Una chica de la era moderna reencarna en el cuerpo de Madeline, la prometida del frío Duque Elías. Tras quedar embarazada y decidida a proteger el futuro de su hijo, ella empaca sus maletas y huye lejos, escondiendo su rastro.
NovelToon tiene autorización de Juna C para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23
Después de eso, Elena le preguntó a Madeline si ya tenía dónde quedarse.
La joven bajó la mirada unos segundos antes de negar suavemente.
—No.
La mujer pareció haber esperado aquella respuesta.
—Entonces puedes quedarte en mi casa por ahora.
Madeline levantó la cabeza sorprendida.
—¿De verdad?
—Claro.
Elena se encogió de hombros como si aquello no fuera gran cosa.
—Eso sí, nada es gratis.
Madeline se puso recta de inmediato.
—Lo entiendo.
—Bien. Como ya te dije, nadie nace sabiendo hacer las cosas. Si realmente quieres trabajar aquí, puedes empezar mañana.
La joven sintió cómo una parte del peso que llevaba encima desaparecía.
No tenía dónde ir.
No conocía a nadie en aquella ciudad.
Y, de repente, tenía un techo sobre su cabeza y una oportunidad para empezar de nuevo.
—Muchas gracias.
—Agradéceselo a mi hermana, no a mí —respondió Elena con una sonrisa—. Mi casa está justo al lado de la tienda.
La mujer señaló por una de las ventanas.
—La de dos pisos. Ve instalándote. Cuando termine aquí regresaré.
Madeline asintió.
Después de despedirse, tomó nuevamente su maleta y salió de la tienda.
El aire de la tarde era agradable.
Por primera vez desde que llegó a la ciudad, tuvo tiempo para observar realmente el lugar.
Las calles estaban limpias.
Varias personas caminaban tranquilamente de un lado a otro.
Algunos niños corrían cerca de una pequeña fuente mientras sus madres conversaban sentadas en unos bancos.
Todo parecía tan normal que resultaba extraño.
Avanzó hasta la casa que Elena le había señalado.
Era una vivienda acogedora de dos pisos, con jardineras llenas de flores bajo las ventanas.
No era grande.
Pero transmitía una calidez que hizo que el corazón de Madeline se relajara un poco.
Subió los pequeños escalones de la entrada.
Tomó aire.
Y llamó a la puerta dos veces.
No tardaron en abrir.
Una joven de cabello oscuro apareció al otro lado. Parecía tener una edad similar a la suya y la observó con evidente curiosidad.
Madeline apretó un poco más el agarre sobre su maleta antes de dedicarle una sonrisa educada.
—Buenas tardes.
—Buenas tardes —respondió la muchacha, mirándola de arriba abajo sin ocultar del todo su desconcierto.
El silencio se prolongó unos segundos.
Lo suficiente para que Madeline comenzara a sentirse incómoda.
—Eh... Elena me dijo que podía quedarme aquí por un tiempo —explicó señalando la tienda con un pequeño movimiento de cabeza.
La joven parpadeó.
—¿Mi madre?
—Sí.
La sorpresa desapareció casi al instante del rostro de la muchacha.
—Ya veo.
Se hizo a un lado para dejarle espacio.
—Entonces pasa.
Madeline soltó el aire que había estado conteniendo y entró en la casa.
El interior era acogedor.
El aroma de algo recién horneado flotaba en el ambiente y desde algún lugar llegaba el suave tic-tac de un reloj.
La joven cerró la puerta detrás de ella.
—Puedes dejar la maleta donde quieras por ahora. Mi madre no tarda en regresar.
—Gracias.
—No hay problema.
La muchacha le dedicó una pequeña sonrisa antes de señalar las escaleras.
—Por cierto, me llamo Clara.
—Madeline.
—Mucho gusto, Madeline.
—Igualmente.
Clara la condujo hasta el segundo piso.
Mientras subían, Madeline no pudo evitar observar cada rincón de la casa.
Todo se veía vivido.
Las paredes tenían fotografías familiares.
Había plantas junto a las ventanas.
Y algunas mantas dobladas cuidadosamente sobre los muebles.
Era un lugar sencillo.
Pero se sentía como un hogar.
Clara abrió una de las puertas al final del pasillo.
—Puedes usar esta habitación.
Madeline entró despacio.
La habitación era pequeña, pero limpia y luminosa. Una cama, una cómoda y una ventana que daba a la calle.
Nada más.
Y aun así, le pareció suficiente.
Más que suficiente.
Después de tantos días de incertidumbre, tener un lugar donde dormir aquella noche se sentía casi como un lujo.
