Valeria Wiranata creía saberlo todo sobre su vida: un matrimonio estable, un hogar donde creció, una familia que la aceptó. Pero la noche de Año Nuevo, todo se derrumba cuando descubre a su esposo Adrián en la cama con su propia hermanastra, Ámbar.
Divorciada y despojada de todo, Valeria se enfrenta a una verdad todavía más devastadora: la familia que la crió jamás la quiso. Roberto Kusuma, el hombre al que llamó padre durante años, solo la acogió por interés. Patricia, su madrastra, la trató como sirvienta. Y Ámbar, la hija consentida, le robó al marido sin remordimiento alguno.
Cuando la vida de Valeria parece tocar fondo, aparece Dominic Alexander: el CEO más temido del mundo empresarial, frío como un témpano ante todos... excepto ante ella. Dominic no solo le ofrece un puesto como directora de una empresa recién adquirida, sino que empieza a desmantelar, una por una, las vidas de quienes la lastimaron.
Pero Dominic guarda un secreto: conoce a Valeria desde la infancia. Y sabe algo sobre su verdadero origen que cambiará para siempre el tablero de poder.
Detrás de cada movimiento corporativo hay una jugada personal. Detrás de cada acto de venganza, un acto de amor. Y detrás de la mujer que todos subestimaron, se esconde la heredera de una de las fortunas más grandes del país.
NovelToon tiene autorización de Moena Elsa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La expulsión
Valeria cruzó los brazos mientras se recargaba en la puerta abierta, esperando alguna respuesta de su hermana menor, que estaba acostada dándole la espalda.
Ámbar hablaba por teléfono con alguien.
Valeria escuchó y captó la esencia de la conversación.
Ámbar se sobresaltó al darse la vuelta y descubrir a su hermana recargada en el marco de la puerta.
—¿Hermana? —su voz sonó algo nerviosa.
—Qué cómoda se ve la señora de Adrián viviendo en casa ajena —la provocó Valeria.
—¿Qué quieres decir? Esta es la casa de Adrián. Tengo derecho a estar aquí. ¿Acaso se te olvida? Yo soy la esposa de Adrián ahora, y tú eres solo la EX —Ámbar remarcó la última palabra a propósito.
—¿Con qué fundamento? Las escrituras están todas a mi nombre —aclaró Valeria.
—Ja, ja, ja... No es tan fácil, hermanita querida. Mi esposo todavía presentó una apelación, así que aún tenemos derecho a quedarnos aquí —replicó Ámbar.
—Solo alguien con mentalidad de mendiga y sin vergüenza ocuparía lo que no le pertenece —dijo Valeria con aspereza. Ámbar torció los labios, sin aceptar las palabras de su hermana.
—¿Dónde está tu marido? Quiero hablar con él de buena manera —continuó Valeria.
—¿Por qué? ¿Extrañas a Adrián? No voy a dejar que Adrián vuelva contigo —respondió Ámbar.
—Ay, por favor. Te regalo con gusto las sobras —la ironía de Valeria fue brutal; solo alguien verdaderamente obtuso no se habría sentido herido.
—Adrián no es un objeto. No digas que es tu sobra —protestó Ámbar, indignada.
—Esa es la realidad. Y tú eres la que las recogió —Valeria soltó una risa cínica.
—Dile a tu marido que si para el mediodía no se han ido de esta casa, les aviento sus cosas a la calle —amenazó Valeria.
—A ver si te atreves —contestó Ámbar.
—Hablo en serio. Ya lo verás —Valeria se alejó con paso firme.
—Oye, ¿no te da lástima esta embarazada? —gritó Ámbar.
Valeria no le hizo caso. Estaba harta de la actitud manipuladora de Ámbar.
—Ah, claro, cómo vas a entender lo que siente una mujer embarazada. Si tú eres estéril —gritó Ámbar, ya que Valeria había llegado a la sala.
Laura le cortó el paso a Ámbar cuando esta intentaba ir detrás de Valeria.
—¿A dónde vas? —la frenó Laura.
—¿Qué haces aquí, Laura? Ah, ¿viniste a defender a Valeria? —dijo Ámbar con sarcasmo.
—¿Quieres que te apriete esa boca? —exclamó Laura, molesta.
—Ah, entonces vinieron a atacar a una embarazada. Cuidadito, las voy a denunciar por agresión —parloteó Ámbar.
—Mientras más la dejas hablar, más se le suelta la lengua —Laura se enfureció aún más. Había permanecido callada todo ese tiempo, pero ya no aguantó las ganas de intervenir cuando Ámbar llamó estéril a Valeria.
—¿Te molestó, Laura? ¿Que le dije estéril a Valeria? Pues es la pura verdad —Ámbar no paraba de hablar.
—Ya déjala, ¿para qué le seguimos el juego a una loca? —Valeria la invitó a irse.
—¿Qué? ¿Me estás diciendo loca? —Ámbar perdió los estribos.
—Laura, vámonos. Si nos quedamos más tiempo, se nos va a pegar lo demente —dijo Valeria con una sonrisa burlona.
