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UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Batalla por el trono / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:69.8k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone ya murió dos veces. La primera, de una bala por la espalda en el Viejo Oeste. La segunda, de vieja y en paz, después de una vida que le costó sangre construir. Y justo cuando creía que por fin iba a descansar, un dios la agarra del cuello del alma y le encaja una tercera: *"Tengo una misión para ti."*

Despierta en el cuerpo de Aurora, princesa heredera e hija del ministro de guerra. Gorda, humillada y recién asesinada por su propio prometido y su hermanastra en una "caída del caballo" que de accidente no tuvo nada. Ahora carga con dos vidas de recuerdos, un cuerpo que odia, una madrastra que la quiere muerta y un castillo donde nadie se baña, todos apestan y el veneno se sirve con una sonrisa.

Aquí no hay revólveres ni abogados. Solo su cabeza, un libro de hierbas y unas ganas feroces de no morirse una tercera vez.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 6: El que arma la trampa primero se sienta a esperar.

El vestido no cerraba.

Ismenia tiraba de los lazos por detrás, con la cara roja del esfuerzo, y el corsé no llegaba a los ganchos de siempre.

—No entiendo, alteza. Es su medida de siempre, la de la primavera pasada, y no… —dio otro tirón, resopló— no cierra por aquí. Ni por aquí.

—Deja de tirar, mujer, que me partes en dos. —Cassidy se miró en el espejo manchado y por primera vez en semanas se detuvo de verdad a mirarse.

La cara seguía siendo redonda. Eso no había cambiado. Pero debajo de la cara había aparecido un cuello, y debajo del cuello una línea que antes no estaba, donde la cintura se hundía antes de abrirse otra vez en las caderas. Las semanas de montar al alba, de caminar hasta que le ardían las piernas, de comer distinto, habían limado a la Aurora blanda y quieta y habían dejado a la vista otra cosa. No una mujer flaca. Cassidy no quería flaca; flaca no aguanta un golpe. Una mujer firme. Con carne donde la carne sirve.

El corsé, al apretar lo que sí cerraba, empujaba el pecho hacia arriba de una manera que hasta a ella la hizo levantar una ceja.

—Ismenia. ¿Eso es mío?

—Siempre fue suyo, alteza. —La dama sonrió, tímida—. Solo que antes se escondía debajo de la tristeza.

Vaya. Como noventa kilos de princesa, esta vez bien repartidos. En la otra vida me maté en gimnasios por una cintura así, y este cuerpo, que empezó siendo un saco de papas, resulta que traía curvas guardadas debajo de años de pan duro y cabeza gacha.

Se giró de lado, se miró el perfil, y algo muy práctico se le encendió detrás de los ojos. No vanidad. Cálculo.

Esto no es solo un espejo bonito. Esto es un arma. Y las armas se usan.

—Suéltalo todo —dijo—. Que respiren estos ganchos. Y a las costureras diles que el vestido del baile lo quiero ajustado. Ajustado de verdad. Nada de esconder.

Ismenia parpadeó.

—Pero alteza, las damas modestas…

—Yo no soy modesta, Ismenia. Soy estratégica. Es distinto. —Cassidy volvió a mirarse—. La diferencia se nota poco de lejos y muchísimo de cerca.

El primero en notarlo fue el que menos le convenía y más le servía.

Esa noche, en la cena, Cassidy sintió los ojos del príncipe antes de verlos. Levantó la vista del plato y ahí estaba él, mirándola por encima de su copa, con una expresión que no le había visto nunca: no el fastidio de siempre, no el desprecio del mueble incómodo. Otra cosa. La miraba como se mira algo que uno creía conocer y descubre distinto.

Cassidy le sostuvo la mirada un segundo, bajó los ojos con recato de doncella, y por dentro sonrió.

Ahí vamos. El mismo que hace un mes me tiró de un caballo por fea y por estorbo, ahora se le van los ojos al escote. Los hombres son tan simples que da tristeza. Sigue mirando, principito. Cava.

Pero no era al príncipe a quien Cassidy vigilaba en esa mesa. Era a la mujer sentada a su lado.

Porque Leonor también había visto la mirada de su amante. Y a Leonor, que llevaba toda la vida siendo la bonita, la deseada, la que se quedaba con los vestidos, con los cuartos y con los hombres, se le fue poniendo la cara de alguien que muerde algo agrio.

