La baronesa Juana de Miraflores, llamada por sus vasallos Juana La loca, vió desde la torre de su castillo el avance de tropas enemigas al feudo y exigió a su padre viudo que contrajera matrimonio con la baronesa Oriana de Roca Alta. La idea de unir los feudos para la defensa era sin dudas la mejor salida, pero su proposición no tuvo eco. No le quedó otra : debía casarse ella con el bruto y mujeriego Barón Alvaro Pelayo Roca Alta.
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Capitulo 7. Inquietudes de Juana y la llegada del conde.
La Baronesa Juana María Cristina de Miraflores estaba tan contenta que una sonrisa desconocida para todos y muy hermosa, aparecía cada tanto en su rostro.
Eso la convertía en una joven de inusitada belleza. La alegría producida por su divorcio muy rápido para esa época la hacía caminar feliz y erguida por las ahora renovadas estancias de su viejo castillo.
Su padre, su fiel Ludovica e incluso el paje del Barón Sancho, la miraban como si vieran una aparición.
La antigua Juana había muerto de Golpe, está nueva mujer sin dudas era una Baronesa en todos los sentidos.
Vestida y perfumada como los dioses por los peluqueros y modistos de la marquesa, había adquirido por influencias de su tía, la maravillosa costumbre de saludar a todos dándole un beso a su padre y su tía a diario, dar los buenos días a su mucama personal y pasear por los alrededores montando en su Carlomagno como una verdadera dama.
Su tía la marquesa le había hablado de su futuro esposo con algunas indicaciones un poco contradictorias.
_ El conde Alejandro de Valladolid y Cuevas es el hombre más hermoso de toda la Corte, sobrina, Pero es tímido. Debes ser tú la que de siempre el primer paso.- le aconsejaba su tía - Él es un hombre de avanzada, no le gustan las mujeres sumisas, Juana. ¡De manera que cada tanto puedes ser tu misma, agresiva y prepotente! Él estará encantado contigo, puedo asegurarte querida Juana María Cristina.! -
_ Juana estaba encantada por todas estas noticias. Ser ella misma cada tanto, le producía un gran placer. Podría equilibrar la molestia de esos largos vestidos y apretados corsés con las humildes prendas que ella amaba.
_ Juana María Cristina, debes saber que apenas te cases, lo más importante para el reino de tu futuro esposo, es que quedes embarazada. Un heredero en ese reino debe ser tu prioridad! - dijo la Marquesa.
_ Bien Querida tía. Pero me has dicho que el conde es tímido. Y si por ventura no se anima a tocarme ? Cómo haré ese prodigio ? - dijo
_ Tu debes ser la entradora. Entiendes. Debes buscarlo con sensualidad y agresividad! - contestó.
Juana quedó pensando cómo haría eso. Lo de agresividad ella sabía muy bien pero lo de sensualidad era desconocía.
Decidida a saber cómo debía ser su comportamiento, tomó a la pobre Ludovica de la mano y encerró a la mujer asustada en la despensa.
_ Ludovica ! Dime cómo ser sensual de inmediato!- dijo.
_ Señora Baronesa! Ni sé lo que significa esa palabra! - dijo Ludovica temblando de miedo de su ama que estaba cada día más diferente.
_Como haces el amor con Sancho! Cómo logras que ese hombre te monte ! - dijo seria su patrona.
_ Bien. Era eso. Pues, yo solo le tocó un poco su armadura que de inmediato se pone rígida y listo!-
_ Bien, eso es fácil. Y dime , si el es tímido y no reacciona ? Que haces ? -
- Pues, yo , a veces, uso la boca - dijo Roja de vergüenza Ludovica - pero solo si está bañado y limpio. - repitió.
_ La boca! Estás loca mujer ! No te da asco ! -
_ Es bastante agradable señorita! - dijo Ludovica- usted me preguntó! -
- Vete a lavar los dientes de inmediato! Y no oses
probar la comida! -: respondió Juana.
Juana aprovechó a salir con su caballo Carlomagno hacia la pradera.
Montada en su nueva usanza de dama recorrió sus propiedades y pasó a los prados de sus vecinos. Quizás tuviera la suerte de ver a su exmarido revolcándose con alguna sierva y aprendería de primera mano como se hacía el acto amoroso. Pero su ex no estaba por ningún lado. Solo vio a su yegua Cleopatra y tubo una gran inspiración. Acercó a Carlomagno con Cleopatra.
Su fiel caballo parecía más brioso que de costumbre apenas vio a la yegua de su enemigo. Le largo la rienda y vio que el caballo olfateaba el trasero de Geopatra.
_ Olfatear parece importante se dijo Juana.
- La yegua sinvergüenza de su ex parecía feliz de tanto olfateó y se sacudía nerviosa. Pero allí para asombro de su dueña Carlomagno sacó una espada mayúscula y se la insertó aparentemente en el trasero de la pobre Geopatra
. Conde Alejandro de Valladolid y Cuevas.
La yegua parecía incluso muy feliz con semejante tortura y relinchaba contenta.
Después de este espectáculo dantesco Juana volvio con un cansado Carlomagno hacia su castillo con más dudas que certezas.
Tenía que saber bien de que manera conseguiría el tan ansiado niño para el Conde. El trasero no parecía el lugar adecuado y decidió informarse más profundamente de eso. Debería consultar con alguien que tenga muchos hijos. No existía literatura al respecto. Todos aquellos que habían intentado escribir sobre el tema eran considerados brujos e incluso quemados en la hoguera.
Rezaba internamente para que su futuro esposo tenga más conocimientos que ella al respecto porque estaba decidida a darle un hijo a su reino.
Ludovica no tenía hijos. No servían sus consejos. No sé animaba a preguntar a su tía además ella tampoco tenía hijos. Bien sabía ella que apenas casada Marina de Miraflores y Burgos su esposo el marqués murió en batalla.
Pero Juana María Cristina no desilucionaria a todo un reino. Su padre y su tía serían abuelos. Eso era seguro.
Así tenga que toquetear al Conde Alejandro, olerle el trasero e incluso buscar algún aparato que funcione como una espada y hundirle en ese lugar ella conseguiría romper su indiferencia y timidez y darle el heredero que el reino esperaba.
En ese estado de cosas un maravilloso carruaje se acercó una mañana al castillo de la Baronesa Juana María Cristina. Su novio y futuro esposo había llegado.
Temprano un emisario había traído la noticia de su pronto arribo. Ante los ojos extasiados de humildes campesinos y luego de toda la gente del castillo La condesa Ximena de Valladolid Bajó del carruaje atendida por un paje que le pasó la mano.
Apenas bajo la condesa el hombre más lindo del mundo con cabellos dorados , ojos grises y una sonrisa dulce en el rostro bajo del carruaje y se dirigió a tomando el brazo de su abuela hacia donde estaba la marquesa junto a su futura esposa. Juana María Cristina, hermosamente vestida y peinada, lo recibía con la más mágica sonrisa.