Stellan Von Krause, fue el villano en una historia romántica, pero, también fue el príncipe heredero, aquel que se ganó su puesto siendo el héroe del imperio, aquel que desde joven lucho en las guerras para proteger su imperio, solo para finalmente morir en manos del "protagonista ", porque amo tontamente a una mujer que nunca supo apreciar su amor. Pero ahora, el rey de las sombras ha renacido en su cuerpo, y a ahora, lo que menos le importa es el amor de esa mujer, lo único que desea es mantener su puesto de príncipe heredero y aplastar a quien se interponga en su camino.
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Capitulo 06.
Durante el resto de la tarde, Stellan estuvo atento a los movimientos de la albina, además de que ese atuendo que llevaba, le quedaba perfecto, la hacía ver como toda una diosa guerrera. Y Cordelia, era consciente de las miradas del príncipe heredero, pero, prefería fingir no darse cuenta.
Hasta que llego el momento de la cena, y Stellan estaba invitado a compartir la mesa con el Duque. Estando sentados en el comedor, la cena se empezó a servir, mientras que Stellan procura entablar una platica casual con el Duque, y Cordelia, come en silencio, hasta que Stellan se dirige a ella.
—solo espero no estarle causando mucho mas trabajo a mi lady al hacer que me acompañe a las montañas.— expresa el príncipe.
—para nada, de hecho, estar en la mansión ha sido un poco aburrido, es agradable salir un poco.— responde con calma.
—si es así, debería pedirle que me acompañe todos los días.— sonríe.— aunque, sería peligroso.
—no debe preocuparse por eso alteza, mi hija ha sido entrenada desde pequeña, nuestra familia se distingue también por tener grandes guerreros, ya sean hombre o mujer, no hay distinciones, ni preferencias.— asegura el Duque con orgullo.
—¿en serio?, eso no lo sabía, entonces sin duda mi lady es una gran guerrera. Una dama admirable.— expresa.
—agradezco su halago, alteza.— responde la joven albina.
Tras terminar la cena, Cordelia fue la primera en retirarse a descansar, mientras que Stellan se había quedado en compañía del duque para tomar una copa.
—no soy ciego alteza, puedo ver como mira a mi hija...— comenta el duque.
—es un gran observador excelencia, y su hija es realmente hermosa, una dama inusual, saber que ella ha sido entrenada como guerrera me hace admirarla más.— responde Stellan.
—como un padre que se preocupa por el futuro de su hija, debo preguntar, ¿que intenciones tiene con ella?, mi hija no es solo una mujer a la pueda utilizar y abandonar.— advierte el albino.
—jamás pensaría en eso, obviamente su hija merece todo, y por eso, me atrevo a decir, que a ella la veo como mi futura emperatriz, la mujer que gobernara a mi lado.— asegura Stellan.
El Duque se sorprende al escuchar esas palabras, ya que sabe que desde hace mucho tiempo, el príncipe heredero se ha negado a tomar una esposa pese a que, grandes familias han ofrecido a sus hijas en edad casadera pero, el príncipe las ha rechazado a todas.
—¿esta seguro de lo que dice?, mi hija recién se vio forzada a romper su compromiso...—
—entonces debo decir que aquel que se atrevió a dejarla es un estúpido, pero debo agradecerle por dejarme el camino libre.— sonríe levantando su copa.— salud por ese pobre inútil.
El Duque levanta su copa, tras escuchar las respuestas del príncipe. Quizás él si sepa apreciar a su hija, y ser la futura emperatriz, no esta tan mal, no hay quien impida eso, porque los Von Kleist son parte fundamental para el imperio.
—bien alteza, si mi hija lo acepta, no soy nadie para impedir su matrimonio. Pero, si mi hija sufre, soy capaz de todo.— advierte.
—no se preocupe Duque, yo sabre apreciar a su hija.—
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A la mañana siguiente, ya estaba todo listo para salir rumbo a las montañas. Cordelia ya estaba sobre su caballo, en compañía de dos de sus escoltas de confianza. Y Stellan junto a sus tropas estaban listos para partir.
—ya que todo esta listo, siganme...— Cordelia tira de las riendas de su caballo.
El viaje da inicio, Cordelia y sus dos escoltas van adelante, seguido de Stellan y atrás sus soldados.
Tras una hora, finalmente se adentran al bosque, al no haber camino marcado, van a paso neutro, teniendo cuidado de no golpearse con las ramas bajas. Y casi llegando al pie de la montaña, la noche los alcanzo, así que Cordelia les dijo que, si en verdad los rebeldes estaban cerca, encender fogatas llamaría la atención de estos, así que, por ahora, tenían que evitar eso, y descansar a oscuras.
Aunque esto era un poco incomodo, se tuvieron que adaptar, al menos por esa noche, porque si siguen sin contratiempos, Cordelia le explico a Stellan que llegarían a la zona de las cuevas mañana al atardecer.
—pero combatir sería imposible, todos estarán cansados...— menciona el capitán.
—podremos usar una de las cuevas vacías y descansar, así atacamos a primera hora si ellos están cerca.— responde Cordelia.
—¿esta segura señorita?— pregunta un poco dudoso.
—ella sabe lo que dice, nadie mejor que ella conoce el territorio de su padre.— responde Stellan.
El capitán agacha la cabeza ante el regaño de Stellan. Y es que si, era normal que dudaran de ella por ser mujer, pero Stellan les hará entender que no deben dudar de ella, después de todo, ya planea que ella sea su emperatriz y deben de respetarla, y aprender a no menospreciarla solo porque es mujer.
Mientras tanto, en el campamento del Ducado, el Duque Von Kleist, observa los mapas hablando con sus subordinados, pues les ha llegado información de otros disturbios en el área causados por los rebeldes. El capitán le señala la zona donde fueron vistos, pero el duque no parece preocuparse.
—esta zona...esos tontos no saldrán vivos de ese lugar...— asegura el Duque.
—pero excelencia, en esa área hay un pueblo fronterizo...si no hac...
—no hay que preocuparse.— interviene otro soldado.— la Duquesa se encuentra en ese pueblo.
—exacto.— sonríe el Duque.— han ido directo al matadero.
El Duque conoce perfectamente las habilidades de su esposa, y sus tropas, son de las mejores, así que, esos rebeldes no podrán siquiera llegar a diez metros de ese pueblo.
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