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Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Mi Misión Es Eliminar A La Heroína

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Luz de luma

Morir por un golpe en la cabeza no estaba en los planes de Elysia. Despertar en La Sangre de la Corona, el mahwa que leía en secreto, tampoco.

El problema es que no reencarnó como la protagonista. Reencarnó como la comandante del villano. Del hombre destinado a perder la guerra por el trono.

Aster es letal, frío y no malgasta palabras. También es, para su desgracia, exactamente su tipo, al menos hablando de su fisico.

Pero todo se complica cuando recibe una orden imposible: eliminar a Athena, la heroína de la historia, la chica que el guion protege.

Atrapada entre su lealtad, su instinto de supervivencia y un jefe que empieza a mirarla como ningún villano debería, Elysia deberá decidir si acepta el destino... o lo reescribe ella misma.

Porque si va a morir como villana, al menos lo hará peleando.

NovelToon tiene autorización de Luz de luma para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5 — EL MENSAJE

El amanecer llegó envuelto en niebla.

Elysia se ajustó las botas en el patio aún oscuro, con el aliento convirtiéndose en vapor frente a su rostro. Lian ya estaba allí, revisando las cinchas de dos caballos. Le tendió las riendas de uno sin decir palabra. Era un animal castaño, de mirada tranquila, que la observó con esos ojos enormes y húmedos como preguntándose quién era esa desconocida que pretendía montarlo.

—¿Sabes montar? —preguntó Lian, con una ceja alzada.

El cuerpo de Elysia respondió antes que su mente. Puso un pie en el estribo, se impulsó y aterrizó sobre la silla con una soltura que la dejó helada. No recordaba haber montado en su vida. Pero sus piernas se ajustaron solas al lomo del animal. Sus manos encontraron las riendas en el ángulo correcto.

—Supongo que sí —dijo, tragándose el vértigo.

Lian sonrió de medio lado y montó en su propio caballo, un alazán inquieto que parecía tan impaciente como ella.

—Pues vamos. El paso norte no se inspecciona solo.

Salieron por la puerta trasera del castillo, la que daba al camino de tierra que serpenteaba entre colinas peladas. La niebla lo cubría todo, difuminando los árboles, amortiguando el sonido de los cascos contra el suelo. El mundo olía a tierra mojada y a hierba fría. Tan distinto del gimnasio. Tan distinto de su apartamento minúsculo, del ruido del tráfico, del olor a café instantáneo por las mañanas.

Cabalgó en silencio un buen rato. Lian tampoco hablaba, y Elysia lo agradeció. Necesitaba ordenar sus pensamientos, poner en fila las piezas del rompecabezas en el que se había convertido su vida. Pero sus pensamientos, como siempre, se negaban a cooperar.

Porque cada vez que intentaba concentrarse en la misión, en el mapa, en los informes de movimientos sospechosos, su mente se desviaba. Hacia él.

Apretó las riendas con más fuerza de la necesaria. Le irritaba. Le irritaba profundamente que su cerebro, entrenado para la pelea y la estrategia, se comportara como el de una adolescente cada vez que recordaba los ojos grises de Aster. No era justo. Ella no era así. Nunca había sido así.

En su vida anterior, los hombres eran... ¿cómo decirlo? Inexistentes. No en el sentido literal, por supuesto. Veía hombres todos los días. Entrenaba con ellos, les partía la cara en el ring, bebía con ellos después de las competiciones. Eran compañeros, colegas, a veces rivales. Pero nunca novios. Nunca nada que se le pareciera.

Había tenido citas. Pocas. Muy pocas. Alguna vez se había arreglado, se había puesto un vestido, había intentado ser encantadora. Pero siempre acababa hablando de sus peleas, de sus entrenamientos, de la patada giratoria que estaba perfeccionando. Y los chicos se iban. Con educación, con excusas, pero se iban. Demasiado intensa, le dijo uno. Demasiado directa, le dijo otro. Demasiado... tú, le dijo un tercero, y eso había dolido más que los otros porque lo había dicho casi con lástima.

