Valeria Montrose fue la villana más odiada del Imperio de Elarion. Obsesionada con el príncipe heredero, manipuló, traicionó y destruyó a todos los que se interpusieron en su camino. Al final, fue ejecutada públicamente tras ser acusada de conspiración contra la corona.
Cuando la espada cae sobre su cuello, cree que todo ha terminado.
Sin embargo, despierta diez años atrás, en el día de su presentación en sociedad.
Esta vez conserva todos sus recuerdos.
Sabe que el príncipe nunca la amó. Sabe que la heroína del reino no era su enemiga. Y, sobre todo, sabe que detrás de su caída existía una conspiración mucho más grande que terminó provocando una guerra que destruyó el imperio.
Decidida a sobrevivir, Valeria toma una decisión inesperada:
No perseguirá al príncipe.
Pero cambiar el destino resulta más difícil de lo esperado cuando el propio príncipe comienza a interesarse por ella después de que deja de perseguirlo.
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07
El atardecer teñía el cielo de tonos dorados y carmesí cuando Valeria se dirigió a la biblioteca. Cada paso que daba resonaba en el silencio de la mansión, un eco de la urgencia que la consumía por dentro. Cassian planeaba casarse con ella. Alistair lideraba una facción de renacidos. Y Aurelius le ofrecía una salida a través de un misterioso pasadizo secreto.
La biblioteca era su santuario, el único lugar en la mansión donde se sentía verdaderamente en paz. Estanterías de roble oscuro se elevaban hasta el techo, cargadas con libros que había leído y releído a lo largo de los años. El olor a cuero antiguo y papel llenaba el aire, un perfume familiar que la calmaba momentáneamente.
Pero hoy, la biblioteca se sentía diferente. Más misteriosa. Llena de secretos que nunca había sospechado.
—¿Dónde estás, pasadizo?—murmuró para sí misma, sus ojos recorriendo cada centímetro de la sala. Había pasado incontables horas aquí, pero nunca había notado nada fuera de lo común.
Comenzó su búsqueda sistemáticamente, examinando cada estantería, cada panel de la pared, cada libro que parecía fuera de lugar. Pasó una hora explorando sin encontrar nada, la frustración creciendo con cada momento que pasaba.
—Esto es inútil—dijo finalmente, apoyándose contra una estantería llena de historias de las Guerras de Sucesión. —No hay nada aquí.
Mientras se apoyaba, sintió cómo el panel cedía ligeramente bajo su peso. Se giró de inmediato, su corazón acelerándose. El panel parecía sólido, pero había algo... una sutura casi invisible en la madera.
Presionó cuidadosamente, y con un suave clic, una sección de la estantería se deslizó hacia adentro, revelando una abertura oscura y estrecha.
—Por todos los cielos—susurró, su mezcla de asombro y alivio.
La medalla de los Guardianes del Tiempo alrededor de su cuello pareció calentarse, como si respondiera a la proximidad del pasadizo. Con la respiración contenida, se deslizó por la abertura, encontrándose en un corredor angosto y polvoriento que descendía en espiral hacia las profundidades de la tierra.
Las paredes eran de piedra húmeda, y el aire era frío y olía a tierra y a siglos de encierro. Valeria avanzó con cautela, su mano rozando la pared para mantener el equilibrio mientras descendía por los escalones resbaladizos.
El pasadizo la llevó a una pequeña cámara circular, iluminada por antorchas parpadeantes que parecían arder sin necesidad de ser reabastecidas. En el centro de la cámara había una mesa de piedra, y sobre ella, varios objetos que la dejaron sin aliento.
Mapas detallados de la capital y sus alrededores, marcados con símbolos que no reconocía. Documentos con sellos de casas nobles que habían sido destrozadas en la guerra. Y, lo más inquietante de todo, una lista de nombres, algunos de los cuales estaban tachados con tinta roja.
—Veo que encontraste el camino—dijo una voz detrás de ella, y Valeria se giró bruscamente para encontrarse con Aurelius, emergiendo de las sombras como si fuera parte de ellas.
—¿Qué es este lugar?—exigió Valeria, su voz temblando ligeramente. —¿Por qué nunca supe de su existencia?
—Es un refugio—respondió Aurelius, su tono grave. —Un lugar construido por tu bisabuelo, un hombre que entendía los peligros de la política imperial. Un lugar para ocultar secretos, y para planear en caso de emergencia.
Valeria sintió un escalofrío. Su bisabuelo, un hombre del que apenas se hablaba en la familia, había construido este lugar secreto. ¿Qué otros secretos guardaba su linaje?
