Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
NovelToon tiene autorización de A.Gaby para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La copa equivocada.
—Hola, señorita —dijo el hombre —. Estoy soltero. Me llamo Santiago. Tengo treinta y cuatro años.
Sonia lo miró de arriba abajo sin disimular.
—Vaya… —dijo con una pequeña sonrisa—. Buen dato.
Luego levantó su vaso.
—Yo me llamo Sonia. Tengo veintitrés añitos… y soy solterita.
Hizo una pausa y lo miró con picardía.
—Para ti, guapo.
Santiago soltó una pequeña risa.
—Veo que eres directa.
—Siempre —respondió Sonia.
Y así comenzaron a conversar.
La música del antro seguía fuerte, pero entre ellos parecía que el ruido desaparecía.
Sonia decia chistes graciosos y Santiago no podía evitar reírse.
—No puedo creer que hayas rechazado a ese tipo tan fácil —dijo Santiago recordando la escena con Rogelio.
—Ay, por favor —respondió Sonia—. Ese se cree el guapo, el macho conquistador.
Santiago volvió a reír.
—Tienes carácter.
—Tengo experiencia —respondió ella.
Mientras hablaban, por un momento Sonia se olvidó completamente de Paula.
Pero en otro lugar del antro…
Paula estaba en el baño.
Rogelio estaba con ella con la puerta principal cerrada.
—Escucha bien —dijo Paula en voz baja—. El plan es simple.
Rogelio la miraba atento.
—Voy a ofrecerle una copa a mi prima.
Se acercó más a él.
—Después la traeré aquí… y tú te la llevas.
Rogelio asintió.
—Y ya sabes qué hacer.
Paula sonrió con maldad.
—No puede fallar.
Antes de salir del baño, ambos se acercaron demasiado.Rogelio subió a Paula en el lavamanos y le dijo tengo a mi amigo activo sin decir más le hizo alado la tanga y comenzó la acción entre los dos...
La tensión entre ellos era evidente.
En pocos minutos dejaron claro que su relación no era solo un negocio.Al terminar
Paula se acomodó el cabello frente al espejo.
—Perfecto.
Salieron del baño como si nada.
Mientras tanto, Sonia seguía conversando con Santiago en la barra.
—Debo admitir algo —dijo Santiago—. No esperaba conocer a alguien tan interesante esta noche.
Sonia sonrió.
—La vida sorprende.
En ese momento Paula se acercó.
—Prima —dijo con dulzura.
Sonia giró.
—Ah, aquí estás.
Paula llevaba una copa en la mano.
—Ten —dijo—. Brindemos por nosotras.
Sonia estaba tan concentrada en la conversación con Santiago que no pensó demasiado.
Tomó la copa.
—Salud —dijo.
Y bebió.
Paula sonrió discretamente.
Luego se alejó.
—Ya vengo —dijo antes de desaparecer entre la gente.
Sonia siguió conversando con Santiago unos minutos más.
Pero algo comenzó a sentirse extraño.
Un ligero mareo.
Entonces de pronto recordó.
Sus ojos se abrieron un poco.
—¡Que tonta fui! —pensó.
—La copa…
Miró a Santiago.
—Santiago…
—¿Sí?
—Hazme un favor.
Él notó algo raro en su voz.
—¿Qué pasa?
—Sácame de aquí —dijo Sonia—. Llévame a esta dirección.
Le mostró algo en su teléfono.
Santiago la miró preocupado.
—¿Estás bien?
—Solo vámonos.
El hombre dudó unos segundos.
Pero finalmente asintió.
—Está bien.
Salieron del antro rápidamente.
En el auto, Sonia respiraba profundo.
Al principio tenía miedo.
No conocía realmente a Santiago.
Pero luego lo miró de reojo.
—Está guapo… —pensó.
Y soltó una pequeña sonrisa.
—No me importa.
—Si pasa algo… tampoco será el fin del mundo.
Mientras conducían, Sonia empezó a comportarse un poco extraña.
Santiago lo notó.
—Oye… ¿te sientes bien?
Sonia negó lentamente.
—No.
Respiró profundo.
—Creo que me drogaron.
Santiago frunció el ceño.
—¿Qué?
—Mi prima.
Santiago tomó una decisión.
—Te voy a llevar con un doctor.
Pero Sonia negó inmediatamente.
—No.
—Necesitas ayuda.
—No quiero ir al médico.
Santiago la miró sorprendido.
—Entonces… ¿qué quieres hacer?
Sonia lo miró fijamente.
—Vamos a un hotel.
Santiago se quedó en silencio.
—¿Qué?
Sonia respiró hondo.
—No va a haber compromiso.
Sus ojos brillaban un poco por el efecto de la droga.
—Solo disfruta el momento.
El silencio dentro del auto se volvió pesado.
Santiago estaba claramente confundido.
—No estoy seguro de que estés pensando con claridad.
Pero Sonia se inclinó un poco hacia él.
—Guapo…
—No hay compromiso.
—Solo esta noche.
Santiago dudaba.
—No quiero aprovecharme de ti si no estás bien.
Pero Sonia sonrió.
—Estoy perfectamente consciente de lo que digo.
El auto se detuvo en un semáforo.
Ella se acercó más.
—Tranquilo.
—No habrá promesas.
—Ni mañana.
Lo miró fijamente.
Santiago respiró profundo.
—Espero que recuerdes esto mañana.
Sonia sonrió con picardía.
—Créeme…
—No lo voy a olvidar.