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LAZOS DE CRIMEN Y SEDUCCIÓN

LAZOS DE CRIMEN Y SEDUCCIÓN

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Completas
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Aranza Manrique, una brillante licenciada en economía y finanzas de 40 años, vive atrapada en una jaula de oro. Atada desde los veinte años a un matrimonio por conveniencia dictado por sus padres, soporta la tiranía, las humillaciones y el maltrato físico de su esposo, Fausto Carvajal. Aunque Fausto aparenta ser un empresario exitoso, su imperio se sostiene con dinero sucio y conexiones de baja categoría, dependiendo de la enorme influencia y el peso económico de la empresa de Aranza. Bajo un acuerdo legal draconiano, un divorcio mal manejado les costaría el treinta por ciento de las acciones, manteniendo a Aranza prisionera por el bienestar financiero y el control empresarial.
​Tras una década de dormir en camas separadas, un encuentro fortuito en un bar exclusivo exclusivo de la élite cambia el destino de Aranza para siempre. Allí conoce a Luis Carlos Altamirano, un magnate de la tecnología de 27 años,

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA CELADA DEL DESEO

​El sol de la tarde se filtraba a través de los ventanales de cristal ahumado del despacho principal de la corporación Altamirano, proyectando sombras alargadas sobre el suelo de mármol pulido. Patricia de Altamirano revisaba unos documentos corporativos cuando la puerta se abrió sin previo aviso. Su hijo, Luis Carlos, entró con pasos firmes, el semblante serio y una determinación inquebrantable reflejada en sus penetrantes ojos grises.

​Patricia levantó la vista, suspirando con pesadez antes de acomodarse los anteojos de lectura. Sabía muy bien qué significaba esa expresión en el rostro de su hijo menor.

​—Luis Carlos, ¿cuántas veces tengo que decirte que a este despacho no se entra sin tocar? —le reprochó Patricia con voz firme, aunque sus facciones suavizaron un poco al mirarlo—. Además, por tu forma de caminar, supongo que vienes a hablar de lo mismo de siempre. De esa mujer.

​Luis Carlos se detuvo frente al escritorio, apoyando ambas manos sobre la superficie de madera fina y cruzando la mirada con su madre sin titubear un solo segundo.

​—Mamá, necesito tu ayuda, y sé que tú puedes dármela sin levantar sospechas —dijo Luis Carlos con voz grave, directa, sin rodeos—. Necesito que organices una reunión privada, una cena íntima o una excusa de negocios en un lugar exclusivo donde Aranza Manrique y tú coincidan a solas. Solo necesito unos minutos con ella, sin distracciones y sin que Fausto esté husmeando por ahí.

​Patricia negó con la cabeza de inmediato, apartando los papeles con un movimiento seco de manos y poniéndose de pie con elegancia. Su rostro denotaba una profunda preocupación.

​—Estás completamente loco, Luis Carlos. Te lo he advertido mil veces y te lo repito ahora: Aranza es una mujer casada, y lo peor de todo es que está atada a Fausto Carvajal. Ese hombre no es un simple empresario de mal carácter; se mueve con mafias de baja categoría, es peligroso, violento y capaz de cualquier bajeza si descubre que alguien se acerca a su esposa. Meterte con ella es cavar tu propia tumba.

​—No me importa quién sea Fausto ni las alianzas oscuras que tenga —replicó Luis Carlos con una frialdad absoluta, apretando la mandíbula—. Ese infeliz la maltrata, la humilla y la tiene prisionera en un matrimonio falso firmado por conveniencia cuando ella apenas tenía veinte años. Aranza merece algo real, y te juro, mamá, que voy a tenerla. Si me ayudas a organizar ese encuentro, te estaré agradecido; si no lo haces, de todas formas encontraré la manera de llegar a ella. Con o sin tu bendición.

​Patricia lo observó en silencio durante unos largos segundos. Conocía demasiado bien la terquedad de su hijo; cuando se metía algo entre ceja y ceja, no había fuerza humana capaz de disuadirlo. Con un suspiro de derrota y el corazón encogido por malos presagios, Patricia cedió.

​—Está bien... haré una llamada. Prometeré una reunión exclusiva en el reservado del club privado bajo el pretexto de discutir una inversión filantrópica conjunta. Ella vendrá sola porque Fausto jamás se interesa por esas causas —cedió Patricia con resignación—. Pero te juro, Luis Carlos, que si esto sale mal y desatas una guerra con ese lunático, no esperes que te salve el pellejo.

​—Descuida, mamá. Todo saldrá exactamente como lo tengo planeado —respondió Luis Carlos con una sonrisa lobuna.

​Dos días después, engañada por la supuesta naturaleza corporativa y confidencial de la cita organizada por Patricia de Altamirano, Aranza llegó al reservado privado del club. Iba impecable, vistiendo un traje sastre en tono marfil que contrastaba con su piel canela claro y su cabello castaño con ondas perfectamente cuidadas. Al abrir las puertas de caoba del salón privado, esperaba encontrarse con la madre de Luis Carlos revisando documentos benéficos. En su lugar, el sonido del cerrojo al girar tras de ella la dejó helada.

