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Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 3

Destinada A Un Amor Inmortal - Temporada 3

Status: En proceso
Genre:Romance paranormal / Romance / Vampiro
Popularitas:484
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

Bajo los gélidos e imponentes paisajes de Alaska, el amor inmortal de Adam y Bibiana se enfrenta a su prueba más difícil al verse presionados a contraer matrimonio por Marcelo, el despiadado padre de Adam; Una unión forzada que desentierra los peores dolores del pasado, llevando a Bibiana a tomar una decisión definitiva. Cargada de una indignación inquebrantable, la joven está decidida a confrontar cara a cara a su familia por haberle ocultado la verdad sobre el oscuro pacto secreto que su padre tejió en el ayer con su ahora suegro. Ella ya no será una pieza en el juego de nadie; luchará con valentía y con toda su fuerzas para romper de una vez por todas las cadenas del pasado y salvar su propio destino al lado del hombre que ama con el alma.

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

T3 Capítulo 5 - Visita inesperada

Los guardias se mantuvieron firmes, bloqueando el paso con una frialdad mecánica.

—Joven Adam, las órdenes son estrictas —insistió uno de los vampiros—. No podemos permitir el ingreso de nadie sin la autorización expresa de su padre.

Adam dio un paso al frente, con los ojos encendidos en una advertencia letal.

—El que les está dando la orden ahora mismo soy yo. Y les aseguro que, si no abren esa puerta, seré yo mismo quien se encargue de que mi padre los castigue por desobediencia.

Los guardias intercambiaron una mirada de temor y, sin decir una palabra más, se hicieron a un lado para dejar pasar a la invitada. Melissa cruzó el umbral y, sin poder contenerse, rodeó a Adam en un abrazo lleno de alivio.

—Adam... —susurró ella—. En el fondo de mi alma, sabía que estabas vivo.

—¿Cómo podías estar tan segura? —preguntó él, separándose apenas para mirarla.

—Aquel día no hubo sol —explicó Melissa con una sonrisa —. Era físicamente imposible que murieras quemado.

Adam bajó la mirada por un segundo, asintiendo para sí mismo.

—Es verdad... ¿Cómo no me di cuenta de un detalle tan obvio?

—Eso ya no importa ahora, Adam —lo interrumpió ella, recobrando la seriedad—. Estás aquí, eso es lo que cuenta.

—Tienes razón. Pero dime, ¿qué es lo que te trae realmente hasta esta casa?

—Vine por Bibiana —confesó Melissa con urgencia—. Su hermano y su padre están desesperados. La preocupación los está consumiendo.

—Bibi está bien, está a salvo conmigo —le aseguró Adam, aunque su voz denotaba la tensión de los últimos días.

—Necesito verla con mis propios ojos, Adam. Por favor.

—Está bien, acompáñame. Está en su habitación —respondió él, guiándola hacia el interior de la imponente mansión.

(Estudio de Marcelo)

Marcelo permanecía de pie frente al ventanal de su estudio, con las manos entrelazadas detrás de la espalda, cuando los guardias entraron para informar lo sucedido.

—¿Así que una joven vampira ha venido a visitar a mi hijo? —preguntó con una voz gélida que hizo que los subordinados se tensaran.

—Sí, señor —respondió uno de ellos con la cabeza baja—. Nosotros intentamos impedirle el paso siguiendo sus instrucciones, pero el joven Adam nos dio una orden directa. No pudimos negarnos.

—No importa —murmuró Marcelo, dibujando una sonrisa enigmática—. Ahora tengo curiosidad por descubrir quién es esa supuesta amiga de mi hijo y qué asuntos la traen a mi casa.

(Habitación de Bibiana)

Adam entró en la habitación con una expresión más ligera, rompiendo la atmósfera de melancolía que solía rodear a Bibiana.

—Hola, Bibi —dijo él, dedicándole una sonrisa cálida.

—Hola —respondió ella, intentando corresponder el gesto.

—Alguien muy especial ha venido hasta aquí y tiene muchas ganas de verte.

—¿Quién, Adam? —preguntó Bibiana, sintiendo un vuelco en el corazón.

Adam hizo una seña hacia la puerta.

—Ya puedes pasar.

—Ese alguien especial soy yo, amiga —anunció Melissa, entrando con los brazos abiertos.

—¡Melissa! —exclamó Bibiana, corriendo a refugiarse en el abrazo de su amiga. Ambas se estrecharon con fuerza, compartiendo un momento de alivio puro entre tanto caos.

—Voy a dejarlas solas para que hablen tranquilas —murmuró Adam antes de retirarse y cerrar la puerta tras de sí.

Bibiana se separó apenas unos centímetros, todavía emocionada.

—Qué bueno que viniste... No sabes la falta que me hacías.

—¿Cómo estás realmente, Bibi? —preguntó Melissa, analizando el rostro de su amiga.

—Me siento como en una jaula de oro —confesó Bibiana con un suspiro—. Todo es lujoso, pero sigo siendo una prisionera.

