Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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11- escapando del pasado
cuatro semanas.
Ese era el tiempo que había pasado desde que Valentina salió del apartamento de Daniel con el corazón hecho pedazos.
cuatro semanas en las que el trabajo se había convertido en su mejor refugio.
en las que Camila había procurado no dejarla sola ni un solo día.
semanas...
En las que Daniel había dejado de ser Daniel.
Ahora era, simplemente...
El doctor Álvarez.
—¿Estás segura de que puedes escaparte una hora?
Preguntó Camila mientras ambas caminaban por el pasillo del Hospital Santa Emilia.
Valentina terminó de firmar una historia clínica.
—Lorenzo insistió demasiado.
Si no voy, es capaz de venir hasta el hospital.
Camila soltó una carcajada.
—Eso sí lo imagino.
—Además, hace días que no lo veo.
—Ve tranquila.
Yo me encargo de cubrirte si pasa algo.
Valentina le sonrió.
—Gracias, Camí.
—De nada... Y si por casualidad aparece el doctor Álvarez, también me encargo de espantarlo.
Valentina negó con una pequeña sonrisa.
—No creo que venga.
—Más le vale.
Porque todavía quiero romperle la nariz.
Las dos rieron.
Media hora después...
Lorenzo ya la esperaba en un pequeño restaurante italiano que ambos frecuentaban desde hacía años.
Apenas la vio entrar, se puso de pie.
—¡Por fin! Pensé que me ibas a dejar plantado.
Valentina le dio un abrazo.
—Lo pensé. Pero me dio lástima.
—Qué considerada.
Se sentaron.
Pidieron la comida.
Durante varios minutos hablaron del hospital, del trabajo y de cualquier tema que no implicara sentimientos.
Hasta que Lorenzo dejó los cubiertos sobre la mesa.
—¿Y... cómo está Daniel?
Valentina bebió un poco de agua antes de responder.
—El doctor Álvarez está bien... Supongo.
Lorenzo levantó lentamente una ceja.
—¿El doctor Álvarez?
Ella lo miró confundida.
—Sí.
Él sonrió con suavidad.
—Ya no le dices Daniel.
Valentina permaneció unos segundos en silencio.
No se había dado cuenta.
—Supongo que no.
Respondió finalmente.
Lorenzo apoyó una mano sobre la de ella.
—Eso significa que estás avanzando.
No olvidándolo. Pero sí dejando de vivir en ese momento.
Valentina sonrió con tristeza.
—Creo que sí. Porque el Daniel del que me enamoré...
Ya no existe. Y el hombre que existe ahora...
Es solo el doctor Álvarez.
Lorenzo apretó suavemente su mano.
No hacía falta decir nada más.
—¿Interrumpo?
Ambos levantaron la vista al escuchar aquella voz.
Giovanni acababa de llegar al restaurante.
Llevaba el saco sobre el brazo y una sonrisa imposible de ocultar.
—Papá.
Dijo Valentina sorprendida.
—¿Qué haces aquí?
—Tenía una reunión cerca.
Pensé que podía almorzar con mis dos hijos favoritos.
Lorenzo soltó una carcajada.
—Papá... Solo tienes dos hijos.
—Precisamente por eso.
Los tres rieron.
El almuerzo transcurrió entre bromas y anécdotas familiares.
Hasta que Giovanni carraspeó.
Valentina reconoció inmediatamente ese gesto.
—No...
Murmuró.
Giovanni sonrió.
—¿Cómo que "no"?
—Porque ya sé esa cara. Y no me gusta.
Lorenzo comenzó a reír.
—Yo también la conozco.
Giovanni ignoró a ambos.
—Valentina... Creo que ya pasó suficiente tiempo.
Ella cerró los ojos un instante.
—Papá...
—Escúchame primero.
Solo quiero que conozcas personas nuevas.
Nada más.
Valentina suspiró.
—Otra vez no.
—Mañana cenarás con el hijo de un viejo amigo.
