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Mi Primer Amor

Mi Primer Amor

Status: En proceso
Genre:Fanfic / Romance / Amor a primera vista
Popularitas:79
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Bajo una lluvia torrencial, la desafortunada Kim Suki tropieza con Jeon Jungkook, un elegante y reservado empresario. Para saldar la deuda médica que él pagó por ella, Suki acepta ser la niñera de su rebelde sobrino de ocho años, llenando de calidez y divertido caos la fría mansión. Entre bromas, miradas robadas y roces inesperados, el amor florece entre dos mundos opuestos. Superando prejuicios y barreras sociales, descubrirán juntos que la mala suerte, a veces, es solo el disfraz del destino perfecto.

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Capitulo 13

La rueda de la maleta roja rebotó torpemente sobre el suelo húmedo y fue a parar a los pies de un palomo, el cual emitió un graznido de protesta antes de salir volando. Suki suspiró con resignación, sosteniendo el paraguas amarillo sobre su cabeza a pesar de que la llovizna ya se había transformado en una niebla casi imperceptible.

—Ni siquiera para huir dignamente me acompaña la suerte —murmuró para sí misma, inclinándose para recoger la maldita pieza de plástico.

Había pasado la noche anterior en el sofá de la pequeña tienda de flores de su amiga Bomi, el mismo local diminuto y oloroso a tierra mojada donde trabajaba por horas para pagar el alquiler de su modesto apartamento de un solo cuarto. Suki intentó concentrarse en acomodar las macetas de hortensias, pero cada tres segundos la imagen de la mansión, el rostro triste de Byul y la mirada intensa de Jeon Jungkook amenazaban con derretir la poca entereza que le quedaba.

—¡Suki! ¡Te dije que no levantaras las cajas pesadas! —gritó Bomi desde el interior de la floristería, asomándose con un delantal lleno de tijeras y cintas—. ¡Aún estás convaleciente y, además, ya rompió tres macetas de arcilla esta mañana!

—¡Lo siento, Bomi! ¡Prometo pagarlas con mi sueldo! —respondió Suki, forzando una sonrisa torpe mientras acomodaba un ramo de girasoles en la entrada.

En ese preciso instante, un chasquido agudo de frenos rompió la tranquilidad de la pequeña calle residencial. Un imponente sedán negro de lujo, de esos que solo se ven en las áreas residenciales de los magnates, se detuvo bruscamente justo frente a la floristería.

Suki parpadeó, ajustando la empuñadura de su paraguas amarillo. La puerta del copiloto se abrió de golpe y de ella salió Jeon Jungkook.

Estaba despeinado, sin corbata, con las mangas de la camisa blanca arremangadas de forma apresurada y el abrigo ligeramente desalineado. No traía paraguas ni le importaba en absoluto la lluvia que comenzaba a intensificarse de nuevo. Sus ojos oscuros, cargados de una mezcla explosiva de alivio, rabia y una ternura aplastante, se fijaron directamente en ella.

Suki se congeló en su sitio. El ramo de girasoles se le resbaló de las manos y cayó al suelo con un suave golpe húmedo.

—¿J-Jungkook...? —balbuceó Suki, sintiendo que el corazón le daba un vuelco tan violento que amenazaba con salírsele del pecho.

Desde el auto, la ventana trasera bajó a toda velocidad. El pequeño Byul asomó la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja, agitando los brazos con frenesí.

—¡Suki! ¡Te encontramos! ¡El tío maneja como loco y casi nos atrapa la policía, pero te encontramos! —gritó el niño con entusiasmo desbordado.

—¡Señorita Kim! ¡Por favor, dígale que no me meta en más problemas legales! —añadió el secretario Ho-jin desde el asiento del conductor, secándose el sudor de la frente con un pañuelo.

Jungkook no escuchó a ninguno de los dos. Caminó a pasos agigantados hacia Suki, ignorando los charcos que salpicaban sus impecables zapatos de vestir. Suki, en un ataque de pánico amoroso y culpa concentrada, dio dos pasos hacia atrás, levantando el paraguas amarillo como si fuera un escudo protector.

—¡N-no te acerques! —exclamó Suki con la voz temblorosa—. ¡Jungkook, te dije en la carta que no me buscaras! ¿Qué haces aquí? Tu abuela... la empresa... ¡vas a arruinarlo todo!

Jungkook no se detuvo. Acortó la distancia en tres zancadas finales, agarró la varilla del paraguas amarillo con una mano y la empujó suavemente hacia un lado, dejando que la lluvia cayera libremente sobre los dos.

Con su otra mano, rodeó la cintura de Suki y la atrajo hacia su cuerpo con una fuerza firme, posesiva y desesperada.

—¡Que se arruine el mundo entero si tú no estás en él! —sentenció Jungkook con la voz ronca, resonando por encima del ruido de la lluvia.

Suki se quedó sin aliento. Pegada a su pecho, podía sentir el ritmo desenfrenado y caótico de los latidos de Jungkook. La lluvia comenzó a empaparles el cabello y la ropa, pero ninguno de los dos pareció notarlo.