—Qué callada estás, hermanita —dijo Cassidy, dulce, cortando su carne—. ¿No tienes hambre?

—Estoy perfectamente. —Leonor apretó los labios—. Aunque no sé qué te dio por comer tan poco últimamente. Antes no dejabas nada en el plato. Te vas a marear.

—Ay, tienes razón. —Cassidy suspiró, con una tristeza tan falsa que a ella misma le dieron ganas de aplaudirse—. Es que una, cuando la van a casar, quiere estar bonita para su prometido. ¿No te parece? Aunque tú de eso no sabes. Como no tienes a nadie.

Fue una aguja fina, metida despacio, en el sitio justo. Y funcionó.

Vio la mano de Leonor cerrarse sobre el mantel. Vio cómo, sin querer, los ojos de la hermanastra volaron hacia el príncipe, un segundo, uno solo, con una mezcla de rabia y de reclamo que dijo más que cualquier confesión. Vio al príncipe fingir que no lo notaba.

Ahí están. Los dos. Amarrados por debajo de la mesa como dos perros con la misma correa. Y ella hirviendo de celos porque su hombre le empezó a mirar a otra, que soy yo. Bien. Un amante celoso es un amante descuidado. Y a mí lo que me hace falta es justo eso: que estos dos se descuiden.

Porque el plan ya estaba entero en su cabeza, y llevaba días girando.

Ese compromiso tenía que romperse. Casada con el príncipe, era cuestión de tiempo que Cassidy amaneciera muerta de algo conveniente. Pero no podía romperlo ella. Una princesa que rechaza a un príncipe queda como loca, como malagradecida, y Ágata se encargaría de que toda la corte lo contara así. Y estaba el rey, que la había mirado como la miró; ofenderlo rompiendo el trato con su hijo era buscarse una tumba.

No. Ella no podía ser la que rompiera nada.

Tenía que romperlo alguien con más peso que Ágata, más autoridad que la corte, y una razón tan limpia que nadie se atreviera a discutirla.

Mi padre. El único hombre con el poder para deshacer esto sin que la culpa me caiga encima. Si el ministro de guerra rompe el compromiso, la corte agacha la cabeza y no chista. Solo tengo que darle un motivo. Uno que no pueda tragarse.

Y el motivo se acostaba, cada tantas noches, en la cama equivocada.

Solo le faltaba una cosa. Una que no se compra en el mercado ni se pide en voz alta.

El herbolario del pueblo era un viejo medio ciego que vivía entre manojos colgados del techo, y al que Cassidy llegó tapada con una capa, sin séquito, con la excusa de comprar menta y manzanilla para los nervios de la princesa.

Compró la menta. Compró la manzanilla. Y mientras el viejo se las envolvía con dedos temblorosos, ella paseó como al descuido entre los frascos, hasta que encontró lo que su libro le había enseñado a buscar.

—¿Y esa flor seca de ahí? —preguntó, con vocecita curiosa—. La rojiza. ¿Para qué sirve?

El viejo entrecerró el ojo bueno.

—Esa no es para una señorita como usted.

—Ay, cuénteme igual, que soy curiosa. —Cassidy sonrió, inocente—. Mi dama dice que hay hierbas para todo. ¿Esa para qué mal es?

—Para ningún mal. —El viejo bajó la voz, entre divertido y receloso—. Le dicen fuego de doncella. Los que la usan la echan en el vino de otro. Calienta la sangre, le quita a uno la vergüenza y las ganas de portarse bien. —Chasqueó la lengua—. Cosa de burdel, no de castillo. Se la sacan a los maridos aburridos y a las esposas que quieren un hijo. Nada más. No mata, pero enloquece un ratito.

—Qué escándalo —dijo Cassidy, tapándose la boca, la viva imagen de la doncella espantada—. Qué cosas venden. Deme un poco de eso también.

El viejo levantó la ceja.

—¿Perdón?

—Para asustar a mi dama con la historia —rió ella, deslizando sobre el mostrador el doble de monedas de lo que valía—. Le va a dar un soponcio cuando le cuente que estas cosas existen. Un puñadito. Para reírnos.

El viejo miró las monedas. Miró a la muchacha bonita de la capa. Y decidió, como decide todo el que tiene hambre, que no era asunto suyo.

