Espero que les guste esta novela tanto como a mi...
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1 EL AROMA DEL DESTINO
El despertador sonó a las seis y media de la mañana.
Richel apagó la alarma con un golpe torpe y dejó escapar un largo suspiro. Permaneció unos segundos mirando el techo de su pequeña habitación antes de reunir fuerzas para levantarse.
No vivía en una mansión ni tenía una familia adinerada. Compartía un modesto departamento con su mejor amiga, cerca de la universidad. Entre las clases, un trabajo de medio tiempo en una cafetería y las tareas, apenas le alcanzaba el dinero para cubrir la renta y los gastos básicos.
Aun así, no se quejaba.
Había conseguido una beca gracias a sus excelentes calificaciones y estaba decidida a graduarse con honores.
Después de ducharse, vistió unos jeans azules, una blusa blanca y unos tenis cómodos. Recogió su largo cabello castaño en una coleta alta, tomó su mochila y salió del departamento con un café instantáneo en la mano.
Las calles ya estaban llenas de personas.
Humanos y semi bestias caminaban juntos como cualquier otro día.
Una mujer con elegantes orejas de gato atendía una floristería.
Dos policías semi leopardos patrullaban la avenida.
Un anciano semi conejo leía el periódico mientras movía distraídamente sus largas orejas.
Era algo completamente normal.
Desde hacía siglos, ambas especies convivían.
Sin embargo, los prejuicios nunca desaparecían del todo.
Los semi bestias ocupaban importantes cargos en la sociedad. Muchos eran empresarios, militares, deportistas o investigadores gracias a sus capacidades físicas superiores.
Y precisamente por eso eran admirados... o envidiados.
Richel nunca había sentido un odio profundo hacia ellos, pero tampoco simpatía.
Los consideraba arrogantes.
Demasiado orgullosos de sus habilidades.
Demasiado conscientes del poder que tenían.
—Buenos días, Richel.
—¡Buenos días, señora Julia!
Saludó a la dueña de un pequeño puesto de frutas antes de continuar su camino hacia la universidad.
Mientras tanto...
A varios kilómetros de allí...
Un automóvil negro de lujo avanzaba por la ciudad escoltado por otros dos vehículos.
Dentro del asiento trasero, un hombre hojeaba tranquilamente varios documentos.
Cabello negro con reflejos rojizos.
Ojos color ámbar.
Un impecable traje gris oscuro.
Y sobre su cabeza sobresalían un par de elegantes orejas de zorro rojo que apenas se movían al escuchar la conversación de sus asistentes.
Su nombre era Ren Ashikaga.
Veintiocho años.
Presidente del Grupo Ashikaga.
Uno de los conglomerados empresariales más grandes del país.
A pesar de su juventud, revistas de negocios lo describían como un genio financiero.
Los inversionistas lo admiraban.
Los medios lo perseguían.
Y cientos de familias soñaban con emparentar con él.
Pero Ren ignoraba por completo ese tipo de intereses.
—Señor Ashikaga.
Su secretario acomodó unos papeles.
—La conferencia comenzará a las diez de la mañana en la Universidad Nacional. Después tiene una reunión con el rector y posteriormente un almuerzo con posibles inversionistas.
Ren cerró lentamente la carpeta.
—¿Algo más?
—La prensa solicitó una entrevista exclusiva.
—Rechácela.
—Sí, señor.
—¿Y mi madre?
El secretario sonrió con resignación.
—Insiste en presentarle a la hija del ministro.
Ren cerró los ojos.
No era la primera.
Ni sería la última.
Durante años, su familia había intentado convencerlo de casarse.
Después de todo, pertenecía a uno de los linajes más antiguos entre los semi zorros.
Pero había una razón por la que siempre rechazaba aquellas propuestas.
Los semi bestias no elegían a su pareja.
La encontraban.
Y cuando eso ocurría...
Todo cambiaba.
Aunque Ren nunca había experimentado aquel famoso vínculo.
Comenzaba a creer que quizá las leyendas familiares estaban exageradas.
...
La universidad estaba completamente revolucionada.
Los estudiantes corrían de un lado a otro preparando el auditorio.
—¿Vendrá de verdad?
—Escuché que sí.
—Dicen que es increíblemente guapo.
—Y millonario.
—¡Además es un semi zorro!
Las conversaciones inundaban los pasillos.
Richel levantó una ceja.
—¿Quién viene?
Su amiga Clara apareció con una enorme sonrisa.
—¿No viste las noticias?
—No.