—Eres una tonta, Kim Suki —murmuró Jungkook, juntando su frente con la de ella, cerrando los ojos por un segundo para paladear la certeza de que finalmente la tenía entre sus brazos—. Una tonta torpe y obstinada. ¿Cómo se te ocurre pensar que prefiero un edificio de oficinas o la aprobación de mi abuela antes que a ti?

—Jungkook... tu familia... el protocolo... yo solo soy una chica con mala suerte que no tiene nada que ofrecerte —sollozó Suki, dejando que las lágrimas se mezclaran libremente con las gotas de lluvia en sus mejillas—. Yo solo quería protegerte...

—¿Protegerme? —Jungkook abrió los ojos y la miró con una intensidad deslumbrante que le hizo temblar las rodillas a Suki—. Mi vida era una casa helada, un horario de trabajo de veinte horas y una soledad insoportable. Tú llegaste con tu paraguas roto y tus tenis amarillos y lo cambiaste todo. Le diste risas a Byul y me devolviste el corazón a mí. ¿Crees que voy a dejar que te vayas solo porque unos viejos con dinero no entienden lo que es el amor verdadero?

Bomi, la amiga de Suki, observaba la escena desde la puerta de la floristería con la boca abierta de par en par y una mano sobre el pecho, sintiendo que estaba presenciando el clímax del mejor drama de televisión de la historia.

—¡Eso es! ¡Díselo, guapo de traje! —susurró Bomi apretando los puños de la emoción.

En el auto, Byul aplaudía desde la ventana:

—¡Págale el doble de sueldo, tío Kook! ¡Y cómprale diez pares de tenis amarillos más!

Jungkook levantó la mano y acunó la mejilla de Suki con infinita dulzura, limpiando el agua de sus pestañas con el pulgar. Su mirada era pura devoción.

—Escúchame bien, Kim Suki —dijo Jungkook, asegurándose de que cada palabra quedara grabada en el alma de ella—. No voy a permitir que vuelvas a huir. Enfrentaré a mi abuela, a la junta directiva y a cualquiera que intente interponerse. Pero no quiero que regreses a la mansión como la niñera de Byul.

Suki parpadeó, confundida entre las lágrimas.

—¿N-no...?

—No —respondió Jungkook con una sonrisa radiante y hermosa que iluminó el día gris—. Quiero que regreses como mi compañera. Como la mujer que amo. Quiero despertar todos los días escuchando tus tropiezos en la cocina, quiero llevarte a comer *tteokbokki* picante a los mercados nocturnos y quiero construir un hogar contigo y con Byul.

Suki sintió que el pecho se le llenaba de una calidez tan profunda que borró de golpe todos sus miedos y las inseguridades de su pasado. Soltó por completo el paraguas amarillo, el cual cayó al suelo y fue arrastrado por el viento un par de metros hasta chocar con el parabrisas del auto de Ho-jin (cumpliendo, como siempre, la cuota de pequeña catástrofe de Suki).

En lugar de preocuparse, Suki rodeó el cuello de Jungkook con ambos brazos y se empinó sobre sus pies.

—Eres el hombre más obstinado y maravilloso del mundo, Jeon Jungkook —susurró ella con una sonrisa iluminada.

—Y tú eres mi mejor suerte —respondió él.

Jungkook inclinó la cabeza y la besó. Fue un beso profundo, húmedo por la lluvia y cargado de una pasión contenida que hizo que el tiempo a su alrededor se detuviera por completo. Suki se aferró a su espalda, sintiendo que el agua que caía del cielo ya no era fría, sino una bendición que celebraba su reencuentro.

Desde el auto, Byul se tapó los ojos con las manos pero abrió dos dedos para mirar disimuladamente:

—¡Guacala! ¡Se están besando otra vez! ¡Pero qué bueno porque Suki regresa a casa!

El secretario Ho-jin soltó un largo suspiro de resignación pero sonrió con sincero afecto, sacando su teléfono para cancelar definitivamente las reuniones del resto de la semana.

Cuando finalmente se separaron para tomar aire, Jungkook mantuvo sus brazos envueltos alrededor de la cintura de Suki, pegándola a su pecho mientras ambos sonreían como dos niños pequeños bajo la lluvia.

—¿Entonces? —preguntó Jungkook, arqueando una ceja con juego—. ¿Aceptas volver a mi casa fría y convertirla en nuestro hogar?

—Solo si prometes dejarme cocinar ramién los domingos y si me ayudas a arreglar la rueda de mi maleta —respondió Suki riendo, abrazándolo más fuerte.

—Te compraré cien maletas nuevas con ruedas irrompibles —prometió Jungkook, besándole la punta de la nariz empapada.

Tomados de la mano y bajo la mirada feliz de Byul, la niñera desafortunada y el solitario empresario caminaron hacia el auto. La tormenta en sus vidas finalmente había pasado, dejando al descubierto el comienzo de su verdadero cuento de hadas.

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