¡Al diablo con los protagonistas sufridos que lloran en un rincón! 💥
Dante era el Emperador del Caos, un dios místico que aplastaba deidades por diversión. Ahora reencarnó en el cliché más quemado de Internet: un yerno residente "bueno para nada". Su suegra le grita por no lavar los platos, los primos millonarios lo humillan y él... se está muriendo de la risa mientras hace breakdance con la escoba.
Para colmo, su alma despertó un Sistema que es un completo troll de internet. ¿La regla del juego? Entre más insoportable y predecible sea el villano, ¡más billones de dólares y poderes divinos recibe Dante por romperle el guion de la forma más ridícula posible!
⚡ En esta novela vas a encontrar:
Peleas brutales en sandalias de goma contra mafias armadas hasta los dientes.
Curaciones médicas milagrosas usando una tostadora vieja y un tenedor.
Una fría esposa CEO que no sabe si enamorarse de él o internarlo en un manicomio.
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Capitulo 22: El Uso de los 100 Millones
Doña Helena Vega mantenía la espalda tan rígida que parecía esculpida en el mármol más rancio de la alta sociedad. Su mirada, cargada con el veneno de quien se cree dueño del aire que respiran los demás, seguía fija en las chanclas verdes de goma de Dante, como si la simple presencia del plástico barato estuviera devaluando la plusvalía del restaurante.
Con un movimiento lento, coreografiado para denotar una superioridad absoluta, la matriarca abrió su bolso de piel de cocodrilo. Deslizó los dedos y extrajo una chequera de piel sintética con el escudo de armas de la familia grabado en letras doradas. Sacó una pluma estilográfica de oro y, con trazos firmes y elegantes, firmó un cheque.
Lo arrancó con un crujido seco y lo deslizó por la mesa, deteniéndolo justo al lado del plato de pan de Dante.
—Diez mil dólares —sentenció Doña Helena, cruzándose de brazos mientras miraba a Dante con el mismo asco con el que se mira a una mancha de grasa en una alfombra fina— Es más dinero del que has visto junto en toda tu patética existencia de mantenido. Tómalo, firma los papeles del divorcio que mi abogado te enviará mañana y desaparece de la vida de mi hija antes del amanecer. Considera esto un acto de caridad para que puedas comprarte ropa que no parezca sacada de un contenedor de basura de hospital.
Valeria abrió la boca para protestar, con el rostro encendido de rabia, pero Dante levantó una mano, deteniéndola con una pereza monumental.
Dante Cruz miró el pedazo de papel sobre la mesa, se acomodó el palillo en la boca y se giró directamente hacia ti, clavándote una mirada de pura diversión descarada.
—A ver, mis estimados contadores de historias urbanas, entremos de lleno al Cliché Número Dieciocho de nuestra guía de supervivencia —te susurró Dante, guiñándote el ojo— «El cheque de la humillación que se convierte en un búmeran financiero». Los villanos corporativos de nivel bajo siempre piensan que diez mil dólares es una fortuna mística capaz de quebrar la voluntad de un hombre. Pero muchachos... cuando el Sistema te acaba de depositar cien millones de dólares limpios de polvo y paja en tu cuenta de platino negro, un cheque de diez mil dólares no sirve ni para limpiar las aspas de la licuadora mística. Observen cómo hackeamos los bienes raíces de la aristocracia en tres clics.
Dante soltó una carcajada limpia, ruidosa e irreverente que hizo que el pianista del restaurante fallara una nota en el teclado.
—¿Diez mil pesitos, suegrita? —Dante tomó el cheque con dos dedos, lo dobló a la mitad y lo usó para nivelar una pata de la mesa de caoba que bailaba un poco— Vaya, agradezco el gesto para las propinas de los repartidores de pizza, pero creo que su presupuesto para deshacerse de los yernos está un poco desactualizado. Déjeme mostrarle cómo funciona la verdadera liquidez en la era digital.
Dante sacó su teléfono celular —un modelo genérico con la pantalla estrellada en una esquina y una funda de plástico amarillenta por el uso— Con total tranquilidad, desbloqueó el aparato, ignorando las notificaciones de su juego de Honor of Kings, y abrió la aplicación de banca privada de la tarjeta de platino negro.