—Hoy dará una conferencia Ren Ashikaga.
Richel frunció el ceño.
—¿Y quién es?
Clara abrió los ojos como platos.
—¿¡Cómo que quién es!?
—Pues... eso.
—¡Solo el empresario más joven y exitoso del país!
Richel se encogió de hombros.
—No sigo esas cosas.
—También dicen que es el semi zorro más atractivo del país.
—Qué emoción...
El evidente sarcasmo hizo que Clara rodara los ojos.
—Eres imposible.
Richel soltó una pequeña risa.
—Prefiero terminar mi proyecto antes que perseguir empresarios ricos.
Las dos continuaron caminando sin imaginar que, a pocos minutos de distancia, un encuentro estaba a punto de cambiar sus vidas para siempre.
El convoy negro cruzó el portón principal del campus.
Decenas de cámaras comenzaron a fotografiar la llegada del famoso empresario.
Ren descendió del automóvil con absoluta tranquilidad.
Su presencia bastó para que el bullicio disminuyera.
Alto.
Elegante.
Impecable.
Las orejas rojizas sobre su cabeza se movían apenas, atentas a todos los sonidos del lugar.
Respondió con una breve inclinación de cabeza a los periodistas antes de entrar al edificio acompañado por su equipo de seguridad.
Todo transcurría con normalidad.
Hasta que ocurrió.
Un aroma.
Su cuerpo entero se tensó.
No era perfume.
No era café.
No era el jardín cercano.
Era un aroma dulce y cálido que jamás había percibido.
Ren se detuvo en seco.
Sus pupilas se contrajeron.
Su corazón golpeó con fuerza contra su pecho.
El mundo pareció quedarse en silencio.
Su cola, oculta bajo el largo abrigo, se erizó por completo.
—¿Señor Ashikaga?
El secretario lo observó confundido.
Ren no respondió.
Respiró profundamente una vez más.
El aroma seguía allí.
Cada vez más intenso.
Cada vez más cerca.
Sin poder evitarlo, giró lentamente la cabeza hacia el otro extremo del pasillo.
Entre decenas de estudiantes caminaba una joven de cabello castaño, sosteniendo varios libros contra el pecho mientras discutía distraídamente con su amiga.
Ella ni siquiera levantó la vista.
No sabía que unos ojos color ámbar acababan de fijarse en ella.
Y que, por primera vez en veintiocho años...
El corazón del poderoso semi zorro había reconocido a la única persona de la que jamás podría alejarse.
El tiempo pareció detenerse.
Ren permaneció inmóvil en medio del pasillo, incapaz de apartar la mirada de aquella joven desconocida.
Su respiración se volvió lenta.
Cada latido de su corazón retumbaba con fuerza en sus oídos.
Era ella.
No había ninguna duda.
El vínculo había despertado.
—¿Señor Ashikaga?
La voz de su secretario lo sacó de su trance.
—La conferencia está por comenzar.
Ren tardó unos segundos en responder.
Sin dejar de observar a la muchacha, preguntó con voz serena:
—¿Quién es esa estudiante?
El secretario siguió la dirección de su mirada.
—¿Cuál de todas?
—La de la sudadera gris... cabello castaño.
El hombre buscó entre los estudiantes.
—No lo sé, señor. Puedo averiguarlo.
Ren guardó silencio.
No.
No quería que la investigaran todavía.
No quería asustarla.
Aunque una parte de él... una parte mucho más primitiva... deseaba caminar hasta ella, tomar su mano y llevársela lejos de todos.
Su cola comenzó a moverse lentamente bajo el abrigo.
Apretó la mandíbula.
—Contrólate...
Susurró para sí mismo.
Llevaba años entrenando para dominar sus instintos.
No pensaba perder el control el mismo día en que conocía a su pareja.
...
Mientras tanto...
—¿Por qué todos están tan emocionados?
Preguntó Richel mientras observaba la multitud reunida frente al auditorio.
Clara soltó una risita.
—Porque Ren Ashikaga es prácticamente una celebridad.
—¿Es cantante?
—No.
—¿Actor?
—No.
—Entonces no entiendo.
—Es multimillonario.
Richel soltó una carcajada.
—¿Y eso lo vuelve interesante?
—Aparentemente sí.
Ambas comenzaron a reír.
Sin darse cuenta de que, a unos cuantos metros, el mencionado empresario seguía observándola.
Jamás en su vida había ignorado una conferencia importante.
Pero en ese momento...
Nada le importaba.
Solo ella.
