Margot, es una veterinaria y muy sarcástica que ama lo que hace. Pero un día de trabajo una serpiente venenosa la muerde. Su muerte la llevó a una de las tantas historias que leyó. Sin embargo, tras los recuerdos difuso de ese cuerpo sabe que esta en aprieto al ser una Omega débil.
Pero todo cambia cuando el emperador alfa, Hazem toma interés en ella.
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Capitulo 2: “El emperador"
El dolor desapareció antes de que Margot pudiera entender en qué momento dejó de respirar.
No hubo cielo. No hubo luces. No hubo voces lejanas llamándola.
Solo un peso extraño en el cuerpo. Después frío. Mucho frío.
Abrió los ojos lentamente y lo primero que sintió fue el olor. No era desinfectante ni medicamentos; olía a humedad, madera vieja y jabón barato. Parpadeó varias veces intentando enfocar el techo oscuro sobre su cabeza. Había vigas de madera. Una pequeña ventana dejaba entrar una luz grisácea y las mantas ásperas apenas cubrían sus piernas.
Se quedó inmóvil unos segundos.
Luego habló con la voz seca.
—O estoy viva o el infierno necesita remodelación urgente.
Su garganta ardió al hablar.
Margot intentó incorporarse, pero un dolor intenso recorrió todo su cuerpo. Sus brazos se sentían débiles, como si hubiera pasado semanas enferma. Bajó la mirada lentamente.
Las manos no eran suyas.
Más delgadas.
Pálidas.
Con pequeñas cicatrices.
Y en el brazo izquierdo, justo debajo de la manga gastada, había una marca oscura.
Frunció el ceño.
—No... no, no. Yo vi demasiadas novelas raras como para no sospechar de esto.
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiera pensar más.
Una chica de cabello castaño entró cargando una cubeta con ropa húmeda. Apenas vio a Margot sentada, abrió los ojos de par en par.
—¡Dafne!
Margot la miró confundida.
La chica dejó la cubeta en el suelo y corrió hacia la cama.
—¿Estás loca? Te levantaste muy rápido, ayer parecías muerta.
Margot pestañeó. La chica le tocó la frente preocupada.
—Sigues caliente. Si la señora Brina te ve trabajando así, te va a mandar igual a las cocinas.
—¿Quién es Brina?
La joven se quedó callada.
—Dafne... ¿te golpeaste la cabeza?
Margot respiró lento.
Algo estaba mal. Muy mal.
Los recuerdos comenzaron a mezclarse dentro de su cabeza de repente. Imágenes ajenas, fragmentos desordenados, emociones que no eran suyas.
Una niña fregando pisos.
Una voz gritándole inútil.
Dolor en el brazo.
Hambre.
Miedo.
Margot cerró los ojos con fuerza llevándose una mano a la sien.
—Dios...
“Ahora soy Dafne. Una sirvienta Omega. L-La historia no la recuerdo con exactitud. He leído mucho sobre este género. Que problema"
Pensó.
La chica la sostuvo antes de que volviera a caer.
—Te dije que no te levantaras.
Dafne tragó saliva intentando mantenerse tranquila.
—Necesito que me respondas algo sin asustarte.
—Ahora sí me estoy asustando.
—¿Qué año es?
La joven abrió la boca lentamente.
—Dafne... creo que la fiebre te derritió el cerebro. Estamos en 956. Edad de plata.
Dafne dejó escapar un suspiro largo.
Perfecto.
Simplemente perfecto.
Horas después seguía intentando aceptar la situación de que su nueva vida era dentro de una historia de fantasía.
Su nombre ahora era Dafne.
Tenía diecinueve años.
Era una omega.
Y además una omega pobre que trabajaba como sirvienta dentro del palacio imperial.
Dafne había pensado muchas veces que la ficción histórica romántica era entretenida mientras una la leyera con café y manta encima.
Vivir dentro de una ya le parecía otra cosa.
Mucho peor.
Especialmente porque en ese mundo los omegas eran tratados prácticamente como ciudadanos de segunda.
Lo descubrió apenas salió de la pequeña habitación.
Los pasillos del área de servicio estaban llenos de empleados moviéndose rápido, con la cabeza baja, evitando llamar la atención. Algunos llevaban marcas en el cuello que distinguían sus rangos. Otros apenas levantaban la mirada al cruzarse con alguien de mayor posición.
Y los omegas…
Dafne notó enseguida la diferencia.
Hablaban menos.
Se apartaban más rápido.
Vivían tensos.
Una mujer alta pasó junto a ella cargando bandejas y frunció el ceño apenas la vio detenida.
—¿Vas a quedarte parada todo el día?
—Estoy considerando seriamente desmayarme otra vez.
La mujer soltó una mirada cansada.
—Qué suerte la tuya poder bromear. Muévete antes de que Brina te vea.
Dafne siguió caminando mientras intentaba ordenar sus pensamientos. El cuerpo de Dafne estaba agotado incluso haciendo cosas simples. Le dolían las piernas, la espalda y sentía un vacío raro en el pecho, como si llevara años sin descansar realmente.
La chica que la encontró está mañana en la habitación caminaba a su lado.
—No deberías trabajar hoy.
—Yo tampoco debería haber muerto por una serpiente y aquí estamos.
—Otra vez hablando raro.
—¿Tú crees?
La joven terminó soltando una pequeña risa.
—Si. Te conozco desde que éramos niñas. Nos criamos juntas sirviendo.
—Ya veo...—dijo. Intentando no sonar extraña.
—Definitivamente la fiebre te dañó.
Dafne sonrió apenas.
