La vida de Elif se vio trágica cuando el hombre más poderoso del pueblo la obligó a contraer matrimonio. Pero resultaba que era un hombre que cuatriplicaba en edad, por lo que en la consumación, murió de un infarto, quedando ella como heredera de toda esa fortuna.
Elif creyó que todo terminaba ahí, no obstante, aparecieron los familiares de aquel hombre, y la obligaron a contraer matrimonio con el nieto de su difunto esposo, un joven de 23 años, que la odiaba y despreciaba con cada segundo de su vida, por haberse quedado con todo lo que les pertenecía.
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10
—Pues es cierto —si había algo era que él jamás mentía—. Me casé con la viuda de mi abuelo porque debo recuperar el dinero que nos pertenece.
El profesor se quedó con el ceño fruncido al ver la mirada de Burak. Él nunca había visto a ese joven mirar de esa forma a alguien.
—Le agradezco su consejo. Nada impedirá ni afectará que termine mi carrera.
Dicho eso, se dirigió a Elif. A pasos rápidos fue detrás de ella. Al llegar a los baños ingresó, le agarró del brazo y la giró.
—¿¡Qué demonios haces aquí!?
Elif abrió los ojos con asombro. Encontrarse a Burak en esa universidad era lo que menos se esperaba.
—¿Pregunté qué diablos haces aquí?
Pasando gruesa saliva y tartamudeando, dijo:
—Es… estudiando.
Burak apretó los dientes y la soltó. Ella retrocedió a medida que él daba un paso. Una vez que chocó su trasero y espalda con el largo lavamanos, tembló, más cuando aquel hombre la encerró con sus dos brazos.
—Así que mi esposa va a estudiar —el cálido aliento mezclado con alcohol azotaba el rostro de Elif—. Y se puede saber… ¿a quién carajos le pediste permiso para estudiar?
—¿Permiso?
Mirándola con desprecio, Burak refutó:
—¿Crees que eres libre, Elif? ¿En serio piensas que puedes hacer y deshacer? ¡Pues no! ¡Tú no vas a estudiar! ¿Quedó claro? ¡Ahora mismo vas a salir de la universidad y te irás a casa! —demandó y salió.
No era posible que, tras soportarla en casa, ahora tuviera que calársela en la universidad. De tantas universidades que había en esa ciudad, el abogado tuvo que elegir justo la que él estaba.
Burak salió del baño. Dos chicas que se dirigían a ese lugar se miraron entre ellas. Era extraño que Burak saliera del baño de mujeres. Rápidamente se acercaron al baño para ver con quién estaba. Al abrir la puerta encontraron a Elif ahí.
Mientras una abría las puertas de los baños, la otra se acercaba a Elif, que lavaba las manos.
—¿Estás bien? —se mostraron amigables.
—Sí —dijo Elif al agarrar el bolso y salir.
Una vez que Elif se marchó, las chicas volvieron a mirarse.
—¿Crees que Burak se la cogió aquí?
—No lo creo.
—¿Entonces? ¿Por qué salió de aquí? Tú viste claramente cuando abandonó el baño. ¿Y si ya se olvidó de Leyla?
—Está clavado con Leyla. No creo que busque olvidarla en brazos de esa. Si te fijaste, es una naca, de esas tantas pobretonas que ingresan por una beca.
—Su ropa era de marca, incluso su perfume era exquisito.
—Sí, pero no entra en los estándares de Burak.
—Está despechado. Leyla lo engañó con el papacito de Emir.
Mientras ellas dos sacaban conclusiones, Elif caminaba a pasos rápidos por los pasillos. Quería salir de ese lugar donde todos la miraban como cosa rara, y donde encontró a su esposo, quien le pidió que se marchara.
Ella no podía quedarse ahí. No podía correr el riesgo de que ese hombre la tratara mal delante de todos. Al doblar el pasillo, tropezó con Emir. Los libros de ambos volaron por el aire.
—Lo siento —ambos se disculparon.
Cuando Emir miró los ojos de la joven, preguntó:
—¿Estás bien?
Asintió, agarró lo último que cayó al suelo y se marchó. Al salir tomó un taxi y fue a casa. Subió a la habitación y se lanzó a llorar. Detuvo el llanto cuando la puerta se abrió de golpe. Burak ingresó y, con imponencia, dijo:
—¡No puedes volver a la universidad! Si quieres estudiar, hazlo en otra, pero no en la que estoy yo. ¿Sabes por qué? Porque ya es suficiente para mí tener que soportar tu presencia en casa, y ahora resulta que también tendré que soportarte en la universidad. Y eso sí que no. No estoy dispuesto a respirar el mismo aire que tú. ¿Quedó claro?
Elif asintió. Burak se dio la vuelta. Antes de salir se detuvo y la miró. Sintiendo algo inexplicable en su pecho, como una sensación de arrepentimiento, se maldijo a sí mismo por tener lástima de ella. Soltando un suspiro de frustración, salió de la habitación.
Bajó hasta el bar y se paró frente a la botella. La contempló por un momento. Cuando se disponía a botar la bebida y no tomar más, el timbre de su casa sonó. Mientras la empleada abría, él se acercó.
—Guao, esta casa está mucho mejor —Selin soltó la maleta—. ¿No lo crees, mamá?
—¿Qué hacen aquí? —inquirió Burak.
—Perdimos nuestra casa.