En mi vida pasada, fui humillada, golpeada y obligada a soportarlo todo por el hombre que amaba: mi esposo, el Rey. Perdí a mis hijos por su culpa y, cuando dejó de necesitarme, me ejecutó para convertir a su concubina en Reina.
Pero regresé al pasado.
Ahora, él es solo mi prometido: el príncipe heredero. Y esta vez no seré la prometida ni la esposa obediente que todos esperan.
No seguiré las reglas de mi familia, de la sociedad… ni las suyas.
Si en mi primera vida fui la víctima, en esta seré la villana de sus pesadillas.
—¡Desaparezcan de mi vista, escorias!
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CAPÍTULO 5 — ¿Talento o No?
Hasta que finalmente...
Mi mano tocó la superficie.
ENTONCES...
No ocurrió nada.
La piedra permaneció completamente apagada.
Ni dorado.
Ni café.
Ni verde.
Nada.
Sentí una punzada de frustración.
¿Así que en esta vida tampoco tengo talento?
Por un instante, una amarga sensación de decepción se apoderó de mí.
Había regresado al pasado.
Había recibido una segunda oportunidad.
Había jurado cambiar mi destino.
Pero, al parecer, al menos en aquello, nada había cambiado.
Aún mantenía mi mano sobre la piedra cuando comenzaron a escucharse las primeras burlas.
—Lo sabía...
—La hija del Duque tampoco tiene talento.
—Qué decepción.
—Después de todo, solo es una niña.
Escuché las voces a mi alrededor.
Pero entonces...
Algo llamó mi atención.
Entrecerré los ojos.
Había algo extraño en la piedra.
Algo que nadie parecía haber notado.
Muy cerca de donde descansaba mi mano había un pequeño punto de color morado oscuro.
Era tan diminuto que a simple vista resultaba imposible distinguirlo.
Pero yo estaba lo suficientemente cerca.
Y estaba prestando atención.
Mi respiración se detuvo.
¿Qué es eso...?
El pequeño punto comenzó a expandirse.
Muy lentamente.
Como una diminuta gota de tinta extendiéndose sobre una superficie de agua.
Pero no se expandía de cualquier manera.
Lo hacía formando una espiral.
Una espiral de color morado oscuro que parecía hundirse en las profundidades de la piedra.
Mis pupilas se contrajeron.
¿Qué clase de color de energía es esa?
Sentí un extraño estremecimiento recorrer mi cuerpo.
Retiré la mano inmediatamente.
Pero lo hice con naturalidad.
Sin sobresaltarme.
Sin mirar nuevamente la piedra.
No podía permitir que nadie sospechara.
Bajé la mano y adopté una expresión tranquila.
Después me giré.
Caminé hacia mi familia como si nada hubiera sucedido.
Pero en mi cabeza solo existía una pregunta.
¿Qué fue eso?
Esa energía...
Mis pensamientos se interrumpieron cuando escuché la voz de mi padre.
—Excelente, hija.
Me detuve frente a él.
Darius sonrió con satisfacción.
—Serás una buena ama de casa.
Lo miré.
Por fuera, asentí obedientemente.
—Sí, padre.
Incluso sonreí.
Como si aquellas palabras realmente me hicieran feliz.
Pero dentro de mí...
Casi me reí.
Si supieras...
Si supieras cuáles son realmente mis planes para esta vida.
No había regresado al pasado para repetir la historia y ser una esposa obediente.
Tampoco pensaba pasar el resto de mi vida bordando, sonriendo y esperando que algún hombre decidiera mi destino.
No.
Esta vez sería diferente.
No seré una ama de casa.
Mis ojos se entrecerraron ligeramente.
Tomaré el control del Ducado de Valtheris.
Seré la matriarca.
Y nadie volverá a decidir por mí.
................
Finalmente, las familias comenzaron a abandonar el salón.
Uno tras otro, los nobles salieron de la Catedral Potenvia.
Los niños se marcharon acompañados de sus padres.
Los murmullos se fueron apagando.
Las enormes puertas se cerraron.
Hasta que, finalmente...
El salón quedó vacío.
Solo permaneció allí el anciano de la túnica blanca.
El viejo mago se quedó frente a la estatua.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Entonces...
CRACK.
El anciano levantó lentamente la cabeza.
Una pequeña grieta había aparecido en la piedra.
