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La Novia Del Mafioso

La Novia Del Mafioso

Status: Terminada
Genre:CEO / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Piccola

Un mafioso enamorado de una estudiante universitaria, ella es de una familia acomodada.

el tiene una empresa legal y aparte sus negocios ilegales.

ella es una chica curvy, el es alto y guapo

NovelToon tiene autorización de Piccola para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Celos y una invitación

 

📖 Capítulo 6: Celos y una invitación

💬 Verónica — Primera persona

El teléfono suena justo cuando estoy guardando mis cuadernos en la mochila. Lo saco y sonrío sin querer al ver su nombre en la pantalla.

—¿Sí? Dime, Rafael —respondo con calma.

Se queda en silencio unos segundos al otro lado de la línea, como si estuviera buscando las palabras adecuadas. Su voz suena diferente, más suave, menos brusca de lo habitual.

—¿Todavía estás ahí? —pregunta en un susurro.

—Sí, aquí sigo. Me dirijo a la biblioteca ahora mismo —le digo—. Gracias por llamar para saber si estoy bien. Igual tú cuídate mucho, ¿de acuerdo?

—Cuídate —dice simplemente, y cuelga antes de que pueda despedirme.

Sonrío para mí misma. Cuelga sin decir adiós. Es su manía, pienso guardando el teléfono. Pero no me molesta. Sé que le cuesta mostrar que le importo, y en el fondo, esos pequeños gestos significan más que mil palabras bonitas.

Camino hacia el edificio de la biblioteca con paso tranquilo. El aire fresco de la tarde se siente bien en el rostro. Estoy a unos metros de la entrada cuando un chico se acerca a mí. Es de mi estatura, con cabello castaño rizado y una mochila nueva en la espalda. Se nota que no conoce bien el campus.

—Disculpa… ¿sabes dónde queda la biblioteca? Es que soy nuevo aquí y no logro encontrarla —me dice con una sonrisa amable y algo nerviosa.

—¡Justo voy para allá! Si quieres me acompañas, no estorbas en absoluto —le respondo con naturalidad.

Caminamos juntos. Me cuenta que acaba de transferirse de otra universidad, que se siente perdido pero emocionado, que quiere estudiar ingeniería civil porque le fascina construir cosas. Es agradable, sencillo, una compañía tranquila.

Entramos juntos al recinto. Y entonces lo veo. Rafael está parado cerca de la entrada, con esa postura rígida que adopta cuando algo no le gusta. En cuanto nos ve llegar juntos, su expresión cambia por completo. Sus ojos se oscurecen, sus puños se cierran a los costados, y camina hacia nosotros con pasos largos y pesados.

—¿Qué mierda…? —escucho que murmura para sí mismo, claramente furioso. Se para frente a nosotros y mira al chico con esa intensidad que intimida a cualquiera—. ¿Quién es él? —exige saber, sin apartar la vista del muchacho.

El chico da un paso atrás, visiblemente intimidado.

—Rafael, por favor, baja la voz —le digo con calma pero con firmeza—. Él es nuevo aquí en la universidad, no conocía el camino a la biblioteca y simplemente lo acompañé. No hay nada que entender o malinterpretar. Rafael, él es… bueno, no me dijo su nombre, pero es un compañero.

Le doy una pequeña sonrisa de disculpa al chico.

—Mucho gusto, espero que te vaya muy bien aquí. Nos vemos en clase, ¿de acuerdo?

El chico me agradece con la mirada y se aleja hacia los estantes. Yo saco mi credencial y empiezo a buscar los libros que necesito para mi tesis, ignorando intencionalmente que Rafael sigue ahí, de pie, detrás de mí, como una sombra imponente que no piensa irse.

—¿Por qué demonios lo trajiste contigo? —me dice en voz baja pero tensa, cuando me detengo frente a una estantería.

Me giro hacia él, poniendo las manos en las caderas.

—Ya te lo expliqué, Rafael. Me pidió indicaciones y yo venía para acá. ¿Hay algún problema con eso? —le pregunto, sintiendo que su actitud empieza a cansarme—. No soy de tu propiedad. Soy libre de hablar con quien quiera, de caminar con quien quiera. ¿Entiendes eso?

Se pasa una mano por el cabello, frustrado, y respira hondo varias veces antes de responder.

—No. No hay ningún problema —dice, aunque claramente no es lo que siente—. Solo… me sorprendí, eso es todo.

—Está bien. Entonces… ¿qué haces aquí? ¿Viniste a buscarme o pasabas por casualidad? —le pregunto, guardando los libros bajo mi brazo.

Desvía la mirada, evitando encontrarse con mis ojos.

—Pasaba por la zona. No es gran cosa.

—Bueno, pues ya me voy entonces. Con permiso —doy media vuelta y camino hacia la salida, sintiéndome un poco tensa por su actitud.