Así que se refugió en los mahwas.

Qué ironía. La chica que partía tablas con el canto de la mano se derretía en secreto con historias de amores imposibles, de villanos redimidos, de príncipes que se arrodillaban ante doncellas. Los leía a escondidas, con la puerta cerrada, como si fuera un crimen. Quizá lo era. Quizá sentía que traicionaba su propia personalidad, esa fachada de hierro que se había construido durante años.

Pero le gustaban. Le gustaban los dibujos hermosos, las escenas de acción mezcladas con romance, los protagonistas masculinos que parecían esculpidos por dioses caprichosos. Había uno en particular, en un mahwa que ya ni recordaba, que le había robado el aliento. Pelo oscuro. Mandíbula afilada. Ojos claros que no necesitaban palabras para imponer autoridad. Lo había recortado mentalmente, guardado en un rincón de su cerebro como el ideal imposible que nunca encontraría en la vida real.

Y entonces llegó Aster.

Físicamente, era calcado. Cada detalle. El pelo negro que caía sobre la frente. Los hombros anchos. Las manos con nudillos marcados. Esa mandíbula que parecía cortar el aire. Esos ojos grises que no pedían, exigían. Era como si alguien hubiera tomado el boceto de su fantasía y lo hubiera vestido de negro, le hubiera dado un castillo y lo hubiera soltado en su camino.

Pero lo demás...

Lo demás era un desastre.

Porque el hombre de sus sueños era frío como una daga en invierno. No sonreía. No halagaba. No ofrecía palabras amables ni gestos de consuelo. Hablaba con órdenes y evaluaba con silencios. Era un depredador envuelto en modales mínimos, alguien que podía decir «no le sonrías a mi hermano» con la misma naturalidad con la que pedía un informe.

Daba miedo. Se lo daba.

Y sin embargo, ahí estaba ella, pensando en él mientras cabalgaba hacia el paso norte. No porque quisiera. Sino porque su estúpido cerebro no podía separar el envoltorio del contenido.

—Estás muy callada —dijo Lian de repente.

Elysia parpadeó, volviendo al presente.

—Pensaba.

—En el señor Aster.

Elysia giró la cabeza tan rápido que casi se desnuca.

—¿Qué? No.

Lian soltó una risa corta, sin malicia.

—No necesitas mentirme. Todas piensan en él. Es el pasatiempo favorito de medio castillo.

—¿Todas?

—Las que no están ciegas. —Lian se encogió de hombros—. O las que no le tienen demasiado miedo. Que suelen ser las mismas.

Elysia no respondió de inmediato. Procesó la información. Así que no era la única. Eso debería hacerla sentir mejor. No lo hacía.

—Es atractivo —admitió al fin, con renuencia—. Físicamente. Pero su personalidad...

—Es una pesadilla —completó Lian—. Lo sé. Créeme, lo sé. Llevo tres años sirviéndole y todavía no sé si tiene sangre o hielo en las venas.

—¿Y qué opinas de él? —preguntó Elysia, genuinamente curiosa.

Lian tardó en responder. Miró al frente, hacia el camino que empezaba a subir entre rocas grises.

—Opino que es el único que mantiene este reino en pie mientras los demás juegan a la política. No es amable. No es justo como los cuentos. Pero es necesario. Y respeto eso.

Elysia guardó silencio. Respeto. Esa palabra resonó en su interior. Ella también respetaba a Aster, de una forma extraña. Respetaba su franqueza brutal, su falta de juegos, su manera de mirar el mundo sin adornos. Quizá por eso la atracción le molestaba tanto. Porque no era solo física. Había algo debajo, algo que no quería examinar.

—Ya basta de hablar del jefe —dijo Lian, cambiando el tono—. Mira.

