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La Princesa de la Mafia

La Princesa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Escuela / Mafia / Autosuperación / Venganza de la protagonista / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: Queenvyy27

Aurelia era una chica común y corriente, obsesionada con las novelas. Una noche, tras llorar por el trágico destino de su personaje favorito, despierta dentro de la historia y descubre que ahora habita el cuerpo de Aurelia Cassano: la antagonista consentida, hija del jefe de la mafia más temida del país.

El problema es que conoce el final: en la novela original, Aurelia Cassano muere asesinada a los veinticuatro años. Y el causante indirecto de su muerte es nada menos que Arsa Wirayuda, el protagonista masculino: frío, despiadado, irresistible... y el hombre del que la Aurelia original estaba perdidamente enamorada.

Para sobrevivir, Aurelia traza un plan: alejarse de Arsa, evitar los conflictos con la protagonista original y reescribir su destino. Pero la vida dentro de una novela de mafia no es tan sencilla. Entre conspiraciones familiares, enemigos que la quieren muerta, pandillas rivales y secretos oscuros que ni la novela revelaba, Aurelia descubre que cambiar la trama es mucho más difícil de lo que imaginaba.

Y lo peor de todo: Arsa, el hombre al que debería evitar a toda costa, no deja de acercarse. Con sus ojos negros como la noche, su actitud posesiva y esos momentos inesperados de ternura que derrumban todas sus defensas, Aurelia se enfrenta a la pregunta más peligrosa de todas: ¿puede reescribir una historia de amor sin caer en ella?

Entre peleas callejeras, intrigas corporativas, venganzas implacables y un romance que arde lento pero con la fuerza de un incendio, Aurelia demuestra que ser la villana nunca fue su destino. Tal vez siempre fue la heroína que esta historia necesitaba.

NovelToon tiene autorización de Queenvyy27 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7 — La banda Orchi

Aurelia dejó escapar un largo suspiro al llegar al estacionamiento de la clínica. Se sujetaba el brazo izquierdo con la mano derecha; aún le dolía por el pinchazo de la aguja. Desde donde estaba distinguió a dos guardaespaldas plantados junto a su auto. Eran los mismos a los que había dejado atrás.

Al principio se habían alarmado al rastrear el coche de Aurelia hasta una clínica de las afueras. Pero, tras comprobar y averiguar lo ocurrido, pudieron respirar tranquilos: a la señorita que debían custodiar no le había pasado nada.

Por ahora nos salvamos de morir a manos de nuestro jefe despiadado, pensó uno de los guardaespaldas.

—La llave del auto, señorita —pidió con cortesía uno de ellos, llamado Bernardo.

Aurelia se sentía agotada. Sin oponer resistencia, le entregó la llave.

El poder de la mafia no es ninguna broma. Por más que uno se esconda, siempre lo encuentran, se dijo para sus adentros.

En una mansión imponente, dos hombres de edades distintas esperaban la llegada de Aurelia en el salón.

Eran Valentín y Alejandro. Una hora antes, sus hombres les habían informado de que Aurelia estaba en una clínica de las afueras.

¿Qué hace esa chica allí?, se preguntaron padre e hijo.

La noticia los había alarmado, pero poco después sus hombres volvieron a avisar de que Aurelia se encontraba bien.

El parte les arrancó a ambos un suspiro de alivio.

Llevaban ya una hora aguardando, y la esperada no aparecía.

Clic.

La puerta se abrió y entró una chica preciosa, arrastrando los pies con desgana, hacia el salón de la mansión de los Cassano.

Al ver a su hija cruzar el umbral, Valentín se abalanzó a abrazarla.

—Cariño, ¿qué pasó? —preguntó.

Aurelia se sobresaltó por el abrazo repentino de su padre. Se quedó callada, sin responder. Qué calor más reconfortante, pensó.

En su vida anterior, Aurelia jamás había conocido el abrazo de un padre. Aunque el suyo vivía, era como si hubiera quedado huérfana desde la cuna.

Todavía entre los brazos de Valentín, su vista se cruzó con la de Alejandro, que llevaba un buen rato observando la escena entre padre e hija.

Aurelia no se atrevió a sostenerle la mirada demasiado tiempo: aquellos ojos eran penetrantes, aunque dejaban traslucir cierta inquietud.

Tras un largo rato en el abrazo, dijo algo que ninguno de los dos esperaba:

—Perdón por preocuparlos. —Se sentía culpable. Era consciente de haberles dado un disgusto. La antigua Aurelia jamás habría pronunciado una disculpa.

