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Nica Y Los Cinco Destinos

Nica Y Los Cinco Destinos

Status: En proceso
Genre:Romance / Mujer poderosa / CEO
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

Huyó para escapar de un matrimonio arreglado, pero el destino tenía preparados cinco caminos que cambiarían su vida para siempre.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: El café pendiente

Nica abrió los ojos antes de que sonara el despertador.

Todavía le dolían un poco los brazos por el esfuerzo del día anterior, pero eso ya no le molestaba. Cada nuevo dolor le recordaba que estaba construyendo una vida con sus propias manos.

Se levantó, abrió la ventana de la pequeña habitación y dejó que la brisa marina inundara el lugar.

—Buenos días, Puerto Azul... —susurró sonriendo.

Después de arreglarse, tomó su mochila y salió rumbo al Café del Puerto.

Las calles comenzaban a llenarse de personas que iban a trabajar. Algunos pescadores regresaban del mar, los comercios abrían sus puertas y los primeros rayos del sol iluminaban el puerto.

Aquel lugar empezaba a sentirse como un hogar.

—¡Llegaste justo a tiempo! —exclamó Marta apenas la vio entrar.

—¿Pasó algo?

—Hoy llegó un grupo de turistas. Vamos a estar a las corridas.

Nica se colocó el delantal y comenzó a preparar las mesas.

Ya no se sentía tan torpe como el primer día. Incluso algunos clientes habituales la saludaban por su nombre.

—¡Buen día, Nica!

—Buenos días, señor Ernesto.

—Hoy no rompas ninguna taza.

Ella soltó una carcajada.

—Prometo hacer mi mejor esfuerzo.

Las risas llenaron el café.

Por primera vez en mucho tiempo, Nica sintió que pertenecía a algún lugar.

Cerca del mediodía, la puerta del café volvió a abrirse.

Sin levantar demasiado la vista, Nica tomó una libreta.

—Bienvenido. ¿Mesa para uno?

—Sí.

Aquella voz le resultó familiar.

Cuando levantó la mirada, lo reconoció de inmediato.

Era el mismo hombre que la había ayudado dos veces.

Él sonrió con tranquilidad.

—Parece que otra vez nos encontramos.

—Sí... otra vez.

—¿Esta vez también vas a tirar algo?

Nica cruzó los brazos fingiendo estar ofendida.

—Fue un accidente.

—Claro...

Los dos rieron.

Ella lo acompañó hasta una mesa junto a la ventana.

—¿Qué va a pedir?

Él cerró la carta sin siquiera mirarla.

—Un café negro.

—¿Solo eso?

—Por ahora.

Mientras anotaba el pedido, Nica sintió curiosidad.

—¿Vivís en Puerto Azul?

—Hace algunos años.

—Yo recién llegué.

—Lo imaginé.

Ella levantó una ceja.

—¿Cómo?

—Todavía mirás todo como si fuera nuevo.

Nica se quedó inmóvil.

Era exactamente lo mismo que él había dicho desde la terraza unos días atrás.

Aquel hombre observaba mucho más de lo que hablaba.

—Bueno... ya le traigo su café.

Durante toda la tarde, el misterioso cliente permaneció trabajando con una computadora portátil.

Contestaba llamadas breves, revisaba documentos y escribía correos sin detenerse.

No parecía un turista.

Tampoco alguien que tuviera tiempo de sobra.

Cuando el café comenzó a vaciarse, Nica llevó la cuenta.

—Acá tiene.

Él sacó la billetera, pagó y dejó un billete mucho más grande de lo necesario.

—Señor... le di mal el vuelto.

—No.

—Pero...

—La diferencia es para vos.

Nica negó con la cabeza.

—No puedo aceptar una propina tan grande.

Él la miró fijamente.

—Entonces guardala como agradecimiento por el café.

—El café cuesta mucho menos.

—Lo sé.

Ella dejó el dinero sobre la mesa.

—Gracias, pero prefiero ganar las cosas por mi trabajo.

Por primera vez, él pareció realmente sorprendido.

Sonrió con admiración.

—No hay muchas personas que rechacen el dinero.

—Yo sí.

Sin esperar otra respuesta, Nica volvió al mostrador.

Marta había observado toda la escena.

—¿Qué pasó?

—Quiso dejarme una propina enorme.

—¿Y la rechazaste?

—Sí.

Marta soltó una pequeña risa.

—Definitivamente sos diferente.

Antes de irse, el hombre se acercó nuevamente al mostrador.

—Creo que olvidé algo.

Nica revisó la mesa.

—No quedó nada.

Él negó lentamente.

—Sí quedó.

Ella lo miró confundida.

—¿Qué cosa?

Él sonrió.

—Todavía no sé tu apellido.

Nica sintió que el corazón le daba un vuelco.

Durante unos segundos no supo qué responder.

Después sonrió con naturalidad.

—Solo Nica.

El hombre sostuvo su mirada unos instantes.

—Solo Nica...

Repitió aquellas palabras como si intentara memorizarlas.

Luego asintió.

—Nos vemos pronto.

Y salió del café.

Nica lo observó alejarse por la ventana.

No sabía por qué, pero tenía la sensación de que aquel hombre ocultaba tantas cosas como ella.

Y, sin darse cuenta, acababa de comenzar un juego en el que ninguno de los dos estaba dispuesto a revelar sus secretos.

Continuará...

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