Yael Yúnez tiene veinte años, cabello plateado, y un secreto que lo mantiene caminando en la cuerda floja: a los dieciocho se casó con su "hermano mayor", León Luján — el heredero que abandonó una fortuna familiar para estar con él.
Ahora León es el CEO de LX Capital, la firma de inversiones más temida de Ciudad del Valle. También es el nuevo patrono de UniValle, la universidad donde Yael estudia artes. Nadie sabe que el empresario de mirada glacial llega cada noche a casa a cocinarle pasta a un chico de pelo plateado que le pone apodos ridículos en WhatsApp.
Pero los secretos no duran para siempre.
Cuando una foto se viraliza, cuando los empleados de LX empiezan a murmurar sobre "la pareja del jefe", y cuando un hombre del pasado de León aparece con una obsesión peligrosa por Yael... el matrimonio oculto empieza a resquebrajarse.
Gonzalo Luján — hermanastro de León, vicepresidente del imperio que León rechazó — lleva años observando a Yael en silencio. Y ahora está decidido a tomar todo lo que León tiene: su empresa, su posición... y su esposo.
"Quiero que te divorcies de él."
"Señor Luján, la clínica psiquiátrica queda a dos cuadras. Todavía hay camas disponibles."
En medio del caos, Yael descubrirá la verdad que León siempre le ocultó: por qué se fue dos años, por qué nunca volvió a su familia, y qué fue exactamente lo que sacrificó — todo por un chico que ni siquiera sabía lo amado que era.
Contenido:
🔥 CEO posesivo que se derrite solo por su esposo
💍 Matrimonio secreto (¡ya están casados desde el capítulo 1!)
😭 "Te hago llorar pero después te consiento"
⚡ Villano obsesivo + drama familiar + plot twists
💕 Tres parejas, todas adorables
🌶️ Escenas subidas de tono (con mucho amor)
NovelToon tiene autorización de MarOculto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7
Capítulo 7
El chofer sabe demasiado
—No puedes subir algo que se llame "El dragón casado en secreto".
Yael se escuchó a sí mismo y supo, con dolor, que había sonado culpable.
Félix inclinó la cabeza.
—¿Por qué no?
—Porque es largo.
—Los títulos largos funcionan.
—Porque es específico.
—La especificidad vende.
—Porque los dragones no se casan.
Félix miró el dibujo del dragón con corbata y luego a Yael.
—En mi universo sí.
Luca se llevó ambas manos a la cara.
—Esto es arte contemporáneo o un accidente legal.
Quique, que seguía demasiado atento a todo, le quitó la libreta a Félix y leyó el título escrito en la esquina.
—A mí me gusta.
—No te pedimos voto —dijo Yael.
—El dragón es controlador, pero trae lonchera. Hay conflicto.
—No estás ayudando.
—No vine a ayudar. Vine a averiguar por qué todos actúan raro.
La frase cayó sobre la mesa del patio como una piedra. Yael sintió que Luca dejaba de moverse. Félix, en cambio, siguió dibujando un corazón más pequeño junto a la lonchera, porque Félix elegía la paz de maneras ofensivas.
—Nadie actúa raro —dijo Yael.
Quique alzó una ceja.
—Luca acaba de decir "accidente legal". Tú casi te ahogas cuando te preguntaron si caminabas normal. Y tu contacto de corazón te manda mensajes como si fueras una planta delicada.
—Las plantas delicadas son importantes para el ecosistema.
—Yael.
El celular vibró.
Yael cerró los ojos.
—No lo mires —dijo Quique.
—¿Perdón?
—Si no es nada raro, no lo mires.
Eso era trampa. Una trampa infantil, transparente y efectiva.
Yael miró el celular.
Mi amor ❤️: "Simón llegará a las cuatro. Hay tráfico y va a llover."
Yael: "Tengo clase hasta las cinco."
Mi amor ❤️: "Por eso llegará a las cuatro."
Yael: "¿Para qué?"
Mi amor ❤️: "Para esperar."
Yael apretó la boca. El problema de León no era que diera órdenes. El problema era que las daba con tanta lógica afectiva que discutirlas parecía patear un cachorro con traje.
Luca se asomó a la pantalla y soltó un silbido.
—Mi hermano está en modo paraguas humano.
Quique giró hacia él.
—¿Tu hermano?
Luca parpadeó.
—Mi hermano... espiritual.
—Eso no existe.
—En sistemas creemos en cosas peores.
Félix murmuró:
—El dragón ya tiene culto.
Yael le pisó el pie debajo de la mesa. Félix ni se quejó; solo añadió una nube sobre el dibujo.