​Sentado en el respaldo del sofá de terciopelo, con una copa de bourbon en la mano y la mirada fija en ella, estaba Luis Carlos.

​Aranza sintió que el aire se le escapaba de los pulmones. Dio un paso atrás, con los ojos marrones abiertos de par en par por la sorpresa y la furia.

​—¿Qué significa esto? —exclamó Aranza con voz cortante, elevando el mentón en un reflejo de defensa inmediata—. ¿Dónde está Patricia? Esto ha sido una trampa... un maldito engaño tuyo.

​Luis Carlos dejó la copa sobre la mesa baja con parsimonia, se puso de pie y comenzó a acortar la distancia entre ambos con la elegancia peligrosa de un felino al acecho. Su 1.95 metros de altura imponente llenaban todo el espacio del reservado.

​—No te pongas a la defensiva, mi señora bonita. Mi madre solo me hizo el favor de abrirme la puerta que tú te empeñas en cerrar con llave todos los días —respondió Luis Carlos con una voz ronca y profunda que hizo eco en las paredes del salón.

​—Estás loco, Luis Carlos. Te dije muy claramente la otra noche que me dejaras en paz —replicó Aranza retrocediendo hasta chocar contra la puerta cerrada, intentando mantener su compostura ejecutiva—. Si Fausto llega a enterarse de esto, o si sospecha algo, va a desatar un infierno. No solo para mí, sino también para ti. No juegues con fuego porque te vas a quemar.

​—Que se queme el mundo entero si es necesario, pero a ti no voy a soltarte —siseó él con intensidad feroz.

​Antes de que Aranza pudiera reaccionar o esquivarlo, Luis Carlos la arrinconó contra la puerta, apoyando ambas manos a los lados de su cabeza y bloqueando cualquier vía de escape. Su cuerpo atlético y fuerte se presionó contra el de ella, irradiando un calor abrasador que desestabilizó por completo las defensas de la economista.

​Aranza intentó empujarlo con todas sus fuerzas, pero sus brazos se sentían débiles ante la mole de músculo que la retenía.

​—Suéltame, Luis Carlos, te lo ruego... estás mal de la cabeza, no me busques más problemas de los que ya tengo —murmuró ella con la respiración agitada, sintiendo cómo el aroma varonil del perfume de él la embriagaba.

​Luis Carlos ignoró sus súplicas. Inclinó lentamente su rostro, rozando con sus labios la comisura de los labios de Aranza antes de besarla con una mezcla salvaje de deseo contenido y desesperación. El beso no fue un roce casual; fue una demanda absoluta, un reclamo cargado de una pasión tan cruda que Aranza sintió que el suelo se desmoronaba bajo sus tacones. Sus labios se abrieron en un suspiro involuntario, rindiéndose al sabor y a la fuerza de su opresor por unos segundos eternos.

​Aprovechando el aturdimiento de ella, Luis Carlos tomó la mano derecha de Aranza y, con un movimiento firme y deliberado, la guio directamente hacia su entrepierna, presionando su palma contra la erección dura y palpitante que se marcaba a través de las finas telas de su pantalón.

​—Sientes esto, Aranza? —le susurró él al oído con voz temblorosa de deseo, mientras ella sentía claramente el calor y la firmeza de su miembro bajo su mano—. No es un capricho ni un juego de muchachos. De verdad te deseo como nunca en mi vida he deseado a ninguna mujer. Me vuelves loco... tú y solo tú.

​El contacto directo con su virilidad sacudió a Aranza como una descarga eléctrica de alto voltaje. Un gemido ahogado escapó de su garganta y, presa del pánico ante la intensidad de lo que sentía y el peligro inminente de sucumbir por completo, sacó fuerzas de lo más profundo de su orgullo. Con un empujón desesperado, logró apartarlo de golpe.

​—¡Estás enfermo! ¡Vete al diablo, Luis Carlos! —gritó Aranza con el rostro encendido de furia y terror.

​Giró la perilla de la puerta con manos temblorosas, la abrió de par en par y salió huyendo por el pasillo del club privado, dejando atrás al joven heredero con una sonrisa de absoluta posesión dibujada en los labios, sabiendo que la victoria definitiva era solo cuestión de tiempo.

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Betty Chavez
Me encanto tu historia estuvo muy buena a pesar de la diferencia de edad ellos pudieron formar una familia hermosa muchas gracias por compartir 🥰🥰
Graciela Saiz
pensar que hay tantos de esas basuras en este mundo , que son machotes con los más débiles 🤬
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
Dos capítulos súper buenos es una joya que te atrapa tu novela Felicitaciones 👋👋👋
Yolanda Beatriz Contreras Giménez
Muy bueno el inicio espero que siga asi Y escritora perdón que te haga notar,Corrige y no repitas tantas veces la misma palabras y los mismos textos porque arruinas la trama un simple comentario ❤️
Naibelys Perez: gracias ❤️ por su comentario, lo tendré presente 🫂
total 1 replies
Tere Jimenez
muy interesante el inicio gracias por compartir
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