Ella huye de un pasado mágico y de un alma gemela que se convirtió en monstruo. Él es un humano de hierro, capitán de inteligencia, que solo vive para su trabajo. Ella caza abusadores por las noches; él los persigue por el día. Un caso los une, la necesidad de justicia los mantiene juntos, y un amor inesperado los acecha en medio de la investigación más peligrosa de sus vidas. En esta cacería, nadie es lo que parece y el amor es el único misterio que no saben cómo resolver.
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Capitulo 7: Dos depredadores, una herida
El aire dentro del orfanato "Luz del Mañana" se ha vuelto físicamente pesado, una masa de estática invisible que eriza el vello de los brazos. Zoe se mueve con la fluidez de una pantera entre las sombras, su bota de tacón bajo apenas produciendo un roce contra el suelo de linóleo. Para cualquier observador humano, ella es simplemente una auxiliar moviéndose con rapidez; pero para los culpables, ella se esta convirtiendo en el centro de un vórtice.
Zoe siente la presencia de Alarik y los tenientes moviéndose en los pisos inferiores. Puede percibir el aura del Capitán: una columna de hielo negro, rígida, autoritaria y cargada de una furia tan antigua y profunda como la suya. Son dos depredadores marcados por cicatrices invisibles, compartiendo un odio que no necesita palabras para ser comprendido.
__Todavía no es hora de que mueran__. Se recordó Zoe, reprimiendo el impulso de materializar una hoja de energía en su mano.
__En este mundo, la basura debe ser entregada a la ley... después de que yo haya desmantelado sus mentes__.
Al doblar la esquina del pasillo administrativo, se topó con dos guardias de seguridad. Son hombres corpulentos, con rostros curtidos por la indiferencia, de esos que duermen tranquilos después de vigilar celdas llenas de niños. Zoe no se detuvo. Sus ojos violetas destellaron con una intensidad sobrenatural, pero solo por un milisegundo, lo suficiente para proyectar una ilusión.
En el pasado, Zoe usaba su magia para crear mariposas de luz que danzaban en el aire para su propio deleite. Ahora, esa misma energía se retuerce. Las "mariposas" se convirtieron en agujas invisibles de pánico.
__¿Qué demonios...?__. Balbuceó uno de los guardias, llevándose la mano a la garganta.
Zoe pasó junto a ellos sin tocarlos. No fue necesario. Con un sutil movimiento de sus dedos ocultos en los pliegues de su vestido negro, alteró la percepción del entorno. Para los guardias, el pasillo comenzó a estrecharse, las paredes de cemento se volvieron blandas y empezaron a supurar un líquido oscuro que trepa por sus botas. El pánico, una herramienta que Zoe maneja con precisión, los hizo caer de rodillas, asfixiados por una claustrofobia mágica que nadie más puede ver.
__Disfruten de su propia oscuridad__. Susurró ella, su voz apenas un suspiro gélido que se perdió en el estruendo del silencio.
Mientras tanto, en la entrada principal, el Capitán Alarik Black avanza con su arma reglamentaria en mano. Cada uno de sus pasos es una sentencia. No grita órdenes; su sola presencia dicta el ritmo de la incursión. Los tenientes López, Contreras y Suárez lo siguen de cerca, sintiendo que el aura de su Capitán es tan tóxica y asfixiante que les costa respirar.
__Aseguren el perímetro. Nadie sale de aquí__. Ordenó Alarik. Su voz no es humana; es el crujido de una lápida cerrándose.
Alarik sintió un escalofrío recorrer su nuca. Hay algo en el aire, una fragancia a ozono y flores marchitas que le resulta extrañamente familiar, aunque no puede precisar de dónde.
Es la marca de Zoe. Cada vez que se acercaba a donde ella ha estado, siente una vibración en sus propios traumas, como si el dolor de su pasado reconociera a un igual en la sombra que acecha el edificio.
Black derribó la puerta de la oficina del director. El hombre, un tipo obeso con un traje caro que huele a tabaco y culpa, intenta destruir documentos en una trituradora.
Alarik no disparó. Se acercó con una lentitud aterradora, guardó su arma y lo tomó del cuello de la camisa con una sola mano, levantándolo del suelo.
__Los niños hablaron de monstruos__. Dijo Alarik, sus ojos oscuros clavados en los del director como estacas.
__Yo soy el que los devuelve al infierno__.
Zoe ha llegado al corazón de la red: una habitación insonorizada detrás de la lavandería. Allí, tres hombres (clientes, cómplices, escoria) se agrupan alrededor de una mesa, ajenos aún al caos que se desata afuera. Estan revisando el "catálogo" que ella había visto antes.
El deseo de Zoe de ver sus cabezas rodar por el suelo es casi insoportable. Su magia, su herencia de princesa maga, clama por ser usada como un hacha. Pero Alarik esta cerca. Puede sentir su pesadez en el piso de arriba.
Tiene que ser sutil. Tiene que ser eficiente.
Extendió las manos y las luces de la habitación parpadearon. El color violeta, antes un símbolo de realeza y belleza, se filtró por las rendijas de ventilación como una niebla imperceptible.