—¿Y cómo sabes tú de él?—preguntó, su sospecha creciendo. —¿Por qué estás aquí?
Aurelius la observó con intensidad, sus ojos grises brillando en la luz de las antorchas. —Porque tu bisabuelo y el mío eran aliados. Amigos cercanos que compartían los mismos temores sobre el futuro del imperio. Y porque este lugar no es solo un refugio, Valeria. Es también un centro de operaciones. Un lugar desde el cual hemos estado monitoreando las actividades de los renacidos.
La revelación la golpeó con la fuerza de un golpe físico. Aurelius no solo era un renacido; era parte de una organización que había estado preparándose para este momento desde hacía generaciones.
—¿Quiénes son "nosotros"?—preguntó, su voz apenas un susurro.
—Los Guardianes del Tiempo—respondió Aurelius, señalando la medalla que llevaba Valeria. —Una sociedad secreta dedicada a preservar la línea de tiempo original, a proteger al imperio de aquellos que buscarían alterar el curso del destino para su propio beneficio.
Valeria sintió náuseas. Los Guardianes del Tiempo. La organización mencionada en los libros de Alaric. La misma cuyo emblema llevaba alrededor del cuello.
—¿Y por qué me diste esto?—preguntó, tocando la medalla. —¿Por qué me elegiste a mí?
—Porque eres diferente—respondió Aurelius con firmeza. —Porque, a diferencia de otros renacidos, no buscas poder ni venganza. Buscas redención. Buscas cambiar el futuro no para beneficio propio, sino para salvar al imperio de la destrucción que presenciaste en tu vida anterior.
Valeria se quedó en silencio, procesando esta nueva información. ¿Era eso lo que veía Aurelius en ella? ¿Una redentora en lugar de una villana?
—¿Y los otros? ¿Los otros renacidos?—preguntó. —¿Qué quieren?
—Cassian busca consolidar su poder, usar su conocimiento del futuro para eliminar rivales y posicionarse como el verdadero poder detrás del trono—explicó Aurelius, señalando uno de los mapas. —Alistair es más complicado. No busca solo poder; busca control absoluto. Quiere remodelar el imperio según su visión, sin importar el costo en vidas humanas. Y los demás... cada uno tiene sus propias agendas, sus propios deseos.
—¿Y qué quieres tú?—preguntó Valeria, su voz más suave de lo previsto. —¿Qué quieren los Guardianes?
—Queremos preservar el equilibrio—respondió Aurelius con solemnidad. —Queremos asegurar que el imperio siga el curso que le corresponde, sin interferencias externas. Pero también reconocemos que algunas cosas deben cambiar. Que la línea de tiempo original no es perfecta, que hay injusticias que deben ser corregidas.
La honestidad de sus palabras la desconcertó. No era un fanático ciego, sino alguien que entendía las complejidades del destino y del libre albedrío.
—¿Y cómo encajo yo en todo esto?—preguntó, aunque ya temía la respuesta.
—Tienes un papel crucial que desempeñar—dijo Aurelius, acercándose lentamente. —Tienes acceso a círculos que yo no puedo penetrar fácilmente. Tienes el conocimiento del futuro, pero también la perspectiva de alguien que understands las consecuencias de alterarlo. Eres el puente perfecto entre los Guardianes y el mundo de la corte.
Valeria sintió el peso de sus palabras sobre sus hombros. No solo estaba tratando de cambiar su propio destino; estaba siendo reclutada para una guerra secreta por el futuro del imperio.
—¿Y el banquete?—preguntó, cambiando de tema. —¿Cuál es tu plan? ¿Por qué no debo enfermarme?
Aurelius sonrió ligeramente, la primera expresión de humor que había mostrado. —Porque enfermarse sería admitir la derrota. Sería permitir que Cassian controle tu vida, incluso desde la distancia. Hay una manera mejor, una manera más... elegante de resolver este problema.
Se acercó a la mesa de piedra, señalando uno de los documentos. —Cassian no solo planea anunciarte como su candidata para el consejo privado. También planea usar el banquete para revelar un "escándalo" sobre Lord Harrington, el actual ocupante del puesto. Un escándalo que lo desacreditará y facilitará tu nombramiento.
Valeria sintió cómo se le helaba la sangre. —¿Qué clase de escándalo?
—Traición—respondió Aurelius con dureza. —Falsas pruebas que sugieren que Harrington ha estado vendiendo secretos militares a enemigos del imperio. Pruebas que Cassian ha estado fabricando durante meses.
