Ella renace en un personaje que odió de la última novela que estaba leyendo.. ahora está decidida a cambiar su destino..
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas la novelas son independientes**
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Mansion Ryder 2
A la mañana siguiente, Josie apenas había dormido.
No porque estuviera preocupada.
Sino porque su cerebro había pasado toda la noche imaginando vestidos.
Vestidos ligeros.
Vestidos elegantes.
Vestidos con bolsillos.
[Sí, bolsillos. La humanidad había avanzado demasiado como para no poner bolsillos.]
Había llenado otras tres hojas con diseños improvisados.
Incluso había dibujado capas desmontables.
Y ahora, sentada frente al espejo mientras una doncella acomodaba su cabello, sentía algo extraño.
Nervios.
Porque tenía una idea.
Una idea real.
Y estaba a punto de decírsela al conde Ryder.
[¿Y si piensa que es ridículo?]
Porque claro… ella seguía sin entender completamente cómo funcionaban las mujeres nobles en ese mundo.
Quizás una dama aristocrática no podía trabajar.
Quizás diseñar vestidos era visto como algo vulgar.
Quizás el conde esperaba que ella se dedicara únicamente a tocar piano y sufrir por amor como la Josie original.
Mientras caminaba hacia el comedor, empezó a ponerse nerviosa de verdad.
[¿Y si se decepciona?]
Pero apenas entró al comedor, el conde levantó la mirada y sonrió con tanta felicidad al verla que ella sintió culpa inmediata por haber dudado.
Ese hombre la miraba como si el sol saliera únicamente para alumbrar a su hija.
—Buenos días, querida.
—Buenos días…
El conde inmediatamente notó algo raro.
—¿Ocurre algo?
Josie se sentó lentamente.
[Está bien… dilo normal… como una persona normal…]
Las manos le sudaban.
—Padre…
—Sí, querida.
Ella tragó saliva.
—He estado pensando…
—Eso es bueno.
[¿Eso es bueno? Qué apoyo tan rápido.]
Josie respiró profundo.
—Me gustaría… diseñar vestidos.
El silencio duró dos segundos.
Dos segundos eternos.
Josie se preparó mentalmente para escuchar algo como..
Eso no es apropiado.
o
Una dama noble no trabaja.
Pero el conde simplemente la miró.
Y luego dijo..
—Me parece bien.
Ella parpadeó.
—…¿Qué?
El conde tomó tranquilamente su taza de té.
—Si eso te hace feliz, entonces hazlo.
Josie lo miró fijamente.
Su cerebro no procesó la frase.
—¿Así de fácil?
—Claro.
—¿No… no está mal?
—¿Por qué estaría mal?
[¿POR QUÉ ESTE HOMBRE ES TAN RAZONABLE?]
Josie se inclinó hacia adelante.
—¿De verdad puedo hacerlo?
—Por supuesto.
Ella abrió un poco la boca.
El conde continuó como si estuvieran hablando del clima.
—Ve al pueblo y elige el lugar que quieras comprar.
Josie quedó congelada.
—…¿Comprar?
—Sí. Necesitarás un lugar, una tienda ¿no?
[¿QUÉ?]
—Y también puedes contratar a las trabajadoras que necesites.
Ella seguía mirándolo sin respirar.
—…¿De verdad?
—Sí.
—¿En serio?
—Sí, querida.
—¿No está bromeando?
El conde soltó una pequeña risa.
—No.
Josie comenzó a temblar levemente.
Porque aquello era completamente absurdo para ella.
En su vida anterior había pensado durante meses antes de comprar zapatos caros.
Y ahora un hombre acababa de decirle compra un edificio como si fuera una barra de pan.
—Padre… eso es muchísimo dinero…
El conde la miró confundido.
—Somos ricos.
[…Ah, cierto.]
Ella seguía procesándolo.
—¿Puedo de verdad hacer lo que quiera?
Y entonces el conde dejó lentamente la taza sobre la mesa.