__¿Quién está ahí?__. Preguntó uno de los hombres, desenfundando una pistola con manos temblorosas.
Zoe no respondió con palabras. Usó su poder para jugar con los sonidos. El llanto de una niña comenzó a sonar en todas las esquinas de la habitación, un eco distorsionado que parece provenir de las paredes mismas. Los hombres se pusieron de espaldas uno contra otro, disparando a las sombras.
__Es solo un truco de la mente__. Siseó Zoe desde la oscuridad, moviéndose tan rápido que solo ven un destello negro.
__O tal vez es su conciencia cobrando la factura__.
Con un movimiento fluido, Zoe apareció detrás del primer hombre. No usó magia de ataque directo; usó la cinética de su entrenamiento policial potenciada por su fuerza interior. Un golpe seco en el nervio vago y el hombre cayó como un fardo, sus ojos en blanco. Antes de que los otros dos pudieran reaccionar, ella ya esta sobre el segundo, rompiéndole la muñeca con un giro técnico y enviando su arma volando hacia la oscuridad.
El tercero intentó correr hacia la salida, pero Zoe levantó un dedo. Una pequeña chispa violeta, invisible para el ojo humano bajo la luz parpadeante, golpeó el suelo frente a él. El hombre tropezó con una raíz invisible de energía y cayó de bruces, golpeándose contra el borde de metal de una mesa.
Zoe se paró sobre ellos. Son sus presas. Puede sentir el pulso de sus miedos. Quiere torturarlos, quiere arrancarles la piel como ha hecho en las mazmorras con otros monstruos, pero el eco de las botas de Alarik ya se escucha en la escalera.
__No se mueran todavía__. Les advirtió, su voz cargada de una promesa de dolor futuro.
__La justicia humana los encerrará, pero yo... yo los visitaré en sus sueños cada noche. Y en sus sueños, no habrá muros que me detengan__
Cuando Alarik irrumpió en la habitación, seguido por los tenientes, se encontró con una escena desconcertante. Los tres sospechosos estan en el suelo: uno inconsciente, otro llorando de dolor con la muñeca destrozada y el tercero murmurando incoherencias sobre "ojos de color fuego violeta".
En el rincón más oscuro, Zoe esta de pie, aparentemente recuperando el aliento, con el vestido ligeramente desarreglado y una expresión de "horror" fingido que oculta perfectamente su gélida satisfacción.
__Capitán... llegaron a tiempo__. Dijo Zoe, su voz volviendo a esa neutralidad profesional, aunque sus ojos siguen vibrando con una energía que Alarik no puede ignorar.
Alarik caminó hacia ella, pasando por encima de los cuerpos de los criminales sin mirarlos. Se detuvo a escasos centímetros de Zoe. El ambiente entre ellos es peligroso, una mezcla de sospecha y un magnetismo fatal nacido del reconocimiento del mismo vacío interno.
__Sargento__. Dijo Alarik, su voz baja, casi un rugido.
__Usted se mueve muy rápido para ser tan jóven__. Zoe sostuvo la mirada. No parpadeó. Sus ojos violetas, que él atribuye a una anomalía genética, parecen absorber la poca luz de la habitación.
__La adrenalina hace milagros, Capitán. Al igual que el deseo de ver a estos asquerosos tras las rejas__. Respondió ella, desafiante.
Alarik entrecerró los ojos. Sabe que ella mentía. Sabe que hay algo más en Zoe, algo que trasciende lo imposible, algo que se parece peligrosamente a la justicia que él mismo anhela impartir. Pero en este momento, con los refuerzos llegando y las sirenas de la policía iluminando el exterior del orfanato con destellos rojos y azules, no es el momento de cuestionarla.
__Llévenselos__. Ordenó Alarik a los tenientes, sin quitar la vista de Zoe.
__Y asegúrense de que reciban atención médica. No quiero que mueran antes de que el interrogatorio empiece__.
Zoe esbozó una sonrisa casi imperceptible, una mueca de victoria que solo Alarik captó. Ella sabe que, para estos hombres, la prisión será solo el comienzo. Ella ya ha plantado la semilla de su locura mágica en sus mentes; cada vez que cierren los ojos, veran el violeta, escucharan los gritos de sus víctimas y sentiran el frío de la princesa que se convirtió en verdugo.
__Buen trabajo, Sargento__. Añadió Alarik, su tono rozando una advertencia.
__Pero la próxima vez, espere a su equipo. No quiero tener que limpiar sus rastros__.
__No habrá rastros que limpiar, Capitán. Nunca los hay__. Concluyó Zoe, dándose la vuelta para salir del edificio, dejando a Alarik sumido en un mar de dudas y en una certeza aterradora: ella es la única persona en el mundo que podría entender la oscuridad que él lleva dentro.
Zoe camina hacia la salida, pasando junto a la niña del jardín que ahora es subida a una ambulancia. Zoe no la miró, pero un pequeño destello violeta voló desde su mano hacia la niña, una bendición silenciosa para que, por primera vez en mucho tiempo, duerma sin ver monstruos. Detrás de ella, el orfanato permanece como un monumento al horror, pero dentro de Zoe, el fuego de la venganza arde con más fuerza que nunca. La cacería apenas esta empezando.
se vuelven justicieros en un mundo decadente.
que buena esta está historia y lo que falta