Jessica trabaja como secretaria en una empresa de comida enlatada. Su vida es rutinaria, predecible… segura.
Aquella mañana, como cualquier otra, estaba en el comedor desayunando junto a sus compañeros, ajena a lo que estaba a punto de ocurrir.
Entonces, un escándalo estalló en la recepción.
Gritos. Golpes. Algo no estaba bien.
Movida por la curiosidad, Jessica se acercó con los demás, sin imaginar que ese sería el último momento de normalidad en sus vidas.
Porque lo que vieron… no era humano.
Ese día, el mundo cambió.
Y nadie estaba preparado para sobrevivir.
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CAPÍTULO 19
Enrique dio un paso más.
—Luna esta viva gracias a que Jessica la protegió.
Enrique...
Sentí algo en el pecho apretarse.
No supe si era alivio…
o algo más.
Omar habló entonces.
—Lo importante no es eso —dijo con calma—. Lo importante es entender qué era esa cosa.
El silencio regresó.
Pero ahora era distinto.
Más enfocado.
Más… peligroso.
Todos miraron el cuerpo de la criatura.
Inmóvil.
Pero incluso así…
nadie se acercaba.
Yo tampoco.
No podía.
Dos soltó una pequeña risa sin humor.
—Finalmente dicen algo inteligente.
Su voz sonó más baja de lo habitual.
Más… pesada.
Se pasó una mano por el cuello, como si intentara liberar tensión, y caminó hacia el cuerpo sin el menor rastro de duda.
Algunos retrocedieron.
Instintivamente.
—¿Qué haces? —preguntó Logan.
Dos se agachó junto a la criatura.
La observó.
De cerca.
Demasiado cerca.
—Memorizarla —respondió—. Porque si apareció una… no será la última.
Un escalofrío recorrió el grupo.
Lentamente, Dos tomó una de las extremidades de la criatura con la punta de su cuchillo y la movió apenas.
Las fibras musculares se tensaron ligeramente… incluso muertas.
Un murmullo de horror se extendió.
—No es un muerto —continuó—. No es como ellos.
Omar se acercó un poco más, con cautela.
—¿Entonces qué es?
Dos inclinó la cabeza, pensativo.
—Evolución… —murmuró—. O algo peor.
Sentí que el aire se volvía más pesado.
Más difícil de respirar.
Enrique apretó la mandíbula.
—¿Cuántas más hay?
Dos alzó la mirada hacia él.
Y sonrió.
Pero no fue una sonrisa tranquilizadora.
—Esa es la pregunta equivocada, Enriquito.
Se puso de pie lentamente.
—La pregunta correcta es… —hizo una breve pausa, mirando a todos— ¿cuándo volverán?
El silencio fue absoluto.
Nadie tuvo una respuesta.
Nadie quiso tenerla.
Yo apreté los puños.
Mi mirada se desvió, casi sin querer…
hacia el reflejo del vidrio roto.
Por un segundo—
mi corazón se detuvo.
Mi reflejo… estaba ahí.
Cubierta de sangre.
Los ojos abiertos.
Pero había algo más.
Un color extraño en ellos.
Algo que no encajaba.
Parpadeé.
Y desapareció.
Retrocedí un paso, confundida.
¿Qué fué eso...?
Mis ojos estaban...
—¿Jessica? —la voz de Omar me hizo volver.
Negué con la cabeza, intentando apartar esa sensación extraña.
—Estoy bien… —repetí, aunque mi voz no sonó tan firme como quería.
Omar me sostuvo la mirada un segundo más, como si intentara leer algo que ni yo misma entendía. No dijo nada.
Enrique dio una última mirada a la criatura en el suelo y luego al grupo.
—Todos aléjense de eso. No sabemos si puede… reaccionar otra vez.
Nadie discutió. El miedo era suficiente.
Pero yo no podía quedarme callada.
No después de lo que había visto.
Tragué saliva.
—No fue… aquí donde empezó.
Las miradas se volvieron hacia mí.
Sentí el peso de todas ellas, pero esta vez no bajé la mirada.
—Yo la vi desde la ventana —continué, señalando hacia el vidrio roto—. Estaba en la calle… —mi mano tembló ligeramente mientras apuntaba hacia afuera—. Ese hombre…
Todos siguieron la dirección de mi dedo.
A lo lejos, aún se distinguía el cuerpo destrozado junto a la motoneta volcada.
Un silencio incómodo cayó.
—Él venía huyendo —dije—. Y esa cosa… salió de la nada. Lo derribó y… —mi voz se quebró apenas— empezó a devorarlo.
