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PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo mágico / Completas
Popularitas:6.2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Perséfone renació con un único propósito: corregir el error que destruyó su vida anterior. Pero no esperaba que la misma familia que juró protegerla volviera a condenarla.

Una mentira de Afrodita despierta la furia de Apolo, el dios del sol. Ciego de rabia, la golpea hasta dejarla al borde de la muerte, mientras Zeus y Deméter permanecen en silencio.

Cuando Perséfone cree que volverá a morir, alguien detiene el golpe.

Hades.

El temido dios del inframundo desafía a los olímpicos, descubre la mentira y salva a la mujer que todos abandonaron. Herida y desesperada, Perséfone toma una decisión que cambiará su destino: seguirlo voluntariamente al reino de la muerte.

Allí descubrirá que el monstruo que todos temen puede convertirse en su refugio, mientras ella devuelve flores a su oscuridad y vida a su corazón.

Pero Apolo descubrirá demasiado tarde a quién perdió.

Y esta vez, Perséfone no piensa regresar, porque allí encontró el amor que siempre mereció de verdad.

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Las hierbas y el corazón

A la mañana siguiente —o lo que el reino de las sombras llamaba mañana—, Perséfone ya estaba despierta. No esperó a que él viniera. Salió de su habitación con paso decidido, recorriendo los pasillos de obsidiana, y se dirigió directamente a las profundidades del palacio, donde el aire olía a humedad, musgo y raíces antiguas.

Allí, en los jardines subterráneos que nadie cultivaba desde hacía siglos, encontró lo que buscaba. Plantas que crecían en la oscuridad, raíces de propiedades curativas, flores de pétalos morados que brillaban tenuemente al tocarlas. Conocía cada una de memoria; su madre le había enseñado, su padre le había prohibido usarlas, y Afrodita… Afrodita nunca se había molestado en aprender ni una sola.

Cuando regresó a la sala del trono, Hades estaba allí, sentado, con la cabeza apoyada en una mano, luchando contra el temblor que recorría su cuerpo. Al verla entrar con un manojo de hierbas y raíces, frunció el ceño.

—¿Qué haces? —preguntó con voz ronca—. No pierdas tu tiempo. Nada puede curarme.

—Tú no sabes lo que puedo hacer yo —respondió ella, sin detenerse—. Siéntate. Y déjame intentarlo. Por favor.

Él dudó, pero el dolor era tan grande que asintió lentamente. Ella se acercó, preparó la infusión con cuidado, y cuando se la tendió, él la miró como si fuera veneno.

—No te voy a envenenar —dijo ella suavemente—. Si quisiera hacerte daño, no habría venido.

Hades bebió. El sabor era amargo, intenso, pero minutos después, el ardor en su pecho disminuyó. La tos se calmó. Por primera vez en siglos, pudo respirar sin dolor.

—¿Qué… qué has puesto aquí? —preguntó, sorprendido.

—Raíz de sombra, flor de luna y musgo de río profundo —respondió ella, sentándose frente a él—. No es magia de amor, no es hechizo. Es conocimiento. Algo que aprendí mientras mi hermana se dedicaba a mirarse al espejo.

Pasaron los días y la rutina se convirtió en el hilo invisible que los unía. Cada amanecer gris del Inframundo, Perséfone iba a su lado. Le preparaba bebidas, le ponía cataplasmas en el pecho, le hablaba mientras él descansaba. Le contaba sobre las plantas, sobre el cielo que ya no extrañaba, sobre cómo el sol, cuando quema demasiado, deja de ser vida y se convierte en fuego.

Hades la escuchaba en silencio. Al principio con desconfianza, luego con curiosidad, y finalmente… con algo que se parecía mucho a paz. Nadie le había hablado así. Nadie lo había tratado como a un ser que podía sanar, y no solo como al dios de la muerte que todos temían.

—¿Por qué sigues aquí? —le preguntó una noche, cuando la fiebre ya casi no volvía—. Podrías haberme pedido que te dejara ir a cualquier otro lugar. Lejos de la oscuridad.

Perséfone estaba limpiando las hojas de una planta que acababa de encontrar. Levantó la vista y lo miró a los ojos, sin miedo, sin duda.

—Porque aquí no tengo que fingir —dijo con calma—. Allá arriba, yo era la hermana fea, la sombra de Afrodita, la que nadie miraba. Aquí… aquí me ves. Tú me ves de verdad. Y eso vale más que mil soles brillantes.

Hades bajó la mirada, sintiendo que algo se le removía por dentro, algo que no conocía y que no sabía cómo nombrar.

—Soy el dios de la muerte —murmuró—. No debería sentir nada. No debería… importarme nadie.

—El dolor no te hace menos dios —dijo ella, acercándose un poco más—. Y sentir… sentir no te hace débil.

Una tarde, Perséfone regresó de los jardines y se detuvo en seco. En el suelo, cerca del trono, había algo que no estaba allí antes. Una flor. Pequeña, de pétalos blancos y dorados, que crecía directamente de la piedra fría de obsidiana. Y al lado, otra. Y otra más.

—Están floreciendo —susurró, con los ojos llenos de asombro.

Hades estaba de pie, mirándolas también. Su piel ya no estaba tan pálida. Sus ojos, antes nublados, ahora eran claros, profundos, oscuros y hermosos. La enfermedad se iba, sí… pero algo más estaba creciendo en su lugar.

—Lo haces tú —dijo él, sin apartar la vista de las flores—. Donde tú pisas, la vida brota. Incluso aquí. Incluso en mi reino.

Ella lo miró y sonrió, una sonrisa que iluminó toda la sala, más que cualquier luz del Olimpo.

—No es mi poder, Hades. Es que… donde no hay mentiras, todo florece.

En ese momento, él dio un paso hacia ella. No la tocó, pero su presencia lo llenó todo.

—Nadie me ha cuidado nunca —susurró—. Nadie se ha quedado. Gracias, Perséfone.

Ella sintió que el corazón se le aceleraba, golpeando fuerte contra su pecho. No era miedo. Era algo mucho más grande, mucho más cálido. Algo que empezaba a crecer en su pecho igual que las flores en el suelo de obsidiana.

—No tienes que darme las gracias —respondió ella, con voz suave—. Lo hago porque quiero.

Y en la penumbra del palacio, entre las sombras que ya no daban miedo y las flores que nacían de la nada, ambos supieron que algo había cambiado para siempre. Ella no era una prisionera. Él no era un dios solitario. Y el amor, que según él moría cuando él aparecía… acababa de nacer justo a su lado.

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EspirituCreativo
Gracias lectora
Beatris Avalos
los amó 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Muy linda historia!!! Me encanto…👏👏👏👏
EspirituCreativo: Gracias por tu apoyo 🥰
total 1 replies
Cliente anónimo
Autora repitió el capítulo, aunque la novela está preciosa!!!!!
EspirituCreativo: Horror gracias lo borro
total 1 replies
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