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La satisfacción de ser subestimada

La satisfacción de ser subestimada

Status: Terminada
Genre:Doctor / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:296
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Ariana Montero es, a los ojos de todos, una esposa insignificante.

Su suegra la humilla en cada cena. Su esposo, Simón Valverde, la exhibe como un adorno inútil mientras pasea a su amante del brazo frente a la familia. Nadie le pregunta adónde va por las noches. Nadie sospecha que debajo del vestido sencillo y el silencio calculado se esconde una de las cirujanas cardíacas más brillantes del país.

Cuando un misterioso inversionista llamado Santiago Guerrero la recluta para dirigir un ambicioso proyecto médico, los dos mundos de Ariana comienzan a colisionar. En el hospital es la "Doctora Genio", una leyenda anónima cuyos dedos han salvado vidas que otros daban por perdidas. En casa sigue siendo la mujer a la que nadie toma en serio.

Pero los secretos tienen fecha de caducidad.

A medida que su identidad se resquebraja, Ariana descubre algo mucho más peligroso que un matrimonio roto: la muerte de sus padres —dos médicos célebres que perecieron en un supuesto accidente automovilístico— fue un asesinato orquestado por las mismas familias que hoy la rodean. Un hombre con el rostro marcado por cicatrices, un tío político con las manos sucias y una suegra cuya elegancia esconde complicidad van tejiendo un rompecabezas que lleva veinticinco años enterrado.

Entre conspiraciones familiares, traiciones inesperadas, bisturís y balas, Ariana deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para honrar la memoria de quienes le dieron la vida... y si el hombre que le ofrece protección merece también su confianza.

Porque en esta historia, ser subestimada no es una debilidad.

Es una ventaja.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Sin embargo, esa noche Mariana se presentó en casa de Simón.

—Simón, no vine a pelear —pronunció con suavidad, la voz melosa y envolvente.

Simón permanecía de espaldas a ella, contemplando la ciudad desde el balcón.

—Me hiciste perder a dos inversionistas hoy.

Mariana avanzó un paso.

—Yo también perdí un paciente —replicó en un hilo de voz, con un temblor que delataba la emoción contenida—. Mientras tanto tú… solo piensas en acciones y en la imagen de la empresa.

Lo observó con una decepción que ya no se molestaba en disimular.

—¿No fuiste tú quien una vez me prometió hacerme feliz? Dijiste que, pasara lo que pasara, siempre estarías a mi lado. Dijiste… que me amabas.

Silencio.

Mariana se acercó otro paso.

—Yo estuve a tu lado cuando todos cuestionaban tus proyectos —susurró—. Siempre te defendí, Simón.

Él no se movió.

Mariana le rozó el brazo, despacio.

—No me dejes enfrentar esto sola.

Su tono descendió, adquiriendo una ronquera sutil que sonaba a provocación.

—Ya recorrí un camino demasiado largo contigo, cariño. No me sueltes ahora…

Simón por fin giró la cabeza; la mirada le flaqueó. No por amor, sino por un ego hambriento de validación.

Y Mariana lo supo: ya no necesitaba rogar. Solo tenía que hacer que Simón se sintiera aún deseado, aún elegido.

Esa noche la decisión no la dictó la lógica, sino la debilidad.

Sus labios se encontraron en un beso apresurado, como envuelto en deseo y en una resolución que ya nadie se detuvo a meditar. Manos temblorosas comenzaron a despojarse de la ropa con urgencia.

Lo que antes no pasaba de una relación difusa, carente de certeza, se transformó esa noche en una traición consumada. El límite que ambos aún habían guardado se desplomó por completo.

Unos días después, Simón recibió un informe adicional de su equipo legal.

—Señor… existe la posibilidad de que la auditoría de la fundación se haga pública.

Simón se paralizó.

—¿Quién está detrás de eso?

—La solicitud de auditoría proviene de una entidad independiente vinculada al proyecto del Centro Cardíaco Integral.

Simón guardó silencio.

Sin haber terminado siquiera con el proceso de divorcio de Ariana, una nueva sospecha le carcomía la mente. Volvió a abrir la grabación de la noche de la gala y reprodujo el momento en que Ariana tomó el control de la situación.

Los movimientos de aquella mujer eran demasiado calculados para calificarlos de simple espontaneidad. Cada paso, preciso; cada instrucción, firme y exacta, impropia de alguien que solo contara con teoría de los libros.

Simón amplió la imagen del rostro de Ariana y la contempló largamente.

—Imposible… —masculló.

Pero su mente comenzó a ensamblar las piezas que durante todo ese tiempo había ignorado. Las ausencias de Ariana que jamás cuestionó. El nulo interés de ella por su dinero. Recién ahora caía en cuenta de que la tarjeta bancaria que le había entregado hacía tres años no se había utilizado ni una sola vez.

La firmeza de Ariana que nunca llegó a comprender del todo, y aquella frase que ella pronunció tiempo atrás volvió a resonarle en la cabeza:

Ojalá algún día la encuentres, una mujer que esté a tu altura.