Algunos apartaron la mirada.
Otros fruncieron el ceño.
—Pero eso no es lo peor —añadí, sintiendo cómo el recuerdo me helaba la sangre—. Me vio.
Omar se tensó levemente.
—¿Desde la calle…? —preguntó.
Asentí.
—Sí… —susurré—. No tiene ojos… pero… me vio. Estoy segura.
El ambiente se volvió más pesado.
—Y luego… —continué, apretando los puños— desapareció.
Enrique frunció el ceño.
—¿Desapareció?
—Sí… —mi voz bajó aún más—. Dejé de verlo por un segundo… y cuando volví a mirar…
Señalé el vidrio.
—Ya estaba aquí.
Nadie habló.
Podía ver cómo procesaban lo que decía.
—Como si hubiera cruzado toda la distancia en un instante… —añadí—. Como si… nos hubiera localizado.
Un escalofrío recorrió el grupo.
—Luna habló… —murmuré—. Y entonces atacó.
El silencio fue absoluto.
Esta vez, distinto.
Más profundo.
Más real.
Ya no era solo miedo.
Era comprensión.
—Entonces… —dijo uno de los sobrevivientes— ¿nos detecta…?
Nadie respondió.
Pero la idea ya estaba ahí.
Sembrada.
Creciendo.
—Interesante…
La voz de Dos rompió el momento.
Todos voltearon hacia él.
Estaba sonriendo.
Pero no como siempre.
Había algo más en esa sonrisa.
—Así que no solo caza… —murmuró—. Rastrea.
Omar lo miró con seriedad.
—¿Qué implica eso?
Dos inclinó ligeramente la cabeza, pensativo.
—Que no fue casualidad —respondió—. Vino directamente hacia ustedes.
Sentí un nudo en el estómago.
Enrique dio un paso al frente.
—¿Por qué?
Dos no respondió de inmediato.
Sus ojos se posaron en mí.
Otra vez.
—Esa es la pregunta correcta… —dijo finalmente.
Mi respiración se volvió más pesada.
—¿Insinúas algo? —preguntó Enrique, tenso.
Dos sonrió apenas.
—No insinúo nada… aún.
Omar intervino antes de que la tensión creciera más.
—Lo importante es que ahora sabemos que esas cosas pueden detectar objetivos a distancia.
—Y que se mueven rápido —añadió Enrique.
—Demasiado rápido… —murmuré.
El silencio volvió.
Pero esta vez nadie lo rompió de inmediato.
Porque todos entendíamos lo mismo.
Esto…
acababa de empeorar.
Enrique finalmente reaccionó.
—Todos en alerta —ordenó—. Refuercen la barricada. Nadie haga ruido innecesario. No se acerquen a las ventanas.
La gente comenzó a moverse.
Más rápido ahora.
Más nerviosa.
Pero antes de que Enrique se alejara, me miró.
Diferente.
Más atento.
—Quédate cerca —dijo.
Asentí.
Omar se colocó a mi lado, como antes.
Vigilante.
Protector.
Dos no se movió.
Se quedó observándome.
En silencio.
Y cuando finalmente pasó a mi lado—
se inclinó apenas, lo suficiente para que solo yo lo escuchara.
—Ahora sí se pone interesante…
Mi piel se erizó.
No respondí.
Porque en el fondo…
algo dentro de mi...
sentía que tenía razón.
Y eso—
me aterraba más que la criatura misma.
......................
Ese día nadie quiso dormir cerca de las ventanas del edificio.
Las cortinas improvisadas, los muebles arrastrados, las miradas constantes hacia el exterior… todo lo dejaba claro.
El miedo estaba ahí.
Presente.
Pesado.
Después de todo lo que había pasado, la mamá de Luna no volvió a dejarme acercarme a ella.
Ni siquiera me miraba.
Cada vez que pasaba cerca, la abrazaba más fuerte, como si yo fuera el peligro.
Como si…
yo fuera el motivo.
Eso me dolió más de lo que esperaba.
absurdo pelearle a la mujer que básicamente se salvó sola de morir en último minuto.
😒😒
en fin, se creen que la mujer es de hierro.
que goze hasta que se transforme otra vez
es que tonsentia que iba a estar con Jackson alias dos
bello
autora aaaaa necesitamos más capitulos, en qué altar te ponemos ? 🤣🤣🤣
cómo me dejas con semejante evento 🤩🤩🤩🤩🤩
necesito más capitulos esto está intensoooo