Una hora antes de su boda, Evelyn descubre que su prometido se casará con otra: su propia hermana. Y sus padres, como siempre, están de su lado.
Cinco años después, vive en un matrimonio vacío con un hombre que sonríe en la mesa y desea a otra mujer. Pero esta vez Evelyn ya no llora, no suplica y no calla. Con pruebas en la mano y una calma que nadie espera, decide cobrar cada una de las deudas que su familia nunca quiso reconocer.
Lo que no imagina es que, entre el divorcio, el escándalo y los golpes bajos, un hombre poderoso, de mirada intensa y pasado oscuro, la ha estado esperando desde aquella noche en la colina.
Ethan Bennett puede comprar casi todo. Lo único que quiere es a ella.
Un matrimonio por contrato. Reglas claras. Una familia que se desmorona. Y un corazón herido que, contra todo pronóstico, está a punto de aprender a confiar de nuevo.
Después de la tormenta, siempre sale el sol… si eres lo bastante valiente para cruzarla.
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Capítulo 14
En la sala había una tensión espesa. Todos tenían el rostro marcado por una frustración que ninguno lograba disimular.
La determinación de Evelyn los había dejado a todos tambaleándose. Lo que exigía sería un desastre si no se cumplía.
—Papá, ¿qué hacemos? Evelyn de verdad no va a dejar que me case con Gavin si no recibe esos cincuenta mil dólares.
Vanessa hablaba con la cara bañada en lágrimas. El brillo de su collar de diamantes ya no lograba iluminarle el gesto como antes.
—Ya no me queda dinero —dijo Robert, con la voz vacía—. El terreno que vendí ayer fue lo último que tenía esta familia.
—Nessa, sería mejor que devolvieras el collar —sugirió su madre.
—No, mamá —se negó Vanessa de plano—. Ya les dije a mis amigas que lo voy a lucir en mi boda.
—Pero no tenemos otra opción, Nessa. Tu padre ya gastó todos los bienes de esta familia, y por ti. Ahora no nos queda nada. Hasta los ahorros se acabaron pagando tu boda con Gavin.
Susan parecía totalmente derrotada. Por la hija mayor, la más consentida, ella y su esposo habían gastado hasta el último bien que tenían.
Vanessa quiso estudiar en una universidad prestigiosa en el extranjero: vendieron un terreno y una villa. Vanessa quiso un auto: vendieron otro terreno. Y ahora Vanessa quería casarse con Gavin: habían vaciado de buena gana los ahorros de su retiro.
Hasta le habían entregado a Vanessa los cincuenta mil dólares que exigía Evelyn.
—Por eso mismo, mamá, esta boda tiene que seguir adelante. No se puede cancelar.
La voz de Vanessa se elevó hasta un chillido que llenó la sala.
—Gavin, ¿puedes ayudarnos?
El hombre que había permanecido en silencio todo ese tiempo, perdido en sus pensamientos, salió de ellos de golpe. Lo estaban arrastrando a un lío que, en realidad, había empezado con Vanessa.
—¿Con qué, papá? —preguntó Gavin, sin entender.
—Con los cincuenta mil dólares. ¿Podrías dárselos a Evelyn?
Gavin esbozó una sonrisa amarga.
—Lo siento, papá. Eso sí que no puedo. Ya le di a Evelyn la mitad de mis bienes. Lo que me queda es muy poco, apenas para cubrir la mitad de los gastos de la boda que acordamos.
—Podrías vender tu casa, Gavin —propuso Vanessa.
—No puedo —se negó él—. Mis padres jamás lo aceptarían.
—Es tu casa. Tus padres no tienen derecho a meterse en tus asuntos.
—Sí tienen derecho a meterse, Nessa —replicó Gavin—. La mitad del dinero para comprar esa casa salió de ellos.
El silencio volvió a caer sobre la sala. Vanessa se jaló el cabello, furiosa. Bastó un acto de rebeldía de Evelyn para que las consecuencias ya fueran tan enormes.
—Mañana vienen mis padres. Y si Evie les enseña el video de nuestra aventura, entonces sí que todo se acabó, Nessa.
Gavin presionó más a Vanessa. Ella tenía que entender las consecuencias de lo que había hecho.
Si sus padres se enteraban de que él y Vanessa habían estado juntos a espaldas de Evelyn, no había forma de que dieran su bendición.