Sus dedos se movieron con la velocidad cegadora de los 'Pasos del Vago Divino'. Entró al servidor del Banco Central Familiar —el mismo que el Sistema le había otorgado tiempo atrás— y localizó el registro de propiedades de la cartera de clientes de alto riesgo.
—Bip. Bip. ¡Aceptado!—
🖥️ [SISTEMA TROLL: ADQUISICIÓN DE ACTIVOS EN TIEMPO REAL]
[PROPIEDAD DETECTADA]: Mansión Ancestral Vega (Hacienda Los Laureles).
[ESTADO DE DEUDA]: Hipoteca activa con el Banco Central Familiar por un valor de
85,000,000 USD.
Nivel de descaro bancario: 100% (Rango: Tiburón de Pijama).
Un sutil destello de luz púrpura neón brilló en la pantalla del teléfono de Dante por un milisegundo. Exactamente tres segundos después, la tableta ejecutiva que Doña Helena tenía dentro de su bolso comenzó a emitir una alerta sonora de alta prioridad financiera.
La matriarca frunció el ceño, extrajo la tableta y miró la pantalla. Sus ojos, antes fríos y calculadores, se abrieron de golpe con un horror absoluto. El color de su rostro desapareció, pasando de un gris perla a un blanco hospitalario en un parpadeo.
«Notificación Oficial del Banco Central Familiar: Su hipoteca por $15,000,000 USD ha sido liquidada en su totalidad por un comprador privado. El título de propiedad de la Hacienda Los Laureles ha sido transferido legalmente al fideicomiso 'Vago Divino S.A.' El desalojo o renegociación de contrato entra en vigor de inmediato.»
—Esto... esto es un error del sistema... —balbuceó Helena, con las manos temblando de tal manera que casi deja caer la tableta sobre el plato de ensalada— ¡Mi mansión...! ¡Nadie puede comprar la hipoteca sin mi consentimiento! ¡¿Quién demonios es el dueño de ese fideicomiso?!
Dante Cruz guardó su teléfono en el bolsillo de su pijama de ositos, se cruzó de brazos y le dedicó una sonrisa de lado que exudaba una desvergüenza monumental.
—Felicidades, suegrita. Acaba de conocer a su nuevo casero —sentenció Dante, haciendo sonar su chancla contra el suelo— El giro de la trama es que yo no necesito su dinero, pero parece que usted sí necesita mi autorización para dormir bajo techo esta noche.
Valeria Vega miraba a su esposo con la boca completamente abierta, alternando la vista entre la tableta de su madre y la sonrisa cínica de Dante. El cerebro de la CEO operaba a máxima capacidad, pero la matemática del Caos simplemente se escapaba de cualquier lógica empresarial.
Dante se inclinó hacia adelante sobre la mesa, clavando sus ojos oscuros en la pálida matriarca.
—Mire, Doña Helena, como soy un hombre de familia y respeto las tradiciones, no voy a mandar a las grúas a sacar sus muebles de época a la calle —dijo Dante con una calma exasperante— Vamos a hacer un trato de buena vecindad. Le voy a permitir seguir viviendo en la mansión principal. La renta será simbólica... digamos, unos cinco dólares al mes, lo mismo que vale el Rolex que le voy a regalar a un vagabundo mañana. Pero hay una cláusula de rescisión inmediata en el contrato místico.
Dante señaló a Valeria con un gesto del mentón.
—A partir de este preciso segundo, si usted vuelve a llamarle a mi esposa para extorsionarla, si vuelve a defender al inútil de Mauricio, o si tan solo respira con un tono clasista cerca de Cosméticos Vega... cancelo el contrato. Y créame, suegrita, a su edad debe ser muy incómodo tener que buscar un departamento de interés social porque su yerno en chanclas la corrió de su propio castillo. Así que... ¿cenamos en paz o le pido el recibo de depósito de una vez?
Doña Helena Vega se quedó congelada, con la pluma de oro suspendida en el aire, mirando al hombre que acababa de comprar su orgullo entero entre el plato fuerte y el postre. Dante volvió a mirar a la "cámara", te guiñó el ojo con total soltura y tomó un trozo de pan, listo para el siguiente round de humillación aristocrática.