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Nuestro Amor Quedó Pendiente

Nuestro Amor Quedó Pendiente

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Escuela / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

Un amor de adolescentes que a pesar de los años sigue pendiente

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La noticia

El lunes siguiente, Valeria llegó a la escuela mucho antes de lo habitual.

Había pasado todo el fin de semana pensando en la conversación que había tenido con la madre de Mateo. Cada vez que intentaba convencerse de que no debía darle importancia, las palabras regresaban a su cabeza.

Aléjate de él.

Mateo tiene un futuro por delante.

El amor no siempre es suficiente.

Valeria no quería creer que aquellas palabras pudieran cambiar algo entre ellos, pero por primera vez desde que había conocido a Mateo sentía miedo.

Miedo de perderlo.

Miedo de que sus padres consiguieran separarlos.

Y, sobre todo, miedo de que algún día Mateo llegara a pensar que su familia tenía razón.

Se sentó junto a la ventana y dejó la mochila sobre el pupitre.

La pulsera de hilo seguía en su muñeca.

La tocó suavemente.

—No te voy a olvidar —murmuró.

—¿A quién?

Valeria levantó la cabeza sobresaltada.

Mateo estaba de pie frente a ella.

—A nadie.

Él sonrió.

—Estás rara.

—No estoy rara.

—Sí estás rara.

Mateo se sentó a su lado.

—¿Pasó algo?

Valeria negó con la cabeza.

—No.

Él la observó unos segundos.

—Puedes contarme cualquier cosa.

Valeria estuvo a punto de decirle la verdad.

Pero recordó la expresión de su madre cuando le había pedido que se alejara de él.

No quería que Mateo discutiera con sus padres por su culpa.

—Solo estoy cansada.

Mateo no pareció convencido.

—Si estás cansada, hoy te acompaño a casa.

Valeria sonrió.

—Siempre quieres acompañarme.

—Porque me gusta estar contigo.

Ella bajó la mirada.

—A mí también.

La campana sonó y tuvieron que comenzar las clases.

Durante toda la mañana intentaron comportarse como cualquier otro día. Pero Valeria estaba distraída.

Mateo lo notaba.

En el recreo, la llevó hasta el jardín detrás de la escuela.

—Ahora sí.

—¿Ahora qué?

—Ahora me vas a decir qué te pasa.

Valeria suspiró.

—No pasa nada.

—Valeria.

—De verdad.

Mateo se acercó.

—No me gusta cuando me dices que no pasa nada cuando sé que sí pasa.

Ella permaneció en silencio.

Finalmente preguntó:

—¿Tus padres siguen queriendo que te vayas?

Mateo bajó la mirada.

—Sí.

—¿Cuándo?

—Todavía no sé.

—¿Y tú qué vas a hacer?

—No quiero irme.

—Pero quizá tengas que hacerlo.

Mateo tomó su mano.

—Voy a volver.

—¿Cómo sabes?

—Porque no quiero que esto termine.

Valeria sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Yo tampoco.

Mateo la abrazó.

Durante unos segundos, ninguno habló.

Pero al separarse, Valeria tomó una decisión.

No iba a permitir que el miedo destruyera aquellos últimos meses que todavía podían tener juntos.

Si algún día tenían que separarse, quería recordar que habían sido felices.

No quería que su última etapa juntos estuviera llena de lágrimas.

Los días comenzaron a pasar rápidamente.

Mateo y Valeria aprovecharon cada momento.

Estudiaban juntos.

Caminaban por el pueblo.

Se sentaban junto al río.

Visitaban la pequeña casa abandonada donde habían escrito sus iniciales.

Incluso comenzaron a hacer una lista de lugares que algún día querían conocer.

—El mar —dijo Valeria.

—Una ciudad grande.

—Una montaña.

—Otro país.

Valeria se rio.

—¿Otro país?

—Sí.

—Primero tenemos que terminar la escuela.

—Entonces después.

—¿Juntos?

Mateo la miró.

—Juntos.

Aquella palabra comenzó a convertirse en una promesa.

Mientras tanto, en la casa de Mateo, sus padres seguían hablando sobre el futuro de su hijo.

Una noche, su padre dejó unos documentos sobre la mesa.

—Ya está decidido.

La madre de Mateo los miró.

—¿La escuela?

—Sí.

—¿Cuándo se irá?

—Al terminar el año escolar.

Ella respiró profundamente.

—Entonces tenemos unos meses.

—No podemos esperar demasiado.

—¿Qué quieres hacer?

Su padre se quedó pensativo.

—Primero quiero hablar con él.

—¿Y si se niega?

—No puede negarse.

—Es muy terco.

—Es joven. Todavía no entiende lo que le conviene.

La madre de Mateo bajó la mirada.

—¿Y Valeria?

—Ella también tendrá que entender.

No sabían que Valeria ya había sido advertida.