Simón sintió que quizá había perdido algo mucho más grande que una simple esposa.

Mientras tanto, en su oficina silenciosa, Santiago Guerrero recibió una notificación del sistema. Un intento de acceso ilegal al servidor del proyecto había sido rastreado.

El origen: un dispositivo perteneciente a Mariana.

Esbozó una sonrisa tenue.

—A partir de ahora, dejamos de contenernos. Liberen los resultados de la auditoría de la fundación a la junta de supervisión central.

Su asistente lo observó con atención.

—¿Incluidas las indicaciones de malversación?

—Todo.

Se puso de pie.

—Y protejan por completo la identidad de Ariana como jefa del equipo. Si llegara a filtrarse su nombre…

—Descuide, señor. El sistema redirige automáticamente hacia el nombre de la empresa, no al de ningún individuo —respondió su asistente con aplomo.

Santiago asintió satisfecho.

—Bien.

La guerra quedaba oficialmente declarada, pero una cosa permanecía inalterada: la identidad de Ariana seguía oculta.

Y precisamente por eso, todos combatían contra una sombra. Mientras esa sombra… planeaba su siguiente movimiento con absoluta calma.

El área VIP del Hospital Horizonte se hallaba fuertemente custodiada esa noche. El ascensor privado se detenía directamente en la planta ejecutiva. La alfombra gruesa amortiguaba el golpe de los zapatos caros de Simón, que avanzaba rebosante de confianza.

Ya había ensayado las frases de negociación en su cabeza. De ser necesario, ofrecería una inversión adicional. De ser necesario, "tomaría prestados" algunos médicos de otros proyectos para exhibir el alcance de su red de contactos.

La puerta de la suite VIP se abrió.

Un hombre aguardaba junto al ventanal con vista a la ciudad nocturna. Su traje gris oscuro era sobrio, pero el aura de liderazgo que irradiaba resultaba imposible de ignorar.

—Buenas noches, señor Valverde —saludó el hombre con serenidad.

—Señor Guerrero. —Simón le tendió la mano.

Santiago se la estrechó con una sonrisa escueta.

—Gracias por venir.

Se sentaron frente a frente. Sobre la mesa se desplegaban documentos, gráficos de inversión y una propuesta de desarrollo de instalaciones.

—Me interesa su visión —abrió Simón la conversación—. Pero considero que un proyecto de esta envergadura requiere un socio con más experiencia.

Santiago no contestó de inmediato; en cambio, abrió una carpeta delgada.

—Ya contamos con un equipo médico sólido —declaró—. Incluida la jefa del equipo quirúrgico que dirigirá este Centro Cardíaco Integral.

Simón curvó los labios en una media sonrisa.

—¿La doctora genio cuya identidad mantienen en secreto?

—Así es.

—Una publicación sin rostro suele ser solo estrategia de mercadotecnia —Simón se reclinó en el respaldo—. A los inversionistas no les gustan los misterios.

Santiago lo miró fijamente.

—Al contrario: el misterio despierta la curiosidad, y la competencia genera la confianza.

Un breve silencio se instaló entre ambos.

—De acuerdo —Simón exhaló un suspiro tenue—. Quiero conocer a esa doctora.

—Aún no es el momento —respondió Santiago sin inflexión alguna.

Simón reprimió la irritación; no estaba acostumbrado a que lo rechazaran con tanta sutileza. La reunión en la suite VIP concluyó sin acuerdo.

Simón salió con la mandíbula apretada.

—Qué arrogante —farfulló—. El proyecto ni siquiera arrancó y ya se cree intocable.

En casa de Simón esa noche, el ambiente era pésimo. Mariana llegó cargando varios documentos del proyecto.

—Simón, si queremos presionar el proyecto de Horizonte… podemos ofrecer una alianza con dos hospitales antiguos que ellos aún no adquirieron —propuso con entusiasmo.

Simón asintió.

—Hagamos que se queden sin suministro de especialistas.

Sin embargo, dos días después los medios volvieron a soltar una noticia estremecedora:

El Centro Cardíaco Integral de Horizonte recibe oficialmente el respaldo de donantes internacionales.

La cifra de inversión era descomunal.

Simón estrelló la tableta contra la mesa.

—¡Es imposible! ¡Obtuvieron el apoyo demasiado rápido! ¡Tiene que ser por la doctora genio! Posee reputación internacional; varias revistas médicas de prestigio han publicado sus investigaciones. ¡Averigüen quién es, como sea!

Mariana se removió inquieta, los dedos entrelazados con fuerza. Su relación con Simón acababa de recomponerse y no quería que todo se derrumbara de golpe. Si Simón llegaba a descubrir que la doctora genio era Ariana, su posición quedaría en peligro.

Conocía de sobra cómo Simón tomaba sus decisiones. Y si esa verdad salía a la luz, lo más probable era… que a ella la descartara sin la menor vacilación.

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