Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 6: El día en que el reino escuchó
El festival de la cosecha siempre había sido una fecha importante en el reino de Darlight. Durante años significó comercio, abundancia y celebración, pero también había marcado una distancia invisible entre el palacio y el pueblo. Ese año, sin embargo, algo era distinto desde el amanecer.
Las calles se llenaron temprano de cintas de colores y faroles de papel que se mecían con la brisa suave. El aroma a pan recién horneado, frutas maduras y especias dulces flotaba en el aire. Los niños corrían entre los puestos, los ancianos ocupaban los bancos de madera y los comerciantes anunciaban sus productos con entusiasmo, pero entre todo ese bullicio había un murmullo constante, una expectativa que no terminaba de definirse.
—Dicen que el príncipe va a cantar.
—¿Cantar… de verdad?
—No es el mismo de antes, eso dicen…
Takumi escuchaba esos rumores desde detrás del escenario improvisado, oculto tras una cortina sencilla de tela clara. Tenía las manos frías y el corazón acelerado. Nunca había cantado frente a tanta gente. Nunca había sentido tantas miradas antes de siquiera salir.
En la historia original, este día marcaba el comienzo del final, pensó.
Recordaba fragmentos del libro: un discurso arrogante, palabras que herían, un pueblo que se alejaba definitivamente del príncipe. Era uno de los puntos de no retorno.
—Respira —le susurró la reina Elias, acomodándole con cuidado el cuello de la ropa—. No tienes que demostrar nada.
Takumi asintió, aunque sus piernas temblaban.
—Si me desmayo otra vez —bromeó en voz baja—, por favor díganle al reino que fue una decisión artística.
Elias dejó escapar una pequeña risa, con los ojos húmedos. A unos pasos, el rey Leonard observaba la plaza con atención silenciosa.
—Hablas como alguien del pueblo —comentó—. Eso no es algo malo.
Desde el costado de la plaza, Hikaru Valen supervisaba la seguridad del evento. Su postura era firme, profesional, pero su mirada regresaba una y otra vez al escenario. No sabía por qué le inquietaba tanto ese momento.
Cuando Takumi dio el primer paso al frente, el murmullo se apagó.
No por orden.
No por miedo.
Por curiosidad.
El sol de la tarde iluminó su figura. Frente a él había cientos de rostros: niños del orfanato, ancianos que había visitado, comerciantes que antes lo habrían evitado. Todos esperaban algo, aunque no supieran qué.
Takumi respiró hondo.
Y cantó.
🎵
“No tengo corona en el alma,
ni oro que ofrecer.
Solo una voz temblando,
y ganas de aprender.”
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Su voz no era poderosa, pero era clara. No buscaba imponerse, solo llegar.
🎵
“Si alguna vez les fallé,
no fue por no sentir.
Fue por no saber escuchar,
ni quedarme aquí.”
🎵
El silencio se extendió por la plaza. Takumi sintió un nudo en la garganta, pero no se detuvo. Pensó en su vida anterior, en el niño que había protegido, en la muerte que lo había traído hasta allí. Pensó en todas las veces que el villano del libro había elegido el orgullo.
Y eligió distinto.
🎵
“Hoy no prometo perfección,
ni un futuro sin dolor.
Pero si caminan conmigo,
no caminarán solos.”
🎵
Cuando la última nota se desvaneció, nadie reaccionó de inmediato. El silencio era tan profundo que Takumi temió haber fallado. Bajó ligeramente la mirada.
Entonces alguien aplaudió.
Una palma.
Otra.
Muchas.
El sonido creció hasta llenar la plaza. Algunos aplaudían con lágrimas en los ojos. Otros sonreían sin darse cuenta. Los niños gritaban su nombre.
Takumi alzó la vista, sorprendido. El nudo en su garganta se transformó en una emoción cálida que no intentó ocultar. Inclinó la cabeza con respeto, no como príncipe, sino como alguien agradecido.
Desde la distancia, Hikaru sintió algo que no supo nombrar.
No era admiración.
No era deber.
Era la certeza de estar presenciando algo importante.
—Capitán —lo llamó un guardia—. ¿Todo en orden?
Hikaru tardó un segundo en responder, sin apartar la vista del escenario.
—Sí —dijo finalmente—. Todo está en orden.
El destino había esperado humillación.
Había preparado rechazo.
Pero ese día, el reino eligió escuchar.
Y Takumi entendió algo esencial: no había cambiado su destino con fuerza ni confrontación, sino con una voz sincera y una decisión simple.
Quedarse.
Escuchar.
Cantar.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