—Me lo imagino. Pero no te sientes así del todo... puedo ver en tu corazón que tu único refugio es Adam.

—Es verdad. Él es lo único que me hace resistir este lugar, aunque todavía me duela que me haya mentido tanto tiempo.

Melissa bajó la mirada y suspiró.

—Bibi... yo siempre tuve la sospecha de que Adam estaba vivo.

Bibiana se quedó petrificada. La alegría del reencuentro se desvaneció en un segundo.

— Si tenías esa sospecha... ¿por qué nunca me dijiste nada? ¿Por qué me dejaste llorarlo como si estuviera muerto?

—Diego me pidió que no te dijera nada —confesó Melissa con culpa—. No quería que te hicieras ilusiones falsas por una corazonada mía.

—¡Mi familia siempre termina ocultándome secretos! —estalló Bibiana, alejándose con rabia—. No puedo creer que todos decidieran por mí mientras yo me hundía en la tristeza.

—Bibi, trata de entenderlo. Diego solo quería protegerte.

—Aun así, debieron decirme la verdad. Y no me extraña que mi padre también lo supiera y lo ocultara, igual que ocultó lo del pacto.

Melissa guardó silencio un momento.

—¿Ya sabes lo del pacto?

—Sí. Y por tu cara veo que tú también lo sabías —acusó Bibiana con amargura.

—Sí, Bibi... pero no podía decirte nada. Ese era un secreto que solo le correspondía a tu padre.

—Esto es increíble. Todos lo sabían menos yo —dijo Bibiana, con la voz cargada de una decepción profunda—. Descubrir que mi propio padre me vendió a los Soler y lo ocultó todos estos años... me hace odiarlo.

—Es comprensible que te sientas así —asintió Melissa—. Pero tuviste mucha suerte de que resultara ser Adam el hijo de ese vampiro. Imagina si te hubiera tocado alguien cruel.

—Lo sé. Agradezco a la vida que fuera él, pero eso no borra la traición de mi familia.

—Bibi, tu padre y tu hermano están desesperados por saber de ti. Por eso vine.

—Solo diles que estoy bien —respondió ella cortante.

—¿Solo eso? ¿Nada más?

—No, Melissa. Nada más. Después de que Adam y yo nos casemos, regresaremos a Finlandia y entonces los veré.

Melissa abrió los ojos de par en par.

—¿Adam y tú se van a casar?

—Sí —concluyó Bibiana con amargura—. Pasado mañana. Pero es una boda bajo presión Marcelo Soler el padre de Adam.

Pueblo Finlandés – Casa de Matt

Matt terminaba de cerrar su maleta con una determinación que rayaba en la obsesión. Su madre, Martina, lo observaba desde el umbral de la sala con el corazón encogido.

—Me voy de viaje, mamá —anunció él sin levantar la vista.

—Hijo... me alegra tanto que lo hayas decidido —suspiró Martina con alivio—. Irme de aquí te ayudará a olvidar todo el dolor y lo malo que has pasado con esa chica.

Matt se detuvo en seco y miró a su madre con una frialdad que la estremeció.

—No me voy por eso, mamá. No voy a huir.

—¿Entonces? ¿A dónde piensas ir?

—He contactado a una persona —confesó Matt, bajando la voz—. Alguien que me ayudará a destruir a ese vampiro que tiene a Bibiana en su poder.

Martina palideció, llevándose las manos al pecho.

—¡Dios mío, Matt! Eso solo traerá más desgracia, incluso tu propia muerte. Por favor, hijo, deja las cosas como están. No empeores una situación que ya es demasiado peligrosa.

—Regresaré en unos días, mamá —sentenció Matt, ignorando sus súplicas.

Tomó su maleta y cruzó la puerta con paso firme, dejando a Martina pronunciando su nombre en medio de un silencio cargado de mal presagio.

Alaska, Mansión Soler – Habitación de Bibiana

El silencio se apoderó de la habitación mientras Melissa observaba a su amiga, preocupada por el destino que parecía estar aceptando sin resistencia.

—Bibi... —comenzó Melissa en un susurro, acercándose a ella—. Yo sé que amas profundamente a Adam, pero si en tu interior sientes que no quieres casarte de esta forma, bajo este control... yo podría ayudarte. Podría sacarte de aquí ahora mismo.

Bibiana levantó la mirada, con una serenidad que sorprendió a Melissa.

—Gracias, Meli. De verdad aprecio tu intención, pero no voy a escaparme.

—¿Por qué? —preguntó Melissa, confundida—. Esta es tu oportunidad de recuperar tu libertad.

—Porque ya no tengo a dónde volver —sentenció Bibiana con una firmeza gélida—. Mi familia me ha decepcionado de una forma que no puedo perdonar. Pero, sobre todo, no me voy porque quiero casarme con Adam. No importa el lugar, ni las presiones de su padre; mi lugar está con él.

Melissa se quedó callada, procesando la resolución en las palabras de Bibiana. Entendió que, aunque la mansión fuera una prisión, el amor de Bibiana por Adam era la única libertad que ella realmente valoraba.

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