casa del detective era pequeña y antigua.
Un hombre de cabello completamente blanco abrió la puerta.
Al ver a Adrián, su rostro cambió.
—Así que al final viniste...
Adrián frunció el ceño.
—¿Me estaba esperando?
—Desde hace veinte años.
El anciano los hizo pasar.
Sobre una mesa había decenas de carpetas y fotografías.
Emma sintió un escalofrío.
Todas eran imágenes del caso.
El detective tomó una caja metálica.
—Guardé esto porque sabía que algún día alguien vendría a buscar la verdad.
La abrió lentamente.
Dentro había una fotografía perfectamente conservada.
Se la entregó a Adrián.
Él la observó unos segundos.
Después quedó inmóvil.
En la imagen aparecían dos niños.
Uno era él.
No había dudas.
Y la pequeña que sonreía a su lado era