—Gracias —dijo con sinceridad.
Clara apoyó una mano en el marco de la puerta.
—Descansa un poco. Seguro el viaje fue agotador.
Madeline sonrió.
—Sí. Lo fue.
Madeline terminó recostándose un rato.
El viaje de los últimos días, las preocupaciones y la falta de descanso finalmente pasaron factura.
No supo cuánto tiempo durmió.
Cuando abrió los ojos, la luz que entraba por la ventana ya tenía un tono más cálido.
Se incorporó despacio, se arregló un poco el cabello y bajó las escaleras.
Al llegar al primer piso encontró a Elena sentada en la sala.
La mujer levantó la vista al verla aparecer.
—Ya era hora de que despertaras.
Madeline soltó una pequeña risa.
—No pensaba quedarme dormida.
—Eso dicen todos.
Elena dejó la taza que sostenía entre las manos.
—¿Y bien? ¿Qué te parece la casa?
Madeline observó el lugar una vez más.
Las flores junto a la ventana.
Los muebles de madera.
El aroma a comida que llegaba desde la cocina.
Todo resultaba agradable.
—Me gusta mucho —respondió sinceramente—. Es un lugar muy acogedor.
La sonrisa de Elena se amplió un poco.
—Me alegra escuchar eso.
Desde la cocina llegó la voz de Clara.
—¡La cena estará lista pronto!
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Madeline.
—No, no, ya casi termino —contestó la joven.
Elena le indicó que tomara asiento.
—Cuéntame un poco de ti.
Madeline ya esperaba aquella pregunta.
Tarde o temprano tendría que responderla.
—No hay mucho que contar.
—Lo dudo.
Madeline sonrió.
—Vengo de la capital.
—Eso ya explica tu forma de hablar.
—¿Mi forma de hablar?
—Suenas más refinada que la mayoría de las personas de aquí.
Madeline casi se atraganta.
Por suerte Elena parecía estar bromeando.
—Es la primera vez que visito este lugar —continuó ella, intentando cambiar de tema.
—¿Y qué te parece hasta ahora?
Madeline lo pensó unos segundos.
—Tranquilo.
—Eso es porque todavía no has conocido a todos los vecinos.
Ambas rieron.
La conversación continuó durante algunos minutos.
Elena preguntó algunas cosas más sobre sus viajes y los lugares que conocía.
Madeline respondió con cuidado.
Sin mentir exactamente.
Pero sin contar demasiado.
Justo entonces la puerta principal se abrió.
—¡Madre, me muero de hambre!
Una voz masculina resonó por toda la casa.
Un joven entró estirando los brazos mientras se quitaba la chaqueta.
Parecía cansado después de una larga jornada.
—Creo que podría comerme una vaca entera...
Las palabras murieron en su garganta.
Acababa de ver a Madeline.
El muchacho se quedó inmóvil durante un segundo.
Luego se aclaró la garganta y adoptó una postura mucho más recta.
—Ah... ya veo que tenemos visita.
Madeline tuvo que contener una sonrisa.
El cambio había sido demasiado evidente.
Elena rodó los ojos.
—Marcos, ella es Madeline. Se quedará con nosotros durante un tiempo.
Después señaló al joven.
—Madeline, él es Marcos, mi hijo mayor.
La joven se puso de pie.
—Mucho gusto.
Hizo una pequeña reverencia por cortesía.
Marcos parpadeó un par de veces antes de reaccionar.
—El gusto es mío.
Por alguna razón parecía más nervioso de lo normal.
O al menos eso pensó Madeline cuando lo vio rascarse la nuca.
—¿Vienes de la ciudad? —preguntó él.
—Sí.
—Con razón.
—¿Con razón qué?
—Nada.
Marcos apartó la mirada tan rápido que Clara, que acababa de salir de la cocina, soltó una carcajada.
—Madre, creo que alguien olvidó cómo hablar.
—Clara.
—¿Qué? Es verdad.
—Si sigues molestándolo voy a esconder tus postres.
—¡Eso sería un crimen!
Las risas llenaron la casa.
Y mientras observaba aquella escena, Madeline sintió una extraña calidez en el pecho.
Hacía mucho tiempo que no veía una familia comportarse de una forma tan sencilla y natural.
⌾
⌾
⌾
es sabía como ese Nathan que estuvo ahí espero que veamos pronto llegue lejos como también a ese tonto que le perdió
de irse más lejos y espero
que su madre la ayude a que no la
molesten temprano para darle tiempo
descubrirá que se escapó embarazada