En LX Capital, León vio esa nube diez minutos después.
Luca, con su instinto de supervivencia torcido, le había mandado una foto del dibujo acompañado de un mensaje: "El arte nos va a destruir". León abrió la imagen entre dos reportes de riesgo y una llamada internacional en espera. El dragón con corbata sostenía una lonchera. En una esquina, Félix había escrito el título provisional.
Simón, de pie al otro lado del escritorio, fingió no ver nada.
—¿Desea que pida a la facultad que no publique esa pieza? —preguntó.
León guardó el teléfono.
—No.
—Entendido.
—Si la publican, quiero una copia.
Simón tardó medio segundo en responder.
—También entendido.
Un trueno sonó detrás del ventanal. León miró el cielo cerrado sobre Ciudad del Valle y luego el horario de Yael, abierto en el calendario que compartían por pura insistencia suya.
—Ve por él antes de que salga.
—Tiene clase hasta las cinco.
—Por eso vas a las cuatro.
—Sí, director.
Las nubes reales llegaron después de la última clase.
UniValle cambió de color en menos de quince minutos. El cielo se cerró sobre los edificios modernos, el patio se vació y el olor a tierra mojada subió desde los jardines. Estudiantes corrían bajo carpetas, sudaderas y cualquier cosa que pudiera fingir ser paraguas. Quique apareció en la puerta del taller con dos impermeables de plástico comprados en la tienda del campus.
—Toma —le dijo a Yael.
—¿De dónde salió esto?
—Preparación.
—¿Compraste dos?
—Uno para ti y otro para mí.
—¿Y ellos? —Yael señaló a Luca y Félix.
Quique miró a Luca.
—Él es rico.
Luca se llevó una mano al pecho.
—Clasismo inverso.
—Y Félix probablemente dibujará la lluvia como trauma romántico.
Félix ya estaba mirando por la ventana.
—La lluvia sí tiene conflicto interno.
Yael aceptó el impermeable, pero no alcanzó a ponérselo. Su celular vibró otra vez.
Mi amor ❤️: "No salgas. Simón está en la entrada lateral."
Yael: "Tengo piernas."
Mi amor ❤️: "Y cero instinto de supervivencia."
Yael: "Me estás difamando."
Mi amor ❤️: "Te resbalaste en el jardín el mes pasado."
Yael guardó el celular antes de que Quique pudiera leer.
—Voy por la entrada lateral.
—Vamos —dijo Quique de inmediato.
—No necesitas escoltarme.
—Claro que sí. Si tu contacto misterioso no va a presentarse, alguien tiene que hacer el trabajo visible.
Luca tosió otra vez. Félix cerró su libreta con una sonrisa mínima.
Caminaron juntos por el corredor cubierto. La lluvia golpeaba los techos con fuerza, convirtiendo las conversaciones alrededor en ruido blanco. Yael mantenía el impermeable doblado contra el pecho, porque ponerse esa bolsa amarilla en público era una humillación que todavía esperaba evitar.
En la entrada lateral, Simón estaba de pie junto al carro negro, sosteniendo un paraguas grande.
Impecable.
Seco.
Profesional al punto de parecer generado por una empresa de seguridad privada.
Yael sintió cómo se le hundía el alma.
—Señor Yúnez —saludó Simón, abriendo el paraguas hacia él—. El director pidió que no se mojara.
Quique se detuvo.
Luca miró al techo.
Félix, sin ninguna lealtad, susurró:
—El dragón mandó caballero.
Yael apretó los dientes.
—Simón.
—También pidió que comiera esto antes de llegar a casa.
Simón levantó una bolsa térmica. A través del plástico transparente se veía un recipiente con fruta cortada, una botella de agua y un pan dulce pequeño.
Quique miró la bolsa. Luego miró el carro. Luego miró a Simón.
—¿Director de qué?
Simón sostuvo el paraguas sin cambiar la expresión.
—De asuntos que no debe atender bajo la lluvia.
Luca soltó un ruido que pudo ser tos o risa contenida.
Yael quiso desaparecer debajo del impermeable.
—Gracias, Simón. Yo puedo...
—El Señor Luján pidió que entrara al carro antes de que aumente la lluvia.
Todo el pasillo lateral quedó demasiado silencioso.
Quique dio un paso hacia Yael.
—Espera.
Yael sintió el anillo como una moneda de hielo contra el pecho.
Simón abrió la puerta trasera.
La lluvia golpeó más fuerte.
Quique lo miró de arriba abajo, ya no con curiosidad divertida, sino con una sospecha que empezaba a armarse sola.
—¿Desde cuándo un chofer te dice Señor Yúnez?