Ella dejó caer lentamente el tenedor sobre el plato.
—¿Qué?
—Es abogado. Tiene treinta años.
Es educado, trabajador y...
—No.
Respondió ella antes de que pudiera terminar.
Giovanni no pareció afectarse.
—Entonces será el jueves.
—Papá...
—O el viernes.
Valentina miró a Lorenzo buscando ayuda.
Su hermano levantó ambas manos.
—No me mires. Yo aprendí hace años que discutir con él es perder el tiempo.
Giovanni sonrió satisfecho.
—Entonces estamos de acuerdo.
Valentina abrió mucho los ojos.
—¡No estamos de acuerdo en nada!
Tres días después...
Primera cita. Un odontólogo.
Habló cuarenta minutos sobre implantes dentales.
Segunda cita. Un arquitecto.
Pasó toda la cena enseñándole fotografías de edificios que había diseñado.
Tercera cita. Un empresario.
Respondió cinco llamadas durante la cena.
Cuarta cita. Un piloto.
No habló de otra cosa que no fueran aviones.
—¡Quinta cita!
Anunció Camila dramáticamente mientras entraba al consultorio de Valentina.
Encontró a su amiga mirando fijamente el vestido que llevaba puesto.
Como si contemplarlo pudiera hacer desaparecer la obligación de usarlo.
—¿Y ahora qué pasa?
Preguntó Camila.
Valentina dejó escapar un largo suspiro.
—El hijo de un banquero.
Camila hizo una mueca.
—Qué miedo.
—Camí... Ya no puedo más.
Cinco citas en tres días.
Estoy agotada.
Camila permaneció unos segundos en silencio.
Después... Una sonrisa traviesa apareció lentamente en su rostro.
Valentina conocía demasiado bien esa sonrisa.
—No.
Dijo inmediatamente.
—Ni siquiera sabes qué voy a decir.
—No importa. La respuesta sigue siendo no.
Camila se acercó al escritorio.
Apoyó ambas manos sobre él.
Y sonrió aún más.
—Esta noche... Te secuestro.
Valentina dejó caer la cabeza sobre la carpeta que estaba revisando.
—Ya empezamos...
Dos horas más tardé.
—No.
Respondió Valentina por sexta vez.
Camila cruzó los brazos.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Camí, tengo una cita.
—Precisamente por eso.
Valentina la miró con cansancio.
—Mi papá va a matarme.
—No. Primero te va a buscar.
Luego te va a dar un sermón.
Y después te organizará otra cita.
Así que no perdemos nada.
Valentina terminó soltando una pequeña risa.
—Eres un pésimo ejemplo.
—Pero soy un ejemplo divertido.
Las ocho de la noche llegaron demasiado rápido.
Valentina observó por última vez el elegante vestido que Giovanni había insistido en comprarle para sus "cenas importantes".
Después abrió el armario.
Sacó un pantalón negro, una blusa vino tinto y una chaqueta de cuero.
—Mucho mejor.
Murmuró.
Cuando salió de la habitación, Camila soltó un silbido.
—¡Ahora sí pareces una mujer de veintiocho años!
—¿Y antes?
—La directora de un hospital privado.
Las dos rieron.
Media hora después...
El automóvil de Camila se detuvo frente a un edificio moderno iluminado por enormes ventanales.
Valentina observó el lugar.
No era una discoteca escandalosa.
Tampoco un bar común.
La música se escuchaba desde el exterior, pero el ambiente era elegante.
Muchos hombres vestían traje. habían mujeres que lucían vestidos de noche.
—No sabía que existían sitios así para personas normales.
Comentó Valentina mientras bajaban del automóvil.
Camila comenzó a reír.
—La única anormal eres tú.
Valentina arqueó una ceja.
—¿Perdón?
—Trabajas tanto que crees que el hospital es el único lugar donde vive la gente.
Vale terminó riéndose.
—Puede ser.
—Claro que puede ser.
Llevas semanas viviendo entre quirófanos y consultorios.