¿Cómo se llamaba?
¿Con quién vivía?
¿Tenía novio?
La sola idea hizo que un calor desconocido recorriera su pecho.
Su instinto reaccionó con violencia.
"No."
No podía tener pareja.
No...
Apretó los puños.
Jamás había sentido unos celos tan irracionales por una mujer a la que ni siquiera conocía.
Respiró profundamente una vez más.
Su aroma era embriagador.
Dulce.
Suave.
Único.
Los antiguos decían que cada pareja destinada poseía un aroma imposible de confundir.
Ahora entendía por qué.
Era imposible ignorarlo.
...
La conferencia terminó dos horas después.
Los estudiantes comenzaron a abandonar el auditorio.
Ren apenas recordaba lo que había dicho durante su exposición.
Su atención regresaba una y otra vez a la misma persona.
Hasta que...
La vio salir.
Richel caminaba distraída mirando su teléfono.
Sin pensarlo, Ren comenzó a seguirla.
A una distancia prudente.
No quería que ella lo notara.
Pero tampoco soportaba perderla de vista.
—Señor...
Murmuró uno de sus escoltas.
—¿Debemos ir al restaurante?
Ren ni siquiera respondió.
Continuó caminando.
Los hombres intercambiaron miradas confundidas.
Nunca habían visto a su jefe comportarse así.
De repente...
Un balón salió disparado desde una cancha cercana.
Richel no lo vio.
Estaba demasiado concentrada leyendo un mensaje.
El balón impactó directamente contra su espalda.
—¡Ay!
Perdió el equilibrio.
Su pie resbaló en el borde de unas escaleras.
Todo ocurrió en cuestión de segundos.
Antes de que alguien pudiera reaccionar...
Una figura apareció frente a ella.
Un brazo fuerte rodeó su cintura.
Otro sostuvo su espalda antes de que golpeara el suelo.
Richel abrió lentamente los ojos.
Su respiración quedó atrapada.
Frente a ella había un hombre increíblemente apuesto.
Ojos dorados.
Cabello oscuro.
Orejas de zorro rojizas.
Y un perfume elegante con un ligero aroma a madera.
Durante unos segundos ninguno habló.
Ren sintió cómo el corazón de Richel latía con rapidez.
Estaba tan cerca...
Que podía escuchar cada respiración.
Su instinto rugía.
Es ella.
Protégela.
No la sueltes.
Le costó un enorme esfuerzo aflojar los brazos.
—¿Está bien?
Su voz sonó grave y tranquila.
Richel parpadeó varias veces.
—S... sí.
Ren la ayudó a ponerse de pie lentamente.
Ella acomodó su mochila.
—Gracias.
No parecía impresionada.
Ni nerviosa.
Solo... agradecida.
Aquello sorprendió al empresario.
La mayoría de las mujeres intentaban iniciar conversación apenas lo reconocían.
Ella simplemente sonrió con educación.
—Fue un buen reflejo.
Ren sintió una extraña satisfacción.
—Es parte de mi trabajo.
—Bueno... gracias otra vez.
Richel hizo una pequeña reverencia y comenzó a alejarse.
Ren sintió un vacío inmediato.
Su cuerpo dio un paso hacia ella por instinto.
Se obligó a detenerse.
No.
No podía seguirla.
No debía hacerlo.
La observó desaparecer entre la multitud.
Su pecho comenzó a oprimirse.
Era una sensación insoportable.
Como si le estuvieran arrancando algo.
Respiró con dificultad.
Su secretario corrió hasta él.
—¿Se encuentra bien?
Ren no apartaba la vista del lugar por donde Richel había desaparecido.
Entonces habló con una serenidad que no reflejaba el caos que sentía por dentro.
—Quiero saber todo sobre esa estudiante.
El secretario asintió.
—¿Su nombre?
Ren cerró los ojos por un instante.
—Todavía no lo sé...
Abrió nuevamente los ojos.
En ellos brillaba una determinación absoluta.
—Pero antes de que termine el día... sabré quién es.
Muy lejos de allí, Richel seguía caminando hacia la salida de la universidad sin imaginar que acababa de convertirse en el centro del mundo de uno de los hombres más poderosos del país.
Y mientras ella pensaba que aquel encuentro había sido una simple casualidad...
Ren comprendía una verdad imposible de ignorar.
No era el destino quien la había puesto frente a él.
Era el destino quien acababa de condenarlo.
Porque, desde ese instante...
Ya no existía un mundo donde él pudiera vivir lejos de Richel.