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Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Destinada al Alfa que Rechazó el Vínculo

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Hombre lobo / Reencarnación / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana Lyra

Él la rechazó. Ella decidió hacerlo caer de rodillas.

Cillian Voss es el Alfa de Luna Roja: multimillonario, controlador y roto por dentro. Hace más de dos décadas enterró a la mujer que amaba y, con ella, cualquier intento de volver a sentir. Su manada lo respeta. Sus enemigos lo temen. Pero nadie conoce al hombre herido que se esconde tras esa mirada helada.

Aurora Hale, futura Alfa de Estrella de la Mañana, nunca fue de las que bajan la cabeza. Inteligente, provocadora y peligrosamente decidida, creció aprendiendo a moverse entre el poder, el orgullo y la manipulación.

Durante la celebración de la Luna Azul, un vínculo imposible despierta entre los dos.

¿El problema? Cillian se niega a aceptarlo.

Para él, el destino es una maldición cruel. Para Aurora, el rechazo es apenas el comienzo del juego.

Mientras el deseo crece de forma obsesiva y sus lobos se resisten a la separación, ella toma una decisión: no será la mujer que le ruega al Alfa de Luna Roja. Hará algo mucho más peligroso.

Lo hará perder el control.

Porque hay lazos que no se pueden romper. Y hay Alfas que terminan de rodillas antes siquiera de darse cuenta de que están enamorados.

NovelToon tiene autorización de Rosana Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Todavía estaba tratando de ordenar todo lo que sentía por dentro. Durante años, mi sueño fue encontrar a mi destinado. Imaginaba el olor, el roce, el tirón del vínculo. Me veía como Luna, al lado de un Alfa fuerte, compartiendo liderazgo y vida.

Ahora lo tenía todo. Y no lo tenía.

Yo era la Luna de Cillian Voss. El vínculo estaba ahí, firme, latiendo, vivo. Me sentía bendecida por la Diosa por haber sido unida a él, precisamente a él. Pero mi Alfa… rechazaba ese vínculo.

No era fácil ignorarlo.

Trataba de no pensar en cómo retrocedía cada vez que lo nuestro se calentaba. En cómo decía que rechazaba el vínculo mientras su mano me apretaba la cintura como si nunca fuera a soltarme. En cómo sus ojos me devoraban y luego fingían indiferencia.

—Tiene miedo* —susurró Irys, quedita, allá en el fondo—. Pero el miedo no cambia lo que él es para nosotras.*

Yo lo sabía. Sabía que algo así no se controla tan fácil. Que ningún Alfa le cierra simplemente la puerta en la cara a su propia Luna y luego duerme en paz. Mientras él no dijera en voz alta «te rechazo como mi Luna», mientras esas palabras no le salieran de la boca, yo sabía que todavía vendría tras de mí.

Era inevitable.

Todo el mundo sabía lo que significaba un vínculo entre un Alfa y su destinado. No era solo amor, no era solo deseo, no era solo compañía. Era poder. Era equilibrio. Era la base de su fuerza. Mientras más fingiera que eso no existía, más arriesgaba, no solo a sí mismo, sino a su propia manada.

No podía controlar a Cillian. Pero sí podía controlar lo que yo haría al respecto.

Esa noche, bajo la luz de la Luna Azul que aún brillaba fuerte, decidí que no me quedaría esperando de brazos cruzados. Todavía sentía su roce en la piel, su olor atorado en el fondo de la nariz, el eco de las provocaciones que intercambiamos. Mi cuerpo recordaba demasiado. Mi mente, también.

Así que me fui a hacer lo que sabía: vivir.

Estaba conversando con Draxion, mi mejor amigo, en un rincón del claro, un poco apartados del bullicio principal. Él recargado en un tronco, con los brazos cruzados, observándome con esa mirada atenta que siempre usaba cuando quería entender incluso lo que yo no decía.

—Todos lo sintieron, Aurora —habló después de un trago a su bebida—. Todos en Estrella de la Mañana sintieron que la futura Alfa selló un vínculo con alguien.

Lo miré de frente, sin fingir sorpresa. Él sonrió de lado.

—Fue con Cillian, ¿verdad? —preguntó—. Desaparecieron del claro por un rato…

Suspiré, moviendo la punta del dedo dentro del vaso.

—Sí —confirmé—. Fue con Cillian.

—¿Y por qué esa cara? —Draxion entrecerró los ojos—. Deberías estar brillando más que esa Luna.

Me reí, sin humor.

—Porque se resiste a aceptar el vínculo.

Su sonrisa se apagó un poco.

—Tal vez… —empezó, rascándose la nuca— sea por lo que andan diciendo por ahí.

Levanté la vista de inmediato.

—¿Qué andan diciendo por ahí, Draxion?

Me miró como si estuviera seguro de que yo ya lo sabía.

—Lo mismo que probablemente ya habías oído antes —respondió—. Que se cerró al mundo después de que su Luna murió en el parto. Y que la hija de ambos nació muerta.

Me quedé callada.

Porque sí lo había oído. En susurros, en conversaciones de fondo, en historias soltadas entre una reunión y otra. Solo que… lo había olvidado. O mejor dicho, había empujado esa información al rincón más lejano de la mente cuando sentí formarse el vínculo.

La emoción de descubrir que yo era la Luna de Cillian borró todo lo que no combinaba con la felicidad. Miré a Draxion, sintiendo que un peso distinto se me posaba en el pecho.

—Por eso se resiste —dije, más para mí que para él—. No es normal que la Diosa le dé una segunda oportunidad a un lobo. Debe de tener miedo de… perderme a mí también.

Decir «perderme» volvió todo más real. Draxion me estudió un instante.

—Puede ser —estuvo de acuerdo—. No parece de los que se meten en algo a medias.

Respiré hondo, dejando que la certeza se asentara.

—No importa. —Miré a la Luna y luego volví a él—. Estoy decidida a demostrarle que vamos a envejecer juntos.

Una sonrisa le tiró de la comisura de la boca a Draxion.

—Técnicamente, él ya es viejo, ¿no? —comentó, divertido—. Veinte años mayor que tú.

Puse los ojos en blanco.

—No me importa la edad de Cillian —respondí, sin más—. Y, seamos sinceros, no aparenta más de treinta.

Draxion soltó una risa breve.

—Justo. —Alzó el vaso en un brindis simbólico—. Entonces… buena suerte, futura Alfa, para lograr penetrar el corazón blindado del Alfa de Luna Roja.

Sonreí, pero no brindé con él.

—No necesito suerte —dije con una convicción limpia—. Solo me necesito a mí misma.

Negó con la cabeza, como quien sabe que discutir conmigo es perder el tiempo.

—Ahí está el problema y la solución a la vez —constató.

Pasaron dos días. La Luna Azul ya era solo un recuerdo intenso en la cabeza y tema en todos los corrillos.

Intenté mantener la rutina, entrenar, ayudar con los niños del patio, fingir que el corazón no se me aceleraba cada vez que recordaba la mirada de Cillian, su voz en mi oído, sus manos en mi cintura.

¿Qué estará haciendo? ¿Estará pensando en mí?

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