En un mundo donde lobos y vampiros se odian desde generaciones, Aiden descubre que no es solo un joven universitario ordinario, sino el heredero de una de las más poderosas líneas Alfa. Criado en el mundo humano, sin saber quién es, su vida cambia cuando empieza a tener visiones, sueños extraños y un poder que no puede controlar. Junto a Lyra, una guardiana de la que se enamora, Aiden se enfrenta a un enemigo ancestral: la sombra, nacida del miedo de la creación. En su búsqueda de identidad, Aiden deberá descubrir quién es realmente, equilibrar las fuerzas que lo han perseguido y, solo a través del amor y la elección, cambiar el destino de su mundo, donde la verdad es la única fuerza capaz de unir aquello que el odio dividió.
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Capítulo 15: La marca del traidor
La noticia cayó sobre el castillo como una tormenta.
El símbolo de la Casa Draven había sido encontrado junto al cuerpo del espía.
La misma familia que Aiden debía proteger.
La misma sangre que todos consideraban sagrada.
Ahora era señalada como culpable.
—Llévenme allí —ordenó Aiden.
Darius se interpuso.
—No.
El joven lo miró con dureza.
—¿Perdón?
—Es una trampa.
—Puede ser.
Aiden dio un paso hacia él.
—Pero si todos seguimos esperando a que alguien decida por mí, jamás descubriré la verdad.
Boreas observó al heredero durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Tiene razón.
Darius no estuvo de acuerdo.
—Alfa...
—No soy su guardián, Darius.
Boreas miró a Aiden.
—Él debe aprender a caminar hacia sus propias decisiones.
Aunque sean peligrosas.
El bosque estaba cubierto por una niebla espesa.
Los guerreros avanzaban en formación mientras Aiden caminaba junto a Boreas y Darius.
Lyra también estaba allí.
Aunque varios lobos no ocultaban su desconfianza hacia ella.
La hija del Rey Vampiro en territorio de los lobos era una provocación.
Aiden lo notaba.
Pero no podía ignorar que ella había arriesgado su vida por él.
Al menos, eso quería creer.
El cuerpo estaba junto a un antiguo árbol.
El espía era un hombre joven.
Llevaba la armadura de los lobos.
Pero su garganta tenía una profunda herida.
Aiden se acercó lentamente.
El olor de la sangre le golpeó con fuerza.
Demasiado fuerte.
Sus sentidos sobrenaturales seguían siendo nuevos y todavía le costaba controlarlos.
—¿Qué ves? —preguntó Boreas.
Aiden observó el cadáver.
—No murió aquí.
Darius levantó una ceja.
—¿Cómo lo sabes?
—La tierra bajo él está demasiado limpia.
Alguien lo trajo después de morir.
Los guerreros intercambiaron miradas.
Boreas sonrió ligeramente.
—Bien.
Estás empezando a pensar como un líder.
Aiden ignoró el comentario.
Había algo más.
Se arrodilló y acercó la mano al símbolo de la Casa Draven.
Lo tocó.
Y sintió un extraño frío.
—Esto no es real.
Todos quedaron sorprendidos.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Darius.
Aiden retiró la mano.
—La marca fue colocada después de la muerte.
Es una imitación.
Alguien quiere culpar a mi familia.
Entonces ocurrió.
Un silbido atravesó el aire.
—¡ATAQUE!
Docenas de flechas negras descendieron desde los árboles.
Los guerreros levantaron sus escudos.
El bosque explotó en caos.
Pero los atacantes no eran vampiros.
Eran lobos.
Traidores de la propia especie.
Aiden observó con horror.
—¿Por qué harían esto?
Darius desenvainó su espada.
—Porque alguien les prometió poder.
La batalla comenzó.
Los traidores atacaron sin piedad.
Aiden intentó defenderse, pero todavía no dominaba sus habilidades.
Un enemigo apareció frente a él.
Era Kieran.
El joven capitán de exploradores.
Sus ojos estaban llenos de rabia.
—¿Tú?
Aiden no podía creerlo.
—Kieran...
—Desde que llegaste, todo cambió.
Todos te miran.
Todos esperan que seas un salvador.
Pero no eres más que un humano que tuvo suerte.
Aiden sintió un golpe en el pecho.
—¿Esto es por orgullo?
Kieran apretó los dientes.
—Esto es por mi familia.
El odio apareció en su rostro.
—Mis padres murieron en la última guerra.
Y mientras nosotros sufríamos...
Tú vivías feliz sin saber nada.
Aiden bajó la mirada.
Porque esa acusación dolía.
Kieran aprovechó la distracción y atacó.
Pero antes de que su espada llegara...
Lyra se interpuso.
El golpe la lanzó contra el suelo.
—¡Lyra!
Aiden corrió hacia ella.
La joven tenía una herida en el brazo.
Kieran quedó sorprendido.
—¿Proteges a una vampira?
Aiden se levantó lentamente.
Sus ojos comenzaron a brillar en dorado.
—Protejo a alguien que eligió salvarme.
No me importa su apellido.
Kieran dio un paso atrás.
Por primera vez dudó.
Entonces una voz desconocida resonó entre los árboles.
—Suficiente.
Todos se detuvieron.
Una figura apareció sobre una rama.
Vestía una capa negra.
No era lobo.
No era vampiro.
Su presencia era diferente.
Más antigua.
—Han pasado diecinueve años...
Y finalmente todos siguen exactamente el camino que preparé.
Aiden sintió un escalofrío.
—¿Quién eres?
La figura sonrió.
—Alguien que conoció a tus padres.
Alguien que vio caer tu reino.
Y alguien que sabe la verdad sobre aquella noche.
Aiden dio un paso al frente.
—Dime quién eres.
La figura bajó lentamente de la rama.
Y cuando la capucha cayó...
Todos quedaron paralizados.
Porque el rostro que apareció era imposible.
Era alguien que debía haber muerto hace diecinueve años.
—Hola, Aiden.
Soy tu tío.
El hermano de tu padre.
El verdadero heredero que debía ocupar el trono Alfa.