Ya era hora de sacarte de ahí.
Entraron.
Una melodía de jazz moderno llenaba el salón.
La iluminación era tenue.
Había parejas conversando.
Grupos de amigos brindando.
Y una amplia pista de baile en el centro.
Valentina sonrió.
—Tengo que admitir que...
Está bonito.
Camila levantó una ceja con orgullo.
—Obviamente.
¿Creías que iba a llevarte a un antro de mala muerte?
—Contigo nunca se sabe.
Se acomodaron en una mesa cercana a la pista.
Un mesero apareció enseguida.
Pidieron dos cócteles.
Mientras esperaban, Valentina observó a su alrededor.
—Entonces...
¿Para qué vinimos exactamente?
Camila acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
—Bueno... Hay algo que no te he contado.
Valentina entrecerró los ojos.
—Ya me asustaste.
—Conocí a un chico.
—¿Dónde?
Camila sonrió con cierta timidez.
—Por internet.
Valentina casi dejó caer la copa.
—¿Qué?
—Quedamos en conocernos hoy.
Ella abrió mucho los ojos.
—¡Camila!
¿Tú estás loca?
¿Cómo puedes quedar con un desconocido por...
La frase quedó suspendida en el aire.
Su mirada acababa de detenerse en un rincón del salón.
Allí... Sentados en una mesa apartada.
Estaban Daniel... Y Lucía.
Valentina sintió un ligero nudo en el estómago.
No era el dolor insoportable de semanas atrás.
Pero tampoco era indiferencia.
Simplemente... Dolía.
Camila siguió la dirección de su mirada.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Lo que faltaba...
Murmuró.
—Se nos arruinó la noche.
Valentina respiró hondo.
Después tomó la copa y bebió un pequeño sorbo.
—No.
Respondió con tranquilidad.
Camila la miró sorprendida.
—¿No?
—No.
Nada nos va a arruinar la noche.
El doctor Álvarez puede hacer con su vida lo que quiera.
Yo también voy a hacer lo mismo con la mía.
Una sonrisa apareció lentamente en el rostro de Camila.
—Esa es mi Vale.
Valentina dejó la copa sobre la mesa.
Y extendió una mano hacia su amiga.
—¿Bailamos?
Camila sonrió de oreja a oreja.
—¡Eso estaba esperando!
Las dos caminaron hacia la pista.
La música cambió a un ritmo mucho más alegre.
Por primera vez en mucho tiempo...
Valentina comenzó a moverse sin pensar en el hospital.
Sin pensar en el pasado.
Y, durante unos minutos...
Consiguió sentirse verdaderamente libre.
Sin darse cuenta...
Desde el otro extremo del salón...
Un hombre de ojos grises acababa de fijarse en ella por primera vez.
Alessandro dejó la copa sobre la barra.
—¿Ya te aburriste?
Preguntó Matteo.
—No. Solo necesitaba un poco de silencio.
Matteo miró alrededor.
—Elegiste el peor lugar para encontrarlo.
Alessandro sonrió apenas.
—Tienes razón.
Los dos habían aceptado salir únicamente porque Matteo llevaba casi un mes insistiendo.
—Trabajas demasiado.
—Necesitas despejarte.
—Te vas a convertir en un robot.
Habían sido sus argumentos.
Y, sorprendentemente...
Aquella noche Alessandro terminó cediendo.
Desde la barra observaba distraídamente el lugar.
Sin prestar demasiada atención a nadie.
Hasta que una risa llamó su atención.
Una mujer de cabello oscuro reía mientras bailaba con su amiga.
No era una risa exagerada. Era natural.
Contagiosa. Alessandro la observó apenas unos segundos.
—¿Qué miras?
Preguntó Matteo.
Él negó con la cabeza.
—Nada.
Y volvió a tomar un sorbo de su whisky.
En la pista...
Valentina comenzaba a relajarse.
—¿Ves?
Dijo Camila mientras movía las caderas al ritmo de la música.