Señaló hacia adelante. La niebla se estaba disipando y dejaba ver un puesto de vigilancia enclavado entre las rocas. Una torre baja de piedra, con una barricada de madera y una bandera negra —la de Aster— ondeando débilmente con el viento.

Pero algo no cuadraba.

No había guardias visibles. Ni en la torre, ni en la barricada. El lugar estaba en silencio. Demasiado silencio para un puesto que debía estar operativo a todas horas.

Elysia sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío.

—Algo va mal —dijo.

Lian ya había desenfundado sus dagas.

—Sí. Lo sé.

Desmontaron en silencio, ataron los caballos a un arbusto y avanzaron a pie, pegadas a las rocas. Elysia llevaba la mano en la empuñadura de la espada, su cuerpo en tensión, sus sentidos aguzados por un instinto que no era suyo pero que le pertenecía.

No había sangre. No había cadáveres. Pero tampoco había nadie.

La torre estaba vacía. La barricada, intacta pero sin vigilancia. En el interior encontraron restos de una fogata reciente, un plato de comida a medio terminar, una manta tirada en el suelo.

—Se fueron con prisa —observó Lian, arrodillándose junto a la fogata—. Las cenizas aún están calientes.

Elysia recorrió el lugar con la mirada. No entendía. Si era un ataque, no había señales de lucha. Si era una deserción, ¿por qué dejar todo atrás? ¿Y por qué no habían enviado un aviso al castillo?

Entonces lo vio.

En la pared de piedra, grabado con prisa pero visible, había un símbolo. Una espada cruzada con una rama de laurel. El emblema que había visto en su propio arcón, en las armaduras de los soldados de Aster. El emblema del villano.

Pero debajo, alguien había pintado una línea roja. Un trazo único, horizontal, que tachaba el símbolo como una negación.

—No es un ataque —dijo Elysia, con la voz más firme de lo que se sentía—. Es un mensaje.

Lian se levantó y contempló el grabado con los ojos entrecerrados.

—Alguien está desafiando al señor Aster. Aquí, en su propio territorio.

Elysia apretó los puños. Recordó la conversación con Aster en el despacho. «Quiero que me digas exactamente quién y cuánto. Sin endulzarlo.»

Pues allí estaba su informe. Pero algo le decía que esto no era solo incompetencia. Era el inicio de algo más grande. Algo que quizá, en el mahwa, ya estaba escrito.

—Volvemos al castillo —ordenó—. Ahora.

Lian asintió.

Y mientras galopaban de vuelta, con el viento azotándole el rostro, Elysia no pensaba en Aster. Pensaba en Athena. En Aslan. En la historia que ya conocía y que, poco a poco, empezaba a desplegarse ante sus ojos.

Y en cómo demonios iba a explicarle a un hombre sin sentimientos que sus propios soldados estaban empezando a dudar de su bandera.

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Noé sanchez
me muero por saber que pasa a continuación autora por favor continúe la historia!!
Elysia: muchas gracias 😭 hoy justo subi este cap, el prox es el domingo, peroooo a lo mejor sin confirmar nada, talvez subo otro antes
total 1 replies
Elysia
Me voy a autopuntear porque es mi creación favorita
Cliente anónimo
NECESITO MAAAAAAS
Cliente anónimo
y si tiene hambre?
Cliente anónimo
owwww
Cliente anónimo
soy yo
Cliente anónimo
lei pelon 😭
Cliente anónimo
Toco decirle chachorro
Cliente anónimo
aja
Cliente anónimo
curioso
Cliente anónimo
padres en común nomas
Cliente anónimo
se pueden ambas?
Cliente anónimo
ni los muertos andan en paz creo
Cliente anónimo
nah, la vecina
Cliente anónimo
como habrá crecido una comandante así?
Cliente anónimo
tons no era de los ovnis?
Cliente anónimo
bueno, al menos le sirve
Cliente anónimo
Detallitos....
Cliente anónimo
me robare el decir "no era un cumplido, era una observación"
Cliente anónimo
de chivo o como?
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