n plena boda, la mejor amiga de Lucía Herrera expone sus fotos íntimas. Su prometido la llama zorra, la golpea y le arranca el vestido de novia… para casarse con la traidora.
Cinco años después, Lucía regresa con sus mellizos, Mateo y Sofía, sin saber quién es su padre. Hasta que se cruza con Adrián Valdés, un poderoso CEO que parece la versión adulta de Mateo.
—Quiero a mis hijos conmigo.
—No voy a separarme de ellos.
Mateo se planta frente a él. Sofía se aferra a la mano de su madre.
—¡No se meta con mi mami, imbécil! ¡Primero tendrá que vérselas conmigo!
Pero el padre de los mellizos también es el tío de su ex. Y para no perder a sus hijos, Lucía acepta casarse con él por contrato.
Esta vez, vuelve a la familia Valdés por la puerta grande.
El hombre que la echó de su propia boda tendrá que llamarla tía.
NovelToon tiene autorización de Camila Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6
Capítulo 6. ¿Ahora te haces la santa?
La voz de Nicolás dejó a Lucía aturdida. Las imágenes de aquella boda volvieron de golpe. Recordar su crueldad y su desconfianza todavía le helaba el corazón.
Nicolás dejó un sobre en el escritorio. Al bajar la mirada, vio a la mujer sentada frente a su tío.
La expresión le cambió al instante. Sus pupilas se contrajeron.
—¿Tú…? ¿Lucía?
Su presencia lo dejó estupefacto. ¿Había vuelto?
Antes de que ella respondiera, Adrián los observó desde su sillón con un interés difícil de interpretar.
—¿Se conocen?
—¡No! —soltó Lucía sin pensarlo.
Nicolás calló un instante y luego soltó una risa fría.
—Es verdad. No nos conocemos. La Lucía que yo conocía está muerta.
Ella levantó por fin los ojos y lo fulminó con la mirada. La tensión entre ambos era palpable.
Aun así, logró conservar la calma. Era su primer día de trabajo. Montar una pelea con Nicolás allí no le serviría de nada.
Apretó los labios y volvió la cara, decidida a tratarlo como a un desconocido.
—Tío, ¿quién es ella? —preguntó Nicolás sin dejar de mirarla.
¿Qué hacía allí?
Adrián ya había visto cómo reaccionaban los dos. Fingió no saber nada.
—La nueva diseñadora de la empresa.
¿Diseñadora? ¿Ahora tenía esa clase de talento?
Hacía cinco años que no la veía. Su aspecto apenas había cambiado. Nicolás había supuesto que la encontraría arruinada, pasando dificultades. En cambio, era una mujer más preparada y tenía un atractivo que antes no había tenido.
Cerró el puño sin que se notara.
—Si no necesitas nada más, puedes retirarte —dijo Adrián, recogiendo el sobre.
Solo entonces Nicolás apartó los ojos de ella. Tenía el rostro tenso, como si se estuviera conteniendo. Pero no dijo nada. Asintió hacia su tío y se marchó a grandes pasos.
Cuando sus pisadas se alejaron, Lucía sintió que aflojaba la tensión que llevaba dentro.
No había imaginado que su nuevo jefe fuera el tío menor de Nicolás.
Aunque Adrián no aparentaba más de treinta años…
El encuentro la había alterado. Se esforzó por mantener la serenidad.
—Señor Valdés, ¿puedo volver a mi trabajo?
Él le dirigió una mirada profunda.
—Ve.
Había alcanzado a ver el desconcierto en sus ojos. Parecía que el informe de Iván era correcto: ella era la exnovia de su sobrino.
Lucía salió de la oficina y caminó hacia el ascensor, todavía distraída. Al doblar una esquina, una mano la agarró de pronto y tiró de ella.
—Ah…
El hombre le tapó la boca al instante. La arrastró por la fuerza hasta un rincón desierto y solo entonces la soltó.
—¿Nicolás? ¿Qué quieres?
Lucía se liberó de él. Al reconocer a quien la había sujetado, sintió que la indignación le subía por el cuerpo.
Nicolás se le acercó hasta invadir su espacio.
—Eso debería preguntártelo yo. ¿Cómo tienes la desvergüenza de volver? ¿Qué buscas en Altamar?
Lucía no retrocedió. Alzó la cabeza y le sostuvo la mirada.
—Ya lo oíste. Soy diseñadora de Altamar. Vine a trabajar. ¿A qué más iba a venir?
—¿A trabajar? Ja… Seguro que buscas otra cosa.
Le sujetó el mentón y acercó la cara a la suya.
—¿Ya andas otra vez de zorra? ¿Ahora quieres seducir a mi tío?
La mirada de Lucía se endureció. Le apartó la mano y le soltó una bofetada.
—¡Nicolás! ¡Vuelve a decir una mentira así y te denuncio por difamación!
El golpe también lo encendió de rabia.
—¡No eres más que una cualquiera! ¿Y a estas alturas todavía te haces la santa?
—¡Puedes no creerme, pero no tienes derecho a insultarme! ¡A Natalia le bastó una palabra para que la creyeras! ¿Por qué a mí no?
Sabía que seguía humillándola por aquellas fotos.
—¿De verdad crees que esas fotos son auténticas? ¿Nunca te preguntaste por qué aparecieron justo en la boda?
Nicolás la miró con el rostro sombrío. Algo vaciló dentro de él, pero siguió aferrándose a su desconfianza.
—¿Te atreves a decir que no me engañaste?
Lucía estaba agotada de aquella discusión. Lo miró con frialdad.
—Cree lo que quieras. Tú y yo ya no tenemos nada que ver.
Pasó a su lado y se marchó deprisa.
Más tarde supo por qué Nicolás tenía un tío tan joven. El presidente del consejo de los Valdés había sido padre de Adrián, su hijo menor, cuando ya rozaba los cincuenta años.
Si Lucía hubiera sabido todo aquello antes, jamás habría aceptado trabajar en Altamar.