La chica se llamaba Lina. Era una omega también, aunque un poco más saludable que Dafne. Hablaba rápido, miraba demasiado a todos lados y parecía vivir con miedo de cometer errores.
Llegaron hasta las cocinas y el ruido golpeó a Dafne de inmediato; ollas, órdenes, vapor caliente y empleados corriendo de un lado a otro.
Una mujer robusta de rostro severo se giró apenas las vio.
—Dafne.
Dafne entendió enseguida que aquella era Brina.
—Buenos días —respondió.
Brina entrecerró los ojos.
—Tienes cinco minutos de retraso... sigo esperando las bandejas del ala oeste.
Dafne suspiró por dentro. No podía negar nada en esta situación. Debe sobrevivir a este nuevo sistema de jerarquía hasta encontrar una forma de salir de aquí.
No piensa servir toda la vida.
Tomó una bandeja con cuidado y casi se le resbaló por la debilidad en los brazos.
Brina la observó con molestia.
—Pareces un fantasma.
—Gracias, intento mantener una imagen delicada.
Lina soltó una tos intentando esconder la risa.
Brina negó con la cabeza.
—Si vas a desmayarte, hazlo después de entregar eso.
Mientras caminaban por los pasillos principales, Dafne comenzó a notar las diferencias entre las clases sociales del palacio. Los alfas caminaban como si todo les perteneciera. Los betas parecían mantenerse neutrales. Y los omegas bajaban la mirada apenas alguien importante aparecía.
Un chico omega pasó junto a un noble alfa y este le golpeó el hombro solo porque estaba en medio del camino.
—Mira por dónde vas.
El chico pidió disculpas inmediatamente.
Dafne frunció el ceño.
—Qué desagradable.
Lina bajó la voz de inmediato.
—No hables así.
—¿Por qué?
—Porque podrían escucharte.
—¿Y?
Lina se detuvo mirándola horrorizada.
—Dafne, los omegas no responden de esa forma.
Dafne sostuvo la bandeja con más fuerza.
Algo dentro de ella se revolvía cada vez que veía aquellas escenas. Había soportado clientes insoportables, personas arrogantes y hombres que creían tener derecho a tratar mal a otros porque pagaban más dinero, pero esto era diferente.
Era normal aquí.
Eso era lo peor.
Subieron las escaleras principales y el ambiente cambió enseguida. El lujo del palacio era exagerado; lámparas doradas, alfombras gruesas y enormes ventanas que dejaban entrar la luz del mediodía.
Dafne apenas alcanzó a mirar alrededor cuando escuchó varias voces tensarse cerca.
—El emperador viene.
El pasillo entero se silenció.
Lina bajó la cabeza de inmediato.
Dafne tardó un segundo en reaccionar.
Y entonces lo vio.
Hazem Amatore, avanzaba rodeado de guardias y nobles. Alto, expresión fría, ropa oscura impecable. No parecía alguien amable. Ni siquiera parecía alguien accesible. Su cabello largo y azabache se movía libremente. Y los aretes brillando por su inmenso poder.
La gente se apartaba apenas él pasaba.
Dafne sintió algo extraño en el brazo izquierdo.
Un ardor repentino.
Fuerte.
Frunció el ceño y bajó la mirada discretamente hacia la marca bajo la manga.
Le estaba quemando la piel.
—¿Qué demonios...?
Hazem siguió caminando hasta que sus ojos se movieron apenas hacia ella.
Solo un segundo.
Pero Dafne sintió un escalofrío incómodo recorriéndole el cuerpo entero.
El emperador desaceleró apenas el paso.
Uno de los nobles habló enseguida.
—Majestad, la reunión del consejo ya comenzó.
Hazem seguía mirando a Dafne.
Lina parecía a punto de morir del miedo.
Dafne sostuvo la mirada unos segundos sin entender por qué aquel hombre le producía tanta presión en el pecho.
Entonces Hazem habló con voz tranquila.
—Esa sirvienta.
El pasillo entero se tensó.
Brina apareció casi corriendo desde el fondo.
—Majestad, disculpe si cometió algún error.
Hazem observó a Dafne de arriba abajo. Ella sintió el ardor intensificarse.
Qué mal momento para tener una crisis existencial.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó él.
Ella dudó apenas.
—Dafne.
El emperador siguió observándola de una forma extraña, como si intentara recordar algo.
Dafne se sintió incómoda enseguida.
Había visto miradas intensas antes.
Clientes furiosos.
Doctores arrogantes.
Hombres molestos.
Pero aquello era diferente.
Más personal.
Hazem finalmente apartó la vista.
—Está pálida. ¿Está enferma?
Brina respondió rápido.
—Solo tuvo fiebre, majestad.
—Los sirvientes inútiles retrasan el trabajo.
La frialdad en su voz hizo que Lina bajara aún más la cabeza.
Dafne sintió irritación de inmediato.
Claro.
Tenía sentido que el emperador fuera uno de esos hombres.
Hazem comenzó a caminar otra vez, pero antes de irse volvió a hablar sin mirar atrás.
—Que un médico la revise.
Brina abrió los ojos sorprendida.
—Sí, majestad.
El grupo siguió avanzando hasta desaparecer por el corredor.
El silencio quedó unos segundos.
Luego Lina giró rápidamente hacia Dafne.
—¿Qué fue eso?
Dafne seguía mirando el pasillo vacío mientras el brazo le ardía debajo de la manga.
—Ojalá supiera.
Brina parecía confundida y molesta al mismo tiempo.
—El emperador jamás se fija en los sirvientes.
Dafne soltó una pequeña risa seca.
—Bueno, claramente hoy decidió arruinar su récord.
porque hazem es el emperador y darbe la luna Omega
así que ya todos en regla derechitos💪💪💪