La miró con una expresión suave.
Cariñosa.
Profundamente sincera.
—Josie, eres mi hija.
Ella quedó quieta.
—Mientras seas feliz, puedes hacer lo que quieras.
Y eso…
Eso la golpeó más fuerte de lo esperado.
Porque él no hablaba como un noble orgulloso.
Hablaba como un padre.
Uno que simplemente adoraba a su hija.
Josie sintió un pequeño nudo en el pecho.
[La Josie original realmente no valoraba esto…]
Porque en el libro ella apenas notaba el amor de su padre.
Siempre estaba demasiado ocupada pensando en Ethan.
Y sin embargo ahí estaba el conde Ryder, dispuesto a entregarle literalmente cualquier cosa con tal de verla sonreír.
Josie bajó un poco la mirada.
—Gracias…
El anciano sonrió satisfecho al verla emocionada.
Y luego añadió casualmente..
—También deberías elegir una oficina dentro de la mansión para trabajar.
Ella volvió a levantar la cabeza.
—¿Una oficina?
—Claro. Necesitarás espacio para tus diseños.
[¿Qué clase de padre de sueños es este hombre?]
El conde siguió desayunando tranquilamente mientras destruía por completo la percepción de realidad de Valeria.
—Podríamos remodelarla si lo deseas.
—¿REMODELARLA?
—Sí.
—Padre, yo solo quería hacer vestidos…
—Entonces debemos hacerlo bien.
Josie sintió ganas de llorar un poco.
No por tristeza.
Por incredulidad.
[En mi vida pasada tuve jefes que lloraban por comprar una silla nueva.]
Y ahora un conde estaba listo para financiarle un imperio textil porque sí.
El anciano la observó con ternura.
—Pareces feliz.
Josie sonrió lentamente.
Y esta vez la sonrisa fue enorme.
Brillante.
Real.
—Lo estoy.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo…
Sintió que quizá realmente podía construir una vida allí.
Al día siguiente, Josie despertó con una energía completamente distinta.
Ya no sentía que estuviera atrapada en una novela absurda.
Bueno…
Sí estaba atrapada en una novela absurda.
Pero ahora tenía proyectos.
Y eso cambiaba mucho las cosas.
Después del desayuno decidió recorrer la mansión Ryder para buscar un lugar que pudiera convertir en su oficina.
El conde había dicho que eligiera cualquier habitación.
Cualquiera.
Josie todavía no superaba eso.
[En mi vida anterior apenas podía elegir toppings gratis en una pizza sin sentir culpa.]
El mayordomo de la familia la acompañaba con absoluta seriedad.
Era un hombre elegante, impecable y tan recto que parecía haber nacido usando traje.
—¿Desea ver el ala este primero, lady Josie?
Ella seguía sin acostumbrarse a que todos la trataran como si fuera una princesa.
—Sí… por favor.
Caminaron por la mansión y Josie quedó fascinada.
Porque el lugar era enorme.
No grande.
Enorme.
Ridículamente enorme.
Había más habitaciones de las que una persona normal podría necesitar en cinco vidas.
Una sala de música.
Una biblioteca gigantesca.
Un salón de té.
Otro salón que aparentemente existía solo por si venían visitas importantes.
[¿Cuántas veces puede una persona sentarse elegantemente en un día?]
Josie iba mirando todo con ojos brillantes.
Tocaba las paredes.
Miraba los cuadros.
Se asomaba a las ventanas.
El mayordomo la observaba discretamente.
Lady Josie parecía distinta desde el accidente.
Más viva.
Más curiosa.
Antes caminaba por la mansión como un fantasma triste.
Ahora parecía una niña descubriendo un castillo.
Y honestamente…
La veía mucho más feliz.
Finalmente llegaron a una habitación grande del ala sur.
Tenía ventanales enormes por donde entraba muchísima luz natural.
El suelo era de madera clara.
Había espacio de sobra.