Y tampoco sabían que ella estaba empezando a preparar su propia vida.

Unos días después, Valeria recibió una noticia inesperada.

Su madre la llamó a la cocina.

—Tenemos que hablar.

Valeria sintió un pequeño escalofrío.

—¿Qué pasó?

—Tu padre recibió una propuesta de trabajo en otra ciudad.

Valeria dejó el vaso que tenía en la mano.

—¿Otra ciudad?

—Sí.

—¿Cuál?

Su madre le dijo el nombre.

Valeria sintió que el corazón se le detenía.

Era una ciudad bastante lejos.

—¿Nos vamos?

—Todavía no está decidido.

—¿Pero están pensando en irse?

—Sí.

Valeria se quedó callada.

La misma situación que tanto temía estaba ocurriendo.

Ahora no solo Mateo podía marcharse.

Ella también.

Subió a su habitación y cerró la puerta.

Sacó la carta que había escrito días antes.

La abrió.

Leyó nuevamente sus propias palabras.

No sé qué va a pasar con nosotros.

Ahora lo sabía.

Todo podía cambiar.

Se sentó sobre la cama y lloró en silencio.

Aquella noche no le contó nada a Mateo.

Al día siguiente tampoco.

Pero él terminó descubriéndolo.

Estaban caminando hacia el río cuando Valeria se detuvo.

—Mateo.

—¿Qué?

—Tengo que decirte algo.

Él se volvió.

—Dime.

Valeria respiró profundamente.

—Mis padres están pensando en mudarse.

Mateo quedó completamente inmóvil.

—¿Qué?

—Todavía no es seguro.

—¿Cuándo?

—No sé.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Tenía miedo.

—¿De qué?

—De perderte.

Mateo se acercó.

—No me vas a perder.

—Eso no lo sabemos.

—Sí lo sabemos.

—¿Cómo?

—Porque voy a buscarte.

Valeria negó con la cabeza.

—¿Y si estás lejos?

—Te llamaré.

—¿Y si no puedes?

—Te escribiré.

—¿Y si tus padres no te dejan?

Mateo guardó silencio.

Valeria entendió que ese era el verdadero problema.

Se abrazaron.

—No quiero que esto termine —susurró ella.

—No va a terminar.

Pero aquella promesa comenzaba a enfrentarse a demasiados obstáculos.

Esa misma tarde, Mateo regresó a casa decidido a hablar con sus padres.

Los encontró en la sala.

—Quiero hablar con ustedes.

Su padre levantó la mirada.

—¿Sobre qué?

—Sobre Valeria.

Su madre cerró lentamente el libro que estaba leyendo.

—Mateo...

—No quiero que vuelvan a decirme que debo alejarme de ella.

—Entonces, ¿qué quieres? —preguntó su padre.

—Quiero que la respeten.

—La respetamos.

—No parece.

Su padre se puso de pie.

—Eres demasiado joven para entender algunas cosas.

—Entiendo perfectamente que no la quieren.

Su madre intervino.

—No es eso.

—Sí lo es.

—Mateo...

—Ella no me ha hecho nada.

Su padre respiró profundamente.

—Esto no es solamente sobre ella.

—Entonces ¿sobre qué?

—Sobre tu futuro.

—Mi futuro lo decidiré yo.

Su padre lo miró con dureza.

—Mientras seas nuestro hijo y dependas de nosotros, habrá decisiones que no podrás tomar solo.

Mateo sintió una mezcla de rabia e impotencia.

—No pueden obligarme a dejar de quererla.

Su madre bajó la mirada.

—Quizá el tiempo lo haga.

Mateo salió de la habitación.

Esa noche tomó una fotografía de Valeria y la guardó dentro de su cuaderno.

No sabía cuánto tiempo les quedaba.

Pero estaba decidido a aprovecharlo.

Mientras tanto, Valeria permanecía junto a su ventana mirando las luces del pueblo.

Pensaba en Mateo.

Pensaba en la posibilidad de marcharse.

Pensaba en todos los sueños que habían compartido.

Y entonces comprendió algo que le dolió profundamente.

A veces dos personas pueden amarse de verdad y aun así no tener el poder de decidir lo que sucede.

La vida podía separarlos.

Sus padres podían intervenir.

La distancia podía cambiarlo todo.

Pero aquella noche Valeria hizo una promesa silenciosa.

Si tenía que marcharse, se llevaría consigo todos los recuerdos.

Y nunca permitiría que nadie le hiciera creer que aquel amor no había sido real.

Lo que ninguno de los dos sabía era que la decisión de sus padres estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.

Y que, antes de que terminara aquel año, sus vidas tomarían caminos completamente diferentes.

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Gloria Martinez Rodiguez
me gusta, pero tiene demasiados vacíos, k dejan inconclusa la novela. necesito una o dos capítulos más para un buen final
ariadna violet
☺️
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