historia de una chica curvy y un cantante que se conocen por casualidad enfrentan prejuicios obstáculos para separarlos pero ellos luchan con todo para estar juntos
(es un cuento corto y reflexivo
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el dolor oculto
Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, revelando la herida que sangraba en silencio.
—Crecí escuchando cómo debía ser, cómo debía verme —continuó, desahogando el peso de años—. Trato de ser fuerte, de creer en lo que me dices… pero cuando salen cosas así, siento que toda la seguridad que construí se desmorona. Tengo miedo, Damián… miedo de que un día abras los ojos y veas lo que ven ellos: algo que no encaja, algo que sobra.
Damián sintió una punzada de dolor aguda en el pecho. No era rabia contra la chica que había provocado esto, sino una inmensa compasión y culpa por no haber percibido antes la batalla interna que Lila libraba. Se acercó despacio, sin hacer movimientos bruscos, y se arrodilló frente a ella para quedar a su altura, tomando sus manos temblorosas entre las suyas con infinita ternura.
—Mi vida… no sabía que llevabas esto dentro —le dijo suavemente, con la voz cargada de emoción—. Perdóname si no te he sabido demostrar lo suficiente lo que eres para mí. Escúchame bien: lo que piensa esa chica, o cualquiera que juzgue solo con los ojos, no tiene valor. No conocen tu alma, ni tu fuerza, ni la belleza que irradias en cada paso. Para mí, cada curva tuya es un regalo, cada parte de ti ha sido creada para ser amada y admirada. No eres un “peso”, eres mi sustento y mi alegría.
Lila levantó la vista, encontrándose con la mirada sincera y profunda de él, esa que no necesitaba adornos ni apariencias para ver la verdad. Damián acercó su rostro al de ella, secando con sus dedos las huellas de las lágrimas, y continuó con pasión renovada:
—He conocido a mujeres “perfectas” según la sociedad, vacías por dentro y llenas de falsedad. Tú eres auténtica, real, completa. Tu cuerpo es el refugio donde encuentro paz y deseo a la vez. No te amo a pesar de cómo eres, te amo porque eres así. Tu talla no define tu valor, ni el mío, ni lo nuestro. El miedo que sientes es solo un eco de voces ajenas que no saben amar.
Lila escuchaba cada palabra como un bálsamo que sanaba la vieja herida. Sentía la firmeza en su voz, la admiración genuina en su forma de tocarla, recorriendo suavemente su espalda y sus caderas, reafirmando con el gesto lo que decía con el corazón.
—¿Estás seguro? —preguntó ella, con un hilo de esperanza renaciendo en su interior—. ¿De verdad no te avergüenzas de mí?
—¿Avergonzarme? —Damián negó con la cabeza, indignado solo contra la idea—. Me enorgullezco de ti cada día. Me enorgullece tu valentía, tu bondad y la belleza que llevas impresa en la piel y en el alma. Si el mundo tiene un problema contigo, es porque no sabe ver la verdadera belleza que tú posees.
La atrajo hacia sí en un abrazo protector y cálido, dejando que su respiración se sincronizara con la suya. Allí, en la intimidad de ese abrazo donde no había juicios ni miradas externas, Lila sintió que la inseguridad, aunque no desaparecía por completo, perdía su poder destructivo. Había alguien que la veía, que la entendía y que la amaba sin condiciones, y eso era más fuerte que cualquier insulto o prejuicio. Esa noche, el amor no solo los unía, sino que reconstruía los cimientos de su confianza, ladrillo a ladrillo, con la verdad por base y la pasión como motor.