La misma zona donde Isolde había colocado su mano.
El viejo se acercó.
Sus ojos se entrecerraron.
—...
No dijo nada.
La grieta comenzó a extenderse lentamente.
Crack...
Una segunda fisura apareció.
Después otra.
Y de repente...
Una pequeña cantidad de humo comenzó a escapar desde el interior de la piedra.
El anciano permaneció completamente inmóvil.
Observando.
Aquello no debería estar ocurriendo.
La piedra había evaluado a cientos de niños durante décadas.
Jamás había reaccionado de aquella manera.
Entonces...
Una luz apareció frente a la estatua.
El espacio pareció distorsionarse.
Una silueta comenzó a formarse lentamente.
Primero apareció una sombra.
Después un cuerpo.
Cabello plateado.
Rostro pálido.
Ojo derecho dorado e izquierdo azul.
Una presencia imposible de ignorar.
El hombre apareció frente a la estatua envuelto en una tenue luminosidad blanco-dorada.
Sus ojos se posaron inmediatamente sobre la piedra agrietada.
El anciano de la túnica blanca abrió ligeramente los ojos.
Y, sin pensarlo, inclinó la cabeza con profundo respeto.
—Mi señor.
El hombre no respondió inmediatamente.
Su mirada continuó fija en la grieta.
Había algo en ella.
Algo que había despertado su interés.
Finalmente, giró ligeramente el rostro hacia el anciano.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Su nombre.
Su voz era tranquila.
Pero tenía una autoridad que hizo que el anciano enderezara ligeramente la espalda.
El anciano respondió sin dudar.
—Isolde Valtheris.
El hombre ladeó ligeramente la cabeza.
—Isolde Valtheris...
Repitió el nombre como si quisiera memorizarlo.
Después volvió a mirar la piedra.
Se acercó.
Levantó una mano y tocó suavemente la grieta con la punta de los dedos.
El anciano observó en silencio.
Entonces...
La piedra reaccionó.
Un resplandor de un dorado oscuro recorrió la superficie agrietada.
Las antiguas runas comenzaron a iluminarse una tras otra, como si algo en el interior de la piedra hubiera despertado de repente.
¡CRAAASH!
La piedra se hizo añicos al instante.
Fragmentos oscuros salieron despedidos en todas direcciones, mientras una poderosa onda de energía recorría el salón.
El hombre permaneció completamente inmóvil.
Ni siquiera retrocedió.
Sus ojos se clavaron en los fragmentos que flotaban lentamente en el aire.
Pero había algo más.
La energía que había quedado impregnada en la piedra no se dispersaba.
Pero aquella energía no le pertenecía por completo.
Había otra presencia mezclada en ella.
Una presencia distinta.
Una energía que había quedado en la piedra cuando aquella pequeña niña la tocó.
El hombre extendió ligeramente los dedos.
Una corriente de energía dorada comenzó a salir de su mano rodeándola.
La energía de él estaba siendo atraída por la de la niña, como si ambas fuerzas se reconocieran entre sí.
Sus ojos se entrecerraron todavía más.
Podía sentirla.
Era tenue.
Rara.
Y, al mismo tiempo, profundamente poderosa.
El hombre permaneció en silencio durante varios segundos.
Una sonrisa lenta apareció en sus labios.
Interesante...
Sus dedos se cerraron lentamente.
La tenue luz dorada desapareció.
Aquel hombre sintió por primera vez una verdadera curiosidad por alguien.
—Isolde Valtheris —murmuró.
El hombre permaneció unos segundos en silencio.
Y luego...
Simplemente desapareció.
Su cuerpo se desvaneció en un instante, como si el espacio mismo lo hubiera tragado.
Solo quedaron algunos pequeños destellos dorados suspendidos en el aire.
Brillaron durante apenas un segundo.
Y después...
También desaparecieron.
El anciano permaneció solo frente a la estatua.
Miró lo que quedaba de ella.
Su expresión se volvió muy seria.
—Son unos monstruos...
......................
Mientras tanto, muy lejos de allí...
La pequeña Isolde caminaba junto a su familia sin saber que aquel breve contacto con la piedra había sido observado.
Y que, sin siquiera darse cuenta...
Había llamado la atención de alguien que jamás debería haberla conocido.
Aquella había sido la primera señal de que su segunda vida sería completamente diferente.
gracias 😍😍❤️❤️❤️