Y la vista daba directamente a los jardines.
Josie entró lentamente.
Y supo inmediatamente que era esa.
—¡Esta!
El mayordomo asintió.
—Excelente elección, mi lady.
Ella giró sobre sí misma observando el lugar.
[Oh, esto va a quedar precioso.]
Podía imaginarlo perfectamente.
Una gran mesa de trabajo.
Telas.
Dibujos.
Cintas.
Percheros.
Vestidos.
La emoción comenzó a crecerle dentro del pecho.
—¿Puedo hacer algunos cambios?
El mayordomo ya tenía una pequeña libreta preparada.
—Por supuesto.
Josie quedó impresionada.
[¿Desde cuándo la gente me escucha tan rápido?]
Comenzó a señalar lugares con entusiasmo.
—Quiero una mesa grande aquí… no, enorme… necesito espacio para dibujar.
El mayordomo anotó inmediatamente.
—Entendido.
—También quiero estanterías para guardar telas.
—Sí, mi lady.
—Y buena iluminación para trabajar de noche.
—Por supuesto.
Josie comenzó a caminar más rápido mientras imaginaba todo.
—Ah, y maniquíes. Necesito maniquíes.
El mayordomo ni siquiera pestañeó.
—Los mandaremos traer.
—Y materiales de costura.
—Sí.
—Y muestras de telas.
—Sí.
—Y… y…
Se detuvo emocionada.
[¡Esto es tan divertido!]
Nunca en su vida alguien había tomado tan en serio sus ideas.
El mayordomo seguía anotando con absoluta calma profesional mientras Josie prácticamente estaba construyendo su estudio soñado.
—También quiero un sofá.
El hombre levantó apenas la vista.
—¿Para descansar?
—No. Para caer dramáticamente cuando algo salga mal.
El mayordomo guardó silencio dos segundos.
Luego escribió..
Sofá.
Josie casi se ríe.
—Y flores.
—¿Qué tipo?
Ella quedó sorprendida.
[¿Hasta eso me preguntan?]
—Eh… blancas.
—Perfecto.
Pasaron casi una hora organizando detalles.
Cuando terminaron, Josie estaba radiante.
Y lo más increíble…
Era que realmente iba a ocurrir.
No era un sueño imposible.
No era algún día.
Era real.
Esa misma tarde comenzó el movimiento en la habitación.
Sirvientes entrando y saliendo.
Muebles siendo movidos.
Mesas llegando.
Telas.
Cajas.
Rollos enormes de materiales.
Josie observaba todo desde la puerta con expresión fascinada.
[…Esto es mío.]
El viejo escritorio oscuro fue reemplazado por una mesa enorme junto a la ventana.
Llegaron cajones para guardar diseños.
Estantes.
Sillas cómodas.
Incluso colocaron un enorme espejo de cuerpo completo.
Josie caminaba por la habitación como si estuviera en un sueño.
Tocaba todo.
Movía cosas.
Cambiaba posiciones.
El mayordomo simplemente daba órdenes detrás de ella como si aquello fuera perfectamente normal.
—La mesa un poco más a la izquierda.
—Sí, lady Josie.
—No, espera, a la derecha.
—Sí, lady Josie.
—Más luz aquí.
—Abriremos otra cortina.
Josie estaba absurdamente feliz.
Y eso era extraño.
Porque antes de morir nunca había tenido tiempo para sentirse así.
Tranquila.
Entusiasmada.
Libre.
Cuando finalmente cayó la tarde y los trabajadores terminaron por ese día, Josie se quedó sola en la nueva oficina.
La luz naranja del atardecer entraba por las ventanas iluminando las telas.
Se acercó lentamente a la mesa.
Había lápices.
Papel.
Muestras de encaje.
Cintas.
Todo listo para ella.
Sus dedos rozaron la superficie de madera.
Y entonces sonrió suavemente.
[Parece que realmente voy a empezar de nuevo.]