La idea la repelió físicamente. Cassian no solo la estaba usando; estaba dispuesto a destruir la reputación de un hombre leal para conseguir lo que quería.
—¿Y cómo podemos detenerlo?—preguntó Valeria, su decisión tomada. —¿Qué necesitas que haga?
—Necesito que vayas al banquete—dijo Aurelius, y Valeria sintió un escalofrío. —Pero no como la víctima pasiva que él espera. Necesito que vayas como la cazadora. Que expongas sus planes antes de que él pueda revelarlos.
—¿Cómo?—exigió Valeria. —¿Cómo puedo exponerlo sin pruebas?
—Tendrás pruebas—respondió Aurelius, abriendo un cajón oculto en la mesa y sacando un pequeño rollo de pergamino. —Correspondencia interceptada entre Cassian y sus contactos. Pruebas de que él está conspirando no solo contra Harrington, sino contra el propio emperador.
Valeria tomó el pergamino con manos temblorosas. Las letras eran elegantes pero claras, detallando un plan para desestabilizar el consejo privado y consolidar el poder en manos de Cassian y sus aliados.
—¿Cómo conseguiste esto?—preguntó, aunque ya temía la respuesta.
—Tengo mis fuentes—respondió Aurelius evasivamente. —Fuentes que prefiero no revelar en este momento. Lo importante es que tienes las armas que necesitas para defenderte. Y para atacar.
Mientras examinaba los documentos, Valeria sentía una mezcla de miedo y excitación. Esta era su oportunidad. Su oportunidad de cambiar no solo su destino, sino el de todo el imperio.
—¿Y si falla?—preguntó, su voz apenas un susurro. —¿Y si Cassian logra desacreditarme antes de que pueda exponerlo?
—Entonces los Guardianes te protegerán—respondió Aurelius con firmeza. —Tenemos recursos, influencia, formas de sacarte de la capital si es necesario. Pero no llegaremos a ese punto. Tengo fe en ti, Valeria. Tengo fe en que podrás hacer lo necesario.
La confianza en su voz la desconcertó. ¿Por qué confiaba en ella? ¿Qué veía en ella que ella misma no podía ver?
—¿Y Alistair?—preguntó, cambiando de tema. —¿Qué papel juega en todo esto?
Aurelius frunció el ceño, su expresión preocupada. —Alistair es la variable desconocida. No está aliado con Cassian, pero tampoco es nuestro aliado. Busca algo diferente, algo más peligroso. Y le teme a tu influencia, a tu capacidad para alterar sus propios planes.
—¿Y qué planes son esos?—exigió Valeria. —¿Qué quiere realmente?
—No estamos seguros—admitió Aurelius. —Pero tenemos razones para creer que está buscando algo que se perdió hace siglos. Algo que podría cambiar fundamentalmente la naturaleza del imperio. Algo que podría darle el poder absoluto que tanto anhela.
La idea la heló hasta los huesos. ¿Qué podría ser tan poderoso? ¿Qué secreto guardaba el imperio que podría otorgar tal poder a quien lo descubriera?
—Necesito saber más—dijo Valeria, su decisión tomada. —Necesito entender qué está buscando Alistair antes de que lo encuentre.
—Y lo harás—respondió Aurelius con confianza. —Pero primero debes lidiar con Cassian. Primero debes demostrarle a la corte que no eres una pieza en su juego, sino una jugadora con sus propias reglas.
Mientras se retiraba por el pasadizo, Valeria se quedaba sola en la cámara secreta, los documentos de Cassian en sus manos y el peso del futuro del imperio sobre sus hombros. Tenía un plan, pero era arriesgado. Peligroso. Y no tenía garantía de que funcionara.
Pero mientras observaba los mapas y los documentos, sintió algo que no había sentido desde su regreso: esperanza. Esperanza de que esta vez fuera diferente. Esperanza de que pudiera cambiar no solo su destino, sino el de todo el imperio.
—Estoy lista—se susurró a sí misma, aunque no estaba completamente segura de creerlo. —Esta vez, no fallaré.
Mientras salía del pasadizo y regresaba a la biblioteca, Valeria sentía cómo el mundo cambiaba a su alrededor. Ya no era la villana odiada que había sido ejecutada por sus crímenes. Era una renacida con un propósito, una jugadora en un juego mucho más grande y complejo de lo que había imaginado. Y estaba decidida a ganar, sin importar el costo.