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Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Sané a Mi Alfa, Pero Él Marcó a Otra

Status: En proceso
Genre:Venganza / Hombre lobo / Mujer despreciada
Popularitas:19.1k
Nilai: 5
nombre de autor: JaQelinee Valenzuela

Valentina Solano entregó tres años de su vida para salvar a Sebastián Reyes, el Alfa moribundo con quien la obligaron a enlazarse.
Cada luna llena, su loba se apagaba un poco más para mantenerlo con vida. Ella perdió fuerza, sangre y dignidad. Él recuperó su poder.
Y cuando Sebastián por fin sanó, no la eligió a ella.
Eligió a Catalina del Valle.
Le quitó los Brazaletes de la Luna y le ordenó ponérselos a la mujer que quería marcar como su verdadera Luna.
Valentina no suplicó. No lloró. Solo pidió la ruptura del enlace.
Pero la loba que todos creían rota tenía secretos: un imperio comercial escondido, aliados en las sombras y una sangre marcada por la luna.
También tenía la mirada de Damián Montero sobre ella.
El Rey Alfa. El lobo más temido de todas las manadas. El único hombre que nunca la vio como una herramienta.
Sebastián la usó para vivir.
Damián está dispuesto a destruir el mundo para hacerla reina.

NovelToon tiene autorización de JaQelinee Valenzuela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6

Capítulo 6: Ni Siquiera Su Perro

Valentina tardó cuatro días en poder levantarse sin que el cuarto se inclinara.

La herida de la sien cerró primero. Las rodillas fueron más lentas. La fiebre dejó detrás una debilidad pegajosa, como si el cuerpo hubiera aprendido a desconfiar de cada respiración. Sofía quería mantenerla en cama. Lucía quería llevarla, aunque fuera a escondidas, a una casa segura vinculada con Solano Holdings.

Valentina dijo que no a ambas.

—Si me escondo ahora, Catalina va a creer que ganó.

—Catalina ya cree que ganó —dijo Sofía, apretando una venda limpia entre los dedos.

—Entonces será más útil verla equivocarse.

Esa mañana, el patio lateral estaba tranquilo. Demasiado tranquilo. La clase de silencio que precede a una visita desagradable.

No tardó.

Una sirvienta de Catalina entró sin pedir permiso, seguida de dos muchachas que cargaban bandejas cubiertas con paños. No eran bandejas de cortesía. Valentina lo supo por la forma en que las dejaron sobre la mesa: como quien tira sobras a un rincón.

—La señorita Catalina envía un detalle —dijo la sirvienta.

Sofía se puso de pie.

—¿Qué detalle?

La mujer retiró los paños.

Sobre una bandeja había vestidos usados, algunos con manchas de perfume viejo en el cuello. Sobre la otra, restos de comida fría: tortillas duras, arroz seco, un trozo de carne que nadie en la mesa principal habría aceptado.

—Dijo que quizá le sirvan. Después de todo, una omega de familia Beta no debería despreciar cosas mejores que las suyas.

El patio entero escuchó.

Había dos jardineros cerca de la fuente, una muchacha barriendo el corredor y un sirviente de cocina con una canasta de pan. Todos se quedaron inmóviles.

Sofía dio un paso al frente.

—Saca eso de aquí.

La sirvienta sonrió.

—No te hablo a ti.

Valentina miró las bandejas. El olor de la comida vieja le revolvió el estómago, pero esta vez no por fiebre.

—¿Catalina envió esto?

—Con mucha generosidad.

Valentina apoyó una mano sobre la mesa.

—Entonces se lo devolveremos.

La sirvienta alzó una ceja.

—¿Perdón?

Valentina tomó la bandeja de comida y la volcó.

El arroz cayó sobre la piedra. Las tortillas rodaron por el suelo. El trozo de carne quedó junto al zapato de la sirvienta.

Sofía abrió la boca.

La sirvienta retrocedió, indignada.

—¿Cómo se atreve?

