Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 6: Una conversación que no debía existir
El encuentro visual duró apenas unos segundos.
Sin embargo, para Ela fue suficiente para confirmar algo que siempre había sospechado.
Cedric Ravencrest no era el monstruo que describían los rumores.
Sus ojos no transmitían crueldad.
Transmitían cansancio.
Un cansancio profundo que parecía acompañarlo desde hacía años.
Entonces la música volvió a llenar el salón y ambos apartaron la mirada.
La historia continuó avanzando.
Pero ya no exactamente como debía.
—¿Conoces a Ravencrest? —preguntó Adrián.
—No.
—Entonces te aconsejo mantener cierta distancia.
Ela levantó una ceja.
—¿Tan peligroso es?
—Dicen que disfruta resolver los problemas usando una espada.
—Eso describe a la mitad de los nobles militares.
Adrián no pudo evitar sonreír.
—Tienes razón.
Ela ya conocía la verdad.
Cedric era un estratega brillante.
Uno de los mejores guerreros del imperio.
Y probablemente la persona más leal de toda la novela.
El problema era que nadie se había molestado en comprenderlo.
Mientras tanto, al otro extremo del salón, Cedric observaba discretamente a la hija del duque Valmont.
La reconoció inmediatamente.
Evelina Valmont.
La noble más famosa de la capital.
Los rumores sobre ella eran abundantes.
Orgullosa.
Caprichosa.
Arrogante.
Difícil de tratar.
Sin embargo, la mujer que acababa de ver reír no parecía coincidir con aquella descripción.
—Interesante —murmuró.
—¿Qué cosa?
Cedric giró la cabeza.
Su mejor amigo acababa de acercarse.
Leonard Ashford.
Cabello castaño claro.
Ojos verdes.
Sonrisa permanente.
Y una habilidad sobrenatural para meterse en problemas.
—Nada importante.
—Eso significa que sí es importante.
—No.
—Entonces definitivamente lo es.
Cedric suspiró.
Leonard era agotador.
Entre los diez personajes secundarios importantes de la historia, Leonard ocupaba un lugar especial.
En la novela original era el único amigo verdadero de Cedric.
También era el responsable de provocar la mayoría de los momentos cómicos.
Y según los recuerdos de Ela...
Sobrevivía por pura suerte.
Mucha suerte.
Demasiada suerte.
Poco después comenzó el baile oficial.
Las parejas ocuparon la pista principal.
La música se volvió más elegante.
Los vestidos giraban formando hermosos remolinos de colores.
Y fue entonces cuando ocurrió otro cambio inesperado.
—Lady Evelina.
Ela levantó la mirada.
Cedric estaba frente a ella.
Varias personas dejaron de conversar.
Otras fingieron no estar observando.
Pero todas estaban prestando atención.
Porque nadie esperaba aquello.
—Lord Ravencrest.
—¿Me concedería esta pieza?
El silencio se volvió absoluto.
Incluso Adrián parecía sorprendido.
Porque en la historia original jamás bailaban juntos.
Jamás hablaban.
Jamás cruzaban más de dos palabras.
Pero aquella historia estaba cambiando.
Ela aceptó.
Principalmente porque quería observarlo más de cerca.
Y también porque la expresión de sorpresa de Lilian era demasiado divertida para ignorarla.
—Con gusto.
Cedric tomó su mano.
La condujo hacia la pista.
Y comenzaron a bailar.
Para desgracia de los curiosos, la conversación fue bastante normal.
—Baila bien.
—Gracias.
—Los rumores afirman que odia los eventos sociales.
—Los rumores son correctos.
Ela sonrió.
—Entonces ¿por qué vino?
—Órdenes imperiales.
—Mis condolencias.
Por primera vez una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Cedric.
Una sonrisa breve.
Pero auténtica.
Y eso sorprendió incluso a él.
Mientras bailaban, Lilian observaba desde la distancia.
No le agradaba lo que veía.
En la novela original, Cedric comenzaba a interesarse por ella durante aquel mismo baile.
Todo había ocurrido exactamente como esperaba.
Todo estaba cuidadosamente planeado.
Hasta ahora.
Porque Cedric apenas le había dirigido una mirada durante toda la noche.
Y eso la irritaba.
Mucho.
—Parece que estamos siendo observados.
La voz de Cedric sacó a Ela de sus pensamientos.
—La nobleza necesita algún entretenimiento.
—¿Y nosotros somos el espectáculo?
—Actualmente sí.
Cedric observó a los curiosos.
—Qué triste.
—Estoy de acuerdo.
Ambos soltaron una pequeña risa.
Y nuevamente el salón entero pareció entrar en estado de shock.
Porque nadie había visto a Cedric reír en años.
Cuando la música terminó, Cedric realizó una elegante reverencia.
—Gracias por el baile.
—Gracias a usted.
—Fue más agradable de lo esperado.
—Eso sonó casi como un cumplido.
—Era un cumplido.
Antes de que pudiera responder, Cedric se alejó.
Y dejó detrás de sí una sala llena de nobles confundidos.
Por supuesto, los problemas no tardaron en aparecer.
Apenas unos minutos después, Lilian se acercó sonriendo.
Una sonrisa dulce.
Encantadora.
Peligrosa.
—Hermana.
—Lilian.
—Pareces haber disfrutado mucho el baile.
—Fue agradable.
—Lord Ravencrest es un hombre peculiar.
Ela percibió inmediatamente la intención detrás de aquellas palabras.
Lilian estaba intentando iniciar el mismo juego que utilizó en la historia original.
Rumores.
Malentendidos.
Manipulación.
Pero esta vez tendría oposición.
—Sí.
—Muchas personas le tienen miedo.
—Muchas personas también le tienen miedo a los gansos.
Lilian parpadeó.
—¿Qué?
—Y ambos casos me parecen exagerados.
Por primera vez desde que llegó a la mansión, Lilian se quedó sin palabras.
Aquella pequeña victoria hizo sonreír a Ela durante el resto de la noche.
Sin embargo, desconocía algo importante.
Mientras ella disfrutaba del baile, un hombre observaba discretamente desde uno de los balcones superiores.
Vestía ropa oscura.
Su rostro permanecía oculto.
Y sus ojos seguían cada movimiento de Evelina.
No era un noble.
No era un invitado.
Y definitivamente no tenía buenas intenciones.
Porque acababa de recibir una orden muy específica.
Una orden relacionada con la futura muerte de Evelina Valmont.
Una orden que, en la historia original, cambiaría para siempre el destino de todos.