NovelToon NovelToon
El Monstruo Sin Nombre

El Monstruo Sin Nombre

Status: En proceso
Genre:Venganza / Romance / Mafia
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Black_Dragon

En las heladas tierras de Rusia nació un hombre destinado a conocer el verdadero significado del sufrimiento. Desde su infancia fue arrojado a un mundo de violencia, traición y muerte, donde cada día era una batalla por sobrevivir. Las cicatrices que cubrían su cuerpo eran solo una pequeña muestra de las heridas que consumían su alma. Después de perder todo aquello que alguna vez amó, se convirtió en una sombra de sí mismo: un guerrero despiadado que caminaba entre cadáveres y campos de batalla sin sentir miedo, compasión o esperanza. Para él, el mundo era un infierno interminable, y él mismo era uno de sus demonios. Sin embargo, cuando el destino parecía haber sellado su condena, una mujer apareció en su vida. A diferencia de los demás, ella no vio al monstruo que todos temían, sino al hombre roto que se ocultaba tras años de dolor. Con paciencia, valentía y una determinación inquebrantable, comenzó a derribar los muros que protegían su corazón.

NovelToon tiene autorización de Black_Dragon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Padre

Durante siete años imaginé aquel momento.

Siete años.

Miles de días.

Miles de entrenamientos.

Miles de heridas.

Miles de preguntas.

Todo para llegar hasta allí.

Todo para encontrarme con él.

El hombre que había controlado mi vida desde las sombras.

El hombre que gobernaba aquella mansión.

El hombre que quizás era mi padre.

Y ahora estaba a punto de conocerlo.

Debería haber estado feliz.

Debería haber sentido emoción.

Pero mientras caminaba por los pasillos de la mansión, solo sentía una presión insoportable en el pecho.

Algo estaba mal.

No sabía qué.

Pero lo sentía.

Los hombres que me escoltaban permanecían en silencio.

Sus pasos resonaban sobre el suelo de mármol.

Nadie hablaba.

Nadie me miraba.

Como si estuvieran llevando a un prisionero hacia su sentencia.

Finalmente nos detuvimos.

Frente a una enorme puerta negra.

Más grande que cualquier otra puerta de la mansión.

Uno de los hombres llamó.

Tres golpes.

Silencio.

Luego una voz.

Profunda.

Fría.

—Entren.

Aquellas fueron las primeras palabras que escuché de él.

Y no sentí nada.

Porque aquella voz no sonaba como la de un padre.

Sonaba como la voz de alguien acostumbrado a dar órdenes.

Nada más.

Las puertas se abrieron lentamente.

Y entré.

---

La habitación era enorme.

Mucho más grande de lo que esperaba.

Había una enorme ventana