Valentina tomó la segunda bandeja. Los vestidos usados se deslizaron hasta quedar mezclados con la comida.

—Recoja sus cosas.

—La señorita Catalina solo quiso ayudar.

—No. Quiso marcar territorio.

La voz de Valentina no fue alta, pero cruzó el patio entero.

—Dígale que este sigue siendo mi patio. No su bodega. No su basurero. Y mucho menos el lugar donde puede enviar sobras para enseñarme obediencia.

La sirvienta se puso roja.

—Usted ya no está en posición de rechazar nada.

Valentina caminó hacia ella. Despacio. Con las rodillas aún doloridas, sí, pero sin bajar la mirada.

—Salga.

—La señorita Catalina...

—Salga con sus bandejas, con sus trapos y con la vergüenza de su ama. Y si vuelve a entrar sin permiso, haré que toda la cocina sepa que Catalina del Valle alimenta a una Luna con sobras porque no tiene educación suficiente para distinguir caridad de insulto.

La sirvienta miró alrededor. Los testigos ya no bajaban la cabeza.

Eso era lo peligroso de la humillación pública: cuando fallaba, se volvía contra quien la enviaba.

—Esto llegará a oídos del Alfa Reyes.

—Perfecto —dijo Valentina—. Así no tendré que repetirlo.

La sirvienta recogió lo que pudo con ayuda de las otras dos y salió casi corriendo.

Sofía soltó el aire como si hubiera estado conteniéndolo desde hacía años.

—Val...

—No me mires así.

—La estoy mirando porque acaba de hacer lo que soñé hacer desde el primer día.

Valentina sintió una risa pequeña subirle al pecho. No alcanzó a salir.

Sebastián apareció antes del mediodía.

Entró al patio con el ceño endurecido y Tomás detrás, tratando de parecer invisible. Al ver los restos de arroz que nadie había terminado de limpiar, su expresión se volvió más fría.

—¿Era necesario?

Valentina estaba sentada junto a la mesa, con una taza de agua caliente entre las manos.

—Buenos días, Alfa Reyes.

El título lo irritó.

—Catalina tuvo una atención contigo.

Sofía soltó una risa incrédula.

Sebastián la ignoró.

—Después de todo lo ocurrido, lo mínimo que podrías hacer es no empeorar las cosas.

Valentina dejó la taza sobre la mesa.

—¿Empeorar qué?

—La convivencia.

—¿Convivencia? Me quitó los Brazaletes de la Luna. Ocupó el dormitorio principal. Sus sirvientes me cerraron el paso a los sanadores y hoy me mandó sobras.

Sebastián apretó los labios.

—No eran sobras.

—¿Las vio?

No respondió.

—Entonces no vino a averiguar la verdad —dijo Valentina—. Vino a pedirme que hiciera menos ruido.

—Vine a pedirte madurez.

Valentina se levantó.

Sofía dio un paso instintivo para sostenerla. Valentina negó apenas.

—Madurez fue guardar silencio tres años mientras su lobo sanaba con mi fuerza. Madurez fue entregar unos brazaletes para salvar a Sofía de los golpes. Madurez fue no decirle a La Matriarca que usted envió sanadores al cachorro de Catalina mientras yo ardía de fiebre.

El rostro de Sebastián cambió.

—Baja la voz.

—No.

Tomás tragó saliva.

Valentina no apartó la mirada de Sebastián.

—Su buena voluntad me dejó claro mi lugar. En esta casa estoy por debajo de Catalina, por debajo de su orgullo y por debajo de un cachorro enfermo. No me pida gratitud por eso.

Sebastián miró hacia el corredor, como si temiera que alguien más hubiera escuchado.

—No sabes lo que dices.

—Lo sé mejor que nunca.

Antes de que él pudiera responder, Nana Rosa apareció en la entrada del patio.

No venía con sonrisa.

Venía con los ojos muy abiertos, como si hubiera visto demasiado antes de llegar.

—Luna Valentina —dijo—. La Matriarca desea verla.

Sebastián se tensó.