Le envolvió el puñadito.

Y ya está. Menta para los dientes, manzanilla para los nervios, y fuego de doncella para el funeral de un compromiso. Un buen día de compras.

De vuelta en el castillo, Cassidy guardó la flor rojiza envuelta en un pañuelo, en el fondo del cofre de su madre muerta, junto al broche que Leonor le había robado y que ella, con paciencia, ya había recuperado. Y se sentó a esperar la única pieza que le faltaba, la que no dependía de ella.

No esperó mucho.

—¡Alteza! —Ismenia entró casi sin aliento, con una noticia que le brillaba en la cara—. ¡El duque! ¡Su padre! Un mensajero se adelantó. Llega mañana, a descansar antes del baile. ¡Estará una semana entera en casa!

Cassidy dejó muy despacio el peine que tenía en la mano.

Por fuera, la cara se le iluminó de la alegría sincera de una hija que extraña a su padre, y era verdad, porque el cariño de Aurora seguía vivo dentro de ella, latiendo por su cuenta.

Por dentro, algo más frío y más viejo hizo la cuenta y sonrió.

Una semana. Mi padre bajo este techo, una semana entera. El fuego de doncella en el fondo del cofre. Dos amantes que ya se descuidan solos de tanto celo.

Se levantó, caminó hasta la ventana, y miró la noche del reino que había venido a poner de cabeza.

Ya tengo todas las piezas sobre la mesa, dios tramposo. El tablero, los tontos y el arma. Ahora solo falta jugarlas en el orden correcto. Y ese orden, por suerte para mí, es lo único que se me da mejor que respirar.

1
Guadalupe Flores
Listisima para la siguiente cassidy. Solo me falta mi soda que ya viene en camino. Y listoooo. Comenzamos
Guadalupe Flores
Solo tengo una duda se va quedar con las concubina las va dejar en el castillo o. Les va resarcir. Y falta saber quien la quiso matar en el castillo
Guadalupe Flores
😭 Fuerte capitulo. Cassidy y las hierbas que leíste tanto. Piensa mujer. Tienes el conocimiento y con la ayuda del Dios que te trajo va vivir.
Sandra Chana
Me encantó. Felicitaciones autora.
Guadalupe Flores
Otra vez error. Muerto el perro se acabó la Rabia.dale cuello
Guadalupe Flores
Y la prueba en la sabana?
Guadalupe Flores
Maldicion es de madrugada y no puedo dejar de leer. Mañana voy a parecer mapache
Guadalupe Flores
De México y sin duda Cassidi se gana toda la novela. He leído un centenar de novelas donde muchas veces gusta más el personaje antagonico secundario etc. Pero a cassidi no la tumba nadie
Guadalupe Flores
Esto está de infartooo
Guadalupe Flores
Inguesuuu. Este misterio está buenísimo. Y si le das lo mismo al Rey para que se vaya apagando 🤣🤣
Guadalupe Flores
Ese. Rey se cree listo pero Cassidi es más que se case y en la noche de bodas le de matarili. Y ella queda como la reina viuda he que tal. Luego después del luto se case con el guapo mayor🤣🤣
Guadalupe Flores
Y el Óscar a la mejor actuación es paraaaa. Cassidyyyy😂😂
Guadalupe Flores
Siii me encanta que hagas una zaga con cassidi. 😂
eljardindeadri
escritora una novela muy bonita de principio a fin. pero al,principio según con Daniel tuvo tres hijos y al final sali que no, y ella se llamaba Aurora por que los hermanos le decían cassydy. me hubiera gustado una historia por casa hermano, pero bueno vamos por la siguiente historia
Luz Angela Castillo Ramirez
😭😭
Sandra Chana
👏👏👏 chapeaux!
Margarita Acuña Cerda
Lo peor es el poder el rey hace lo que quiera ,ahítame este tiempo quien tenga poder hace lo mismo simi miremos al demonio de trump o los narcos 😔😔😔😔😔
Margarita Acuña Cerda
Y por favor hecha a las putizorras también 🤭🤭🤭3
Roxana Gardilcic
eres genial!! un nivela alucinante!!
Margarita Acuña Cerda
Oye autora es muy entretenida la novela me encanta🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
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