una mujer llamada Sara, trabaja todos los días para que el dios Zeus no destruya la tierra, Ares y Afrodita se enamoran de ella (LGBTQI+)
NovelToon tiene autorización de Damian Benitez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6: Un corazón sincero
Habían pasado varios días desde que Zeus anunciara que pondría a prueba a la joven mortal llamada Sara.
Sin que ella lo supiera, los ojos del Olimpo permanecían fijos sobre cada una de sus acciones.
Sin embargo, Sara seguía viviendo como cualquier otra persona.
Aquella tarde había terminado de ayudar en el mercado y caminaba junto a su mejor amiga, Elena.
Las dos se conocían desde niñas.
Elena era alegre, curiosa y nunca tenía miedo de hacer preguntas incómodas.
—Te ves muy cansada —dijo mientras le ofrecía una botella de agua.
Sara sonrió.
—Un poco.
—¿Un poco? Apenas puedes mantener los ojos abiertos.
Las dos rieron.
Después de caminar unos minutos llegaron a una colina desde donde podía verse toda la ciudad.
Era su lugar favorito desde pequeñas.
Se sentaron sobre el césped mientras el sol comenzaba a ocultarse.
Durante varios minutos ninguna habló.
Hasta que Elena rompió el silencio.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—Nunca te he visto interesarte por nadie.
Sara se quedó pensativa.
—¿A qué te refieres?
—Todos hablan de encontrar pareja algún día... pero tú siempre cambias de tema.
Sara soltó una pequeña risa.
—Supongo que he estado demasiado ocupada trabajando.
Elena la observó con atención.
—No es solo eso, ¿verdad?
Sara bajó la mirada.
Había algo que llevaba años guardando.
Algo que solo conocía una persona.
Respiró profundamente.
—Hay otra razón...
—¿Cuál?
Sara jugueteó nerviosamente con una pequeña flor que había arrancado del suelo.Sara jugueteó nerviosamente con una pequeña flor que había arrancado del suelo.
—Creo que ya es momento de dejar de esconderlo.
Elena esperó en silencio.
Entonces Sara levantó la vista.
—Me gustan los hombres...
Hizo una pequeña pausa.
—...pero también las mujeres.
Elena parpadeó sorprendida.
Sara continuó antes de que pudiera responder.
—Durante mucho tiempo pensé que había algo malo en mí. Creía que tenía que elegir una sola cosa para ser aceptada.
Su voz comenzó a temblar.
—Pero entendí que no puedo mentirme. Esa soy yo.
Elena permaneció unos segundos en silencio.
Sara sintió un nudo en el estómago.
Temía haber arruinado una amistad de años.
Hasta que, de repente, Elena sonrió.
—¿Eso era todo?
Sara la miró confundida.
—¿No estás enojada?
Elena soltó una carcajada.
—¿Por qué habría de estarlo?
—Porque...
—Sara.
Su amiga tomó ambas manos entre las suyas.
—Sigues siendo la misma persona que comparte su comida, ayuda a cualquiera que lo necesite y nunca abandona a los demás.
Le dedicó una sonrisa cálida.
—Eso no cambia quién eres.
Los ojos de Sara comenzaron a llenarse de lágrimas.
—Gracias...
—No tienes que agradecerme.
Elena le dio un suave abrazo.
—Los amigos están para aceptarse tal como son.
Sara sonrió con sinceridad.
Era la primera vez que hablaba tan abiertamente sobre sus sentimientos.
Y se sintió más libre que nunca.
Muy por encima de ellas, ocultos entre las nubes, dos dioses observaban la escena.
Ares cruzó los brazos.
—¿Por qué lloraba?
Afrodita sonrió con dulzura.
—Porque decir la verdad sobre uno mismo puede dar mucho miedo.
—¿Y por qué?
—Porque nunca sabes cómo reaccionarán los demás.
Ares volvió a mirar a Sara.
La joven reía nuevamente junto a Elena.
—Entonces fue muy valiente.
Afrodita asintió.
—Mucho más de lo que ella cree.
Mientras hablaban, una suave brisa levantó el cabello de Sara.
Por un instante, Afrodita sintió una extraña calidez en su pecho.
Ares, por su parte, no pudo evitar sonreír levemente al verla recuperar la tranquilidad.
Ninguno de los dos comprendía aún lo que estaba naciendo en sus corazones.
Pero el destino ya había comenzado a tejer un lazo invisible entre los tres.
Y, desde su trono en el Olimpo, Zeus seguía preparando la primera gran prueba que decidiría si aquella joven era realmente digna de convertirse en la esperanza de la humanidad.
Fin del Capítulo 6.