—No era tan terrible salir.
Valentina rio.
—Admito que necesitaba esto.
—Claro que lo necesitabas.
Llevabas semanas siendo una ermitaña.
Las dos continuaron bailando.
Hasta que Camila sintió vibrar su teléfono.
Lo sacó del bolso. Leyó el mensaje.
Y abrió mucho los ojos.
—¡Llegó!
Valentina dejó de bailar.
—¿Quién?
—El chico con el que quedé.
—¿Qué?
—Ya vuelvo.
No te muevas de aquí.
—¡Camila!
Pero su amiga ya había desaparecido entre la multitud.
Valentina negó divertida.
—Esta mujer...
Giró sobre sí misma buscando la mesa.
En ese momento...
Sintió que alguien sujetaba suavemente su muñeca. Su sonrisa desapareció al instante.
—Vale...
Reconocería esa voz en cualquier lugar.
Se giró lentamente.
Daniel estaba frente a ella.
—Tenemos que hablar.
Valentina retiró la mano de inmediato.
—No.
—Por favor.
—Ya hablamos todo lo que teníamos que hablar.
Daniel dio un paso hacia ella.
—Escúchame cinco minutos.
Solo eso.
—No tengo nada que escuchar.
Intentó rodearlo.
Él volvió a detenerla.
—¿Qué haces aquí?
La pregunta hizo que Valentina frunciera el ceño.
—Eso a ti no te importa.
—Claro que me importa.
Tú eres...
Valentina lo interrumpió con una sonrisa amarga.
—¿Yo soy qué?
¿Tu ex?
Porque es lo único que soy ahora.
Daniel guardó silencio.
Ella aprovechó para apartarse.
—No vuelvas a tocarme.
Comenzó a caminar buscando desesperadamente a Camila.
Miró hacia la mesa.
No estaba.
Miró la entrada.
Tampoco.
La multitud parecía habérsela tragado.
—¿Vale?
Daniel volvió a acercarse.
Ella aceleró el paso. Pero terminó atrapada cerca de la barra. Sin salida.
Respiró agitadamente.
Entonces...
Sus ojos se encontraron con un hombre alto de traje oscuro.
Cabello negro. Ojos grises.
Permanecía sentado de espaldas a la barra, sosteniendo un vaso de whisky.
Valentina miró un instante detrás de ella.
Daniel ya estaba muy cerca.
Tomó una decisión impulsiva.
Se acercó al desconocido.
Y le tocó suavemente el brazo.
Él levantó la vista.
Sus ojos grises se encontraron con los color miel de ella.
—Disculpe...
Murmuró Valentina.
—Necesito su ayuda.
Alessandro apenas alcanzó a fruncir el ceño.
No entendía qué estaba ocurriendo.
Y no tuvo tiempo de preguntar.
Porque, al segundo siguiente...
Valentina tomó su rostro entre las manos.
Y lo besó.
Los ojos de Alessandro se abrieron por la sorpresa.
No conocía a esa mujer.
Ni entendía qué estaba pasando.
Instintivamente estuvo a punto de apartarla.
Pero una voz furiosa los interrumpió.
—¡Valentina!
¿Qué carajo haces?
El beso terminó.
Valentina dio un paso atrás.
Daniel llegó hasta ellos y, cegado por la rabia, empujó bruscamente a Valentina.
Ella perdió el equilibrio.
Antes de que pudiera caer...
Una mano firme sujetó su brazo.
Alessandro la sostuvo con facilidad.
Muy despacio la ayudó a recuperar el equilibrio.
Después levantó la mirada.
Toda la calidez que había mostrado un segundo antes desapareció.
Sus ojos se volvieron fríos.
Peligrosamente fríos.
Se puso de pie.
La diferencia de estatura era evidente.
Le sacaba casi una cabeza a Daniel.
Su voz salió tranquila.
Pero firme.
—¿Disculpa...?
¿Quién eres tú para empujarla?
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.