—Yo...

Iba a seguir hablando, pero Valentín la interrumpió.

—Ya, no pasa nada. Sube a descansar —ordenó.

Aurelia subió a su habitación. Una vez más, sus ojos se encontraron con los de Alejandro, que la miraba con frialdad. Qué incómodo es todo esto, pensó.

Valentín dio instrucciones a varios sirvientes para que atendieran a su hija.

Luego invitó a Alejandro a su despacho para hablar de lo sucedido.

Conversaron largo rato. Al final decidieron asignar a Aurelia muchos más guardaespaldas, pero a escondidas, para que ella no se enterara. De saberlo, lo rechazaría de plano.

Habían pasado dos días desde el incidente entre Aurelia y el desconocido al que había socorrido. Ese día tenía la intención de ir a verlo.

Sin embargo, al llegar a la habitación del joven, Aurelia frenó el paso: dentro había varias personas.

Un muchacho apuesto estaba sentado, recostado contra el respaldo de la cama. Había recobrado el conocimiento apenas una hora antes y se le veía notablemente mejor. Resultaba asombroso: solo llevaba dos días internado y ya parecía recuperado. Tal vez su cuerpo fuera tan resistente que la curación se aceleraba.

En la habitación había cuatro chicos de su edad, enfrascados en una conversación seria.

—¿Qué fue lo que pasó, Dante? —preguntó Bruno, uno de los cuatro, al joven apuesto que estaba en la cama.

—Me tendieron una trampa —respondió. No era otro que Dante Moretti, el protagonista de la novela.

—¿Cómo pudo ser? —quiso saber Mateo, que también estaba allí.

—Bajé la guardia. —La voz fría de Dante dejó traslucir un dejo de fastidio por su propio descuido.

—¿Y cómo terminaste aquí, jefe? —preguntó Samuel.

—Nos llevamos un buen susto cuando el colegio nos avisó de que habían internado a un alumno de la Preparatoria Altamira. Jamás imaginamos que eras tú —añadió Iván.

—Una chica me socorrió —respondió Dante, evocando a Aurelia en el momento en que lo había auxiliado.

—¿Quién crees tú que se atrevió a tenderle una trampa a Dante, el líder de la Orchi? —dijo Mateo, recalcando lo de «líder de la Orchi».

En efecto, los cinco eran el círculo interno de la banda Orchi: Dante, Mateo, Samuel, Iván y Bruno.

En el fondo, también pertenecían a un clan mafioso. El padre de Dante era uno de los mafiosos más respetados, igual que el de Aurelia. De hecho, en la novela se contaba que Valentín Cassano y Ricardo Moretti, el padre de Dante, eran viejos amigos. Habían llegado a prometer que algún día casarían a sus hijos.

Según el libro, el primer encuentro entre Aurelia y Dante ocurría en la fiesta de cumpleaños número dieciocho de ella. Para entonces, Aurelia ya sabía que Dante sería su prometido, porque su padre se lo había anticipado.

Por eso le resultaba tan fácil enamorarse de Dante, que estaba destinado a convertirse en su prometido.

Y en esa misma ocasión, Dante conocía a Isabella y ambos caían rendidos a primera vista.

Isabella, una chica de aire bondadoso e inocente, lograba cautivar a Dante.

De vuelta al presente, todavía en la habitación de Dante.

—Mateo, averigua quién es la chica que me ayudó —ordenó Dante al joven de ojos rasgados. Su especialidad era piratear sistemas.

—A la orden, jefe —respondió Mateo, alzando la mano en un saludo marcial.

—Y tú, Iván, encárgate de mi alta hoy mismo. Ya no aguanto más —ordenó a Iván, su mano derecha.

Desde el otro lado de la puerta, Aurelia se quedó de piedra al escuchar la conversación.

Reconoció varios nombres que no le eran ajenos.

Con el ánimo revuelto, dio media vuelta y se alejó de allí.

Al principio solo había querido visitar al chico que había salvado.

Abandonó la idea apenas oyó lo que decían dentro.

Así que el joven que rescaté es Dante, pensó.

¿Cómo es posible? Aurelia y Dante deberían encontrarse dentro de un año, se dijo.

Algo inquieta, se mordió las uñas de los dedos finos.

¿Se me habrá pasado algo por alto? —trató de pensar si había olvidado algún detalle.

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