Me sigue hasta mi coche, caminando a mis espaldas en silencio. Justo cuando abro la cajuela para acomodar los libros, habla con voz más suave, casi tímida.

—Espera… ¿segura que no necesitas ayuda con eso? Se ven pesados.

Me detengo y me volteo hacia él. Su expresión ya no es de enojo, sino de preocupación genuina. Sonrío levemente y le extiendo los libros hacia él.

—Pues ya que te ofreces… tómalos por mí mientras abro bien la cajuela. Así me ayudas de verdad.

Se acerca y los sostiene con facilidad entre sus manos grandes.

—¿Ahora sí me hablas sin ponerte a la defensiva? —me pregunta con esa mezcla de seriedad y ternura que solo él sabe proyectar.

—Siempre te he hablado bien, Rafael. Solo que a veces tú eres… intenso. Y eso cansa un poquito, ¿sabes? No me malinterpretes, te aprecio mucho, pero necesitamos respetar nuestros espacios.

Pone los ojos en blanco levemente, pero sin enojo.

—No actúes como si yo fuera el problema aquí. Solo me preocupo por ti. Hay mucha gente que no sabe cuidar lo que vale —dice, mirándome fijamente, y no sé si se refiere a mi seguridad o a algo más profundo que no se atreve a decir.

Le acomodo el último libro en su lugar y me volteo hacia él con una sonrisa traviesa que no puedo contener.

—Oye… ¿me besas? —le digo de la nada, disfrutando ver cómo se pone completamente rígido.

Sus ojos se abren de par en par. Se le sonrojan las mejillas de inmediato.

—¿Qué… qué dices? No… no aquí. Gente podría vernos —tartamudea, visiblemente nervioso, dando un paso atrás.

Me echo a reír a carcajadas. Su reacción es demasiado tierna como para no hacerlo.

—¡Jajajaja! ¡Era una broma! Debes ver tu cara, se te puso todo rojo. Si te hubiera grabado, te lo enseñaría para que te rieras tú también —le digo entre risas.

Deja el último libro en el asiento con más fuerza de la necesaria, y me mira fingiendo indignación.

—No es gracioso, Verónica. No juegues con esas cosas —dice, pero noto que él también está aguantando una sonrisa.

Decido cambiar el tema antes de que se ponga serio de verdad. Cierro la puerta del coche y lo miro con entusiasmo.

—Oye, hablando de cosas importantes… esta noche hay una gala benéfica en el hotel de la ciudad. La organiza mi papá. Es algo aburrido, la verdad, mucha gente elegante y discursos largos. Pero no quiero ir sola. ¿Te animas a acompañarme? Si no puedes, no te preocupo, pregunto a alguien más.

Se cruza de brazos, claramente incómodo con la idea.

—¿Una gala? ¿Con gente de tu entorno? No creo que encaje muy bien ahí, Verónica.

—No necesitas encajar. Solo necesitas estar conmigo —le digo con sencillez—. Además, hay mucha gente que quiere presentarme a sus hijos como opción de matrimonio. Si vas tú, dejan de insistir. Eres mi escudo, ¿me haces ese favor?

Suspira, mira hacia otro lado como si estuviera debatiendo consigo mismo qué responder.

—¿A qué hora es? —pregunta finalmente, sin mirarme aún.

—A las siete de la tarde. ¿Puedes o es mucho problema? —le pregunto, esperanzada.

Se pasa una mano por el cabello, acomodándolo nerviosamente, y cuando me mira, asiente lentamente.

—Está bien. Te paso a buscar a tu casa a las siete. Pero no prometo saber cómo comportarme con esa gente.

—¿En serio? ¡Sí! —exclamo emocionada y sin pensarlo, me lanzo a abrazarlo por el cuello. Suspiro contra su hombro, sintiendo lo fuerte y seguro que es—. Gracias, Rafael. De verdad. Eres el mejor.

Se queda rígido unos segundos con mis brazos rodeándolo, pero luego, muy suavemente, sus manos descansan sobre mi cintura y me devuelve el abrazo con una delicadeza que me sorprende.

—Sí. A las siete —repite con voz más suave, casi un susurro—. No llegues tarde, Verónica. Y… ponte algo cómodo. No quiero que te sientas incómoda a mi lado.

Me aparto un poco pero sigo de pie frente a él, sonriéndole con el corazón ligero.

—No llegaré tarde. Y gracias por venir conmigo. Significa mucho para mí.

Me subo al coche y arranco, y por el espejo retrovisor lo veo parado ahí, viéndome ir, con esa expresión que ya empiezo a reconocer: una mezcla de protección, afecto y miedo a equivocarse. Y sonrío para mí misma, sabiendo que esta noche será importante para los dos.

CONTINUARÁ ✨

 

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Maria Garcia
muy linda su novela
LILIANA FRANCO
mas capitulos🥰
Piccola: subire 5 capitulos por día 🫰🏼❤️❣️
total 1 replies
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