Lo más probable era que a Gavin también lo borraran de la lista de herederos. Y eso, por supuesto, sería una pérdida enorme para él y para Vanessa.
—¡Esa zorra de Evelyn! —gritó Vanessa—. ¡Ojalá te mueras de la peor manera, violada por algún delincuente asqueroso en plena calle!
La bofetada le restalló en la cara y le giró la cabeza de lado. Fue tan rápida, tan fuerte, tan ardiente.
Vanessa se quedó un momento muda de la impresión. Le costaba procesarlo, aceptar que lo ocurrido era real y no un fantasma de su cabeza.
—M-mamá… —gimoteó.
Las lágrimas le cayeron con más fuerza.
—¿Fuiste capaz de abofetearme? ¿Qué hice mal, mamá?
—¿Todavía tienes el descaro de preguntar qué hiciste mal? ¡Dijiste cosas viles, impronunciables, sobre tu hermana!
—Es pura basura, nunca la quisieron en esta familia desde el principio. Es peor que un perro callejero. ¿Para qué la defiendes, eh?
—¡También es mi sangre, tu hermana! —gritó Susan, indignada. Ahora lloraba ella también. Tenía el corazón hecho trizas.
Por primera vez entendía de verdad por qué Evelyn había cambiado. Todo era por culpa de ellos, porque nunca le habían mostrado ni una pizca de cariño.
—¡Jamás voy a rebajarme a llamar hermana a Evelyn! Jamás. —Hizo una pausa para llenarse los pulmones de todo el aire que pudo, tratando de aflojar la opresión que le aplastaba el pecho—. ¡Ya van a ver! Si Evelyn de verdad cancela mi boda con Gavin, me mato. Me muero delante de todos ustedes, para que carguen con el remordimiento.
Vanessa gritó con la misma fuerza. Los ojos le ardían de un odio clavado hasta el hueso.
Gavin, que lo veía todo, solo pudo quedarse paralizado. Nunca había imaginado que la mujer a la que creía tan dulce y bondadosa pudiera tener un lado tan duro y cruel.
* * *
A la mañana siguiente, a las diez en punto, Robert hizo bajar a Evelyn.
Ella frunció el ceño. Antes de que hubiera pasado nada, ya había una atmósfera de tensión cubriendo la sala.
El rostro de su padre estaba duro como piedra. Su madre solo la observaba, afligida, como si le suplicara algo en silencio. Y un hombre corpulento, con una enorme cadena de oro al cuello, la miraba con una amplia sonrisa que, aun así, ocultaba una ambición y una astucia descomunales.
—¿De qué se trata esto?
Evelyn habló antes de terminar de acomodarse en el sillón individual.
Robert resopló.
—¿De verdad quieres esos cincuenta mil dólares?
—Por supuesto —asintió Evelyn.
Su padre se mostró aún más irritado. De un solo movimiento, lanzó sobre la mesa una carpeta con la escritura de la casa.
—¡Mira bien! —ordenó Robert—. Esta escritura va a quedar empeñada con el señor Stone. Es el usurero más famoso y despiadado de esta ciudad. No dudará en quedarse con nuestra casa en cuanto me atrase en un solo pago. Pero ¿qué opción tengo? Tú quieres ese dinero a como dé lugar, y lo único que nos queda es esta casa.
Chantaje moral, entonces.
Evelyn sonrió con cinismo y volvió la vista hacia el hombre corpulento. Cuando sus miradas se cruzaron, él asintió, como indicándole que no cambiara de idea.
—Entonces, ¿para qué me cuentas todo esto, papá? —preguntó Evelyn, con expresión de inocencia.
Robert titubeó. No esperaba que Evelyn no sintiera ni el más leve atisbo de culpa.
Su hija siempre atenta ya se había ido de verdad.
—Solo quería que supieras de dónde sale ese dinero.
—Pues ya lo sé. Entonces, ¿qué esperas? Apúrate a arreglar tus asuntos con el señor Stone para que yo reciba mi dinero cuanto antes.
—Evie, tú…
A Robert le temblaron los párpados. Al principio solo había estado parado, distraído, al borde del precipicio. Pero Evelyn se había acercado y lo había empujado, mandándolo de cabeza al vacío.
—¡Apúrate, papá! El señor Stone no tiene mucho tiempo. ¿No es así, señor Stone?
El hombre corpulento se rio.
—Así es. ¡Resulta que eres muy lista y razonable, niña!