Valentina lo vio.

Ahí estaba el miedo verdadero. No a su fiebre. No a sus rodillas. No a la herida de su sien. Miedo a Doña Aurora.

—Iré ahora —dijo Valentina.

—Yo la acompaño —intervino Sebastián.

Nana Rosa lo miró con respeto, pero sin ceder.

—La Matriarca pidió hablar con Luna Valentina.

El camino hasta el patio interior de Doña Aurora fue corto y pesado.

Valentina no había visitado ese lugar desde que recibió los Brazaletes de la Luna. Allí el aire olía a copal y chocolate amargo. Las paredes estaban cubiertas por mantas antiguas de la familia Reyes, tejidas con fases lunares y lobos en círculo. Doña Aurora estaba sentada junto a una ventana abierta, con una manta sobre las piernas y una lucidez feroz en los ojos.

—Ven, nieta.

La palabra casi desarmó a Valentina.

No lo permitió.

Se acercó e inclinó la cabeza.

—Doña Aurora.

La Matriarca tomó su mano.

Sus dedos, aunque delgados por la edad, eran firmes.

—Estás más delgada.

Valentina no respondió.

Doña Aurora miró la venda discreta bajo su cabello, luego sus rodillas, luego sus muñecas vacías.

No preguntó por la fiebre.

Preguntó lo importante.

—¿Dónde están los Brazaletes de la Luna?

Sebastián, que había logrado entrar hasta el umbral pese a la orden inicial, se quedó quieto.

Valentina sintió su mirada en la nuca.

Doña Aurora siguió:

—¿Por qué vives en la habitación lateral? ¿Por qué tus ojos parecen de alguien que no ha dormido en semanas? ¿Y por qué toda la hacienda huele a mentira cuando pronuncio tu nombre?

Nadie habló.

La mano de Doña Aurora apretó la suya.

—Mírame, Valentina. No a él. A mí.

Valentina levantó los ojos.

En el umbral, Sebastián la miraba con una súplica muda. No era amor. No era culpa limpia. Era miedo a que su abuela supiera que había entregado un símbolo sagrado a la mujer que no debía tocarlo.

Valentina abrió los labios.

La habitación entera esperó.

Y por primera vez, su silencio no fue obediencia.

Fue elección.

1
Nana Pelaez
24 capítulos y ella feliz sufriendo 😭😭😭
Marleys Sofia Cervantes
uffffffffffffffffffff
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏
Carla Carvajal
autora quise leer algunas de tus obras, ninguna de las que escogí está terminada, espero puedas terminar esta y sigas con las otras
Natt_Lpz
ne encanta.. pero creo q sabemos q Valentina es fuerte feroz pero xq sufrir tanto? me parte el alma 💔
gabriel rios
es el final o va a seguir
Carla Carvajal
ojalá está novela no sea tan larga, las novelas cuando comienzan a ser rebuscadas suelen aburrir al lector, solo es mi opinión, aburre leer muchos capítulos
Marleys Sofia Cervantes
Alguien sensato
Marleys Sofia Cervantes
Valentina es
Lola calamidades
Sofia Carruso
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
muy bien Damián
Marleys Sofia Cervantes
Hay va arder troya
Marleys Sofia Cervantes
Valentina si lleva porrazos
porrazos viene
porrazos van
Marleys Sofia Cervantes
le están buscando 5 patas al gato
Zaida Sanchez
toda esa gente no vale la
Zaida Sanchez: no valen la pena de sus esfuerzos 😡
total 2 replies
Marleys Sofia Cervantes
pisando en terreno mojado
Marleys Sofia Cervantes
Esa Catalina es un grano en la nalga
Marleys Sofia Cervantes
👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
valentina
Marleys Sofia Cervantes
Doña aurora tiene más pelota que un poco jajajajaja y está vieja me imagino en sus años mosos
Marleys Sofia Cervantes
1 más 1 2
y estos ufff no se que esperan
Lilian Benitez
🤔no está completa
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