✅️Tras ser traicionado y reducido a una sombra, el brillo de Ian se apagó. Pero Ronen, un alfa de fuerza serena, llega para ser su escudo. Entre acordes rotos y traumas del pasado, su amor incondicional será la melodía que cure al omega, devolviéndole su voz y su lugar bajo el sol.
Esto puro amor😍✅️
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Te dije que era tu escudo
El estudio de grabación independiente, propiedad del amigo de la familia de Ronen, estaba escondido en un sótano reformado que olía a incienso, café y, sobre todo, a paz. No había paredes de cristal frío ni productores mirando el reloj. Era un santuario.
Ian entró en la cabina. El micrófono frente a él parecía que sagrado. Se ajustó los auriculares, sintiendo el cuero contra sus orejas, y cerró los ojos. Al otro lado del cristal, Ronen estaba sentado en un sofá de cuero. Su presencia era como un ancla. Cada vez que Ian abría los ojos y encontraba la mirada ámbar del alfa de 30 años, el aire en sus pulmones se volvía más ligero.
-Cuando quieras, pequeño.- Dijo la voz del alfa a través del intercomunicador, suave y profunda.
Ian comenzó a cantar. La melodía era cruda, una mezcla de trap melódico y notas de piano que imitaban el latido de un corazón despertando. Su aroma a lavanda comenzó a inundar la cabina, volviéndose tan puro que el técnico de sonido, un omega mayor, sonrió conmovido. La miel de su voz ya no sonaba rota. Sonaba a resiliencia.
Sin embargo, a mitad de la segunda estrofa, la puerta del estudio se abrió de golpe.
El cambio en la atmósfera fue instantáneo y violento. El aroma a tierra mojada y cedro entró como una plaga, marchitando la dulzura del ambiente. Samuel estaba allí, con los ojos inyectados en rabia, flanqueado por dos tipos de aspecto rudo.
-¿Creíste que podrías esconderte en este agujero?- Gritó Samuel, su voz retumbando en el área técnica -Este contrato dice que cualquier cosa que grabes me pertenece, Ian. ¡Sal de esa cabina ahora mismo!-
Ian se quedó helado frente al micrófono. El trauma regresó como un latigazo. Sus manos empezaron a temblar y su aroma se volvió agrio de puro terror. El eclipse intentó cerrarse sobre él una vez más.
Pero Samuel no llegó a dar un segundo paso hacia la cabina.
Ronen se levantó del sofá con una lentitud que daba más miedo que cualquier grito. En un parpadeo, estaba frente a Samuel. El aroma a eucalipto del hombre explotó, volviéndose pesado, asfixiante para cualquiera que no fuera Ian. Era el olor de un alfa dominante que ha decidido que la paciencia se ha terminado.
-Te advertí que no te acercaras.- Dijo Ronen. Su voz era un rugido bajo que hizo vibrar el cristal de la cabina de grabación.
-¡Quítate de en medio, guardaespaldas de cuarta!- Samuel intentó empujar a Ronen, pero fue como intentar mover una montaña.
Ronen reaccionó con una velocidad sobrehumana. Agarró a Samuel por la solapa de su chaqueta y lo estampó contra la pared de piedra del estudio. El sonido del impacto fue seco. Los dos acompañantes de Samuel dieron un paso atrás, intimidados por el aura de depredador que emanaba de Ronen.
-Escúchame bien, escoria.- Gruñó Ronen, acercando su rostro al de Samuel. Sus ojos brillaban con un fuego dorado salvaje -Ian no te pertenece. Sus canciones no te pertenecen. Y si vuelves a respirar el mismo aire que él, te arrancaré esa marca de alfa de la que tanto te jactas.-
Ronen liberó una ráfaga de feromonas tan potentes que Samuel cayó de rodillas, jadeando, abrumado por la superioridad biológica de un alfa dominante de ese calibre en pleno estado de protección. El olor a sol de primavera del alfa se había vuelto un sol de desierto, abrasador y despiadado.
Ian, desde la cabina, observaba la escena. Ver a Ronen defender su espacio, su arte y su integridad hizo que algo en su interior terminara de encajar. Ya no tenía miedo. Salió de la cabina con paso firme y se colocó al lado del alfa.
-Vete, Samuel.- Dijo Ian. Su voz era tranquila, pero cargada de un poder que nunca había tenido -El contrato que firmé bajo coacción no vale nada aquí. Y yo ya no soy el omega débil que podías pisotear. Tengo a alguien que me cuida de verdad.-
El alfa dominante soltó a Samuel con asco, como si fuera basura.
-Llévense a su jefe antes de que pierda lo que me queda de control.- Ordenó a los acompañantes.
Cuando el estudio quedó libre de la toxicidad del cedro, el silencio que quedó era vibrante. Ronen se giró hacia Ian, su pecho aún subiendo y bajando con fuerza por la adrenalina. Su aroma comenzó a suavizarse, volviendo al eucalipto reconfortante, pero sus ojos seguían fijos en Ian con una intensidad devoradora.
Ian no lo pensó. Se lanzó a los brazos de Ronen, rodeando su cuello con fuerza. El contacto fue un estallido de sensaciones. La chaqueta del alfa estaba caliente, y el latido de su corazón era un tambor contra el pecho de Ian.
-Gracias... gracias.- Susurró Ian contra el cuello de Ronen, buscando el punto de aroma del alfa.
El alfa lo estrechó contra sí, enterrando el rostro en el cabello de Ian, aspirando la mezcla de lavanda y miel que ahora fluía libremente. Sus manos grandes se hundieron en su espalda, manteniéndolo pegado a él, como si quisiera fusionar sus cuerpos.
-Te dije que era tu escudo, pequeño.- Murmuró el alfa, y esta vez, no se contuvo. Bajó la cabeza y buscó los labios de Ian.
Fue un beso que sabía a victoria y a alivio. Fue rudo al principio, cargado de la posesividad del alfa, pero se volvió tierno y profundo, una promesa de que el eclipse había terminado oficialmente. El aroma de ambos se fundió en una fragancia nueva, una que el estudio grabaría para siempre en la memoria de las paredes.
Ian se separó apenas unos milímetros, con los labios rojos y los ojos brillantes.
-Ronen... creo que la canción ya tiene final.-
El alfa sonrió, acariciando la cintura del omega con sus pulgares, sintiendo la suavidad de su piel bajo la ropa.
-Entonces vuelve ahí dentro y termínala. Yo no me voy a mover de aquí. Jamás.-