—Acuérdate: desocupen esta casa de inmediato. A menos que quieran que las saque a la fuerza —repitió Valeria mientras se alejaba, dejando a Ámbar con la palabra en la boca.
* * *
—¿De verdad las vas a sacar a la fuerza? —preguntó Laura mientras el auto avanzaba por la avenida principal.
—Por supuesto —respondió Valeria con seguridad.
—Ay, qué divertido va a ser verlos hacer mudanza. Tu hermana se va a morir de la rabia. Perdió otra vez contra su hermana mayor, que encima es preciosa —la elogió Laura con sinceridad.
—Si para la hora que les fijé no se han ido, ya mandé a unas personas para que los saquen —dijo Valeria, lo que dejó satisfecha a Laura.
—Así me gusta, amiga —Laura compartió la alegría.
Poco después, el teléfono de Valeria sonó.
—El lagarto está llamando —dijo Valeria entre risas.
Laura se asomó a ver la pantalla del celular de Valeria, que estaba sobre el tablero.
Laura frunció el ceño.
—Adrián seguro ya recibió el chisme de su nueva esposa —Valeria se rio.
—¿No vas a contestar?
—Claro que sí. Me imagino que Adrián ha de estar como gusano en comal —Valeria soltó una carcajada.
—No hay manera de que Adrián quiera soltar esa casa —comentó Valeria.
—Ese tipo de hombres tacaños y mezquinos, eso es Adrián. No entiendo cómo aguantaste tanto con él —se burló Laura. Y las dos rieron a carcajadas.
—¿Bueno? —dijo Valeria al conectar la llamada con Adrián.
—¿Qué le hiciste a tu hermana? —reclamó Adrián.
—Ahora tiene dolores en el vientre —continuó.
—¿Y a mí por qué me lo cuentas? —replicó Valeria.
—Esto es tu culpa. Seguro la intimidaste. Si algo le pasa a mi futuro hijo, no te voy a dejar vivir en paz, Valeria —amenazó Adrián.
—Mmm, con gusto te atiendo —Valeria estaba segura de su inocencia, ya que no había tenido ningún contacto físico con Ámbar mientras estuvo en la casa.
—Ah, y Adrián: desocupa mi casa antes del mediodía. No uses a Ámbar como pretexto —Valeria colgó la llamada sin dejar que Adrián respondiera.
—Amiga, hazme un favor y entra a las cámaras de seguridad de mi casa. Guarda la grabación de hoy, antes de que ellos borren las pruebas —Valeria le pasó el celular a Laura.
—A la orden, jefa —Laura lo tomó de inmediato.
Laura tecleó en el celular de Valeria.
—Listo, hecho —confirmó Laura.
—Te apuesto a que antes de que acabe el día, Adrián va a volver a llamar —aseguró Valeria.
—¿Cómo sabes? —preguntó Laura, extrañada.
—Porque la gente que contraté va a ir esta tarde a sacarlos —Valeria sonrió imaginando la cara de Ámbar y Adrián cargando sus maletas.
—Eres despiadada —bromeó Laura.
—Solo les estoy devolviendo lo que me hicieron, nada más —explicó Valeria.
—Guardar rencor no es bueno, ¿eh? —le recordó Laura.
—Está bien, su majestad —las dos rieron al unísono.
Valeria dejó a Laura frente al edificio de departamentos y se fue directo a su residencia.
Ambas debían prepararse para el traslado laboral del día siguiente.
* * *
Valeria estaba recostada en la cama cuando su teléfono volvió a sonar.
No le sorprendió; lo que le había dicho a Laura se hizo realidad.
Adrián la llamaba de nuevo.
—Valeria Wiranata, ¿cómo te atreves a echarme? No lo acepto. Te lo voy a devolver multiplicado —amenazó Adrián.
—¿No te lo contesté ya hace rato? Adelante, señor Adrián —replicó Valeria sin alterarse.
—¿Tan segura estás? ¿Será porque tienes al señor Dominic respaldándote? —insinuó Adrián.
—No metas al señor Dominic en esto; él no tiene nada que ver con lo nuestro.
—Ja, ja... Mira cómo lo defiendes. Eso demuestra que algo traes con tu jefe. ¿Es él una de las razones por las que pediste el divorcio? —las palabras de Adrián hicieron que Valeria apretara los puños con fuerza.
Adrián no dejaba de perturbar la tranquilidad de Valeria.
—No hables tanto. Desocupa esa casa ya —ordenó Valeria con firmeza.
—Está bien, por ahora me retiro. Pero ya verás... —antes de que Adrián terminara de hablar, Valeria cortó la llamada.
La pantalla del teléfono volvió a parpadear. Valeria apenas la miró sin intención de contestar.
Dejó pasar cinco llamadas.
A la sexta, se fijó en la pantalla, aunque sus labios no dejaban de refunfuñar.
—Ay, el jefe —murmuró Valeria, y de manera refleja deslizó el ícono verde.
—¿Bueno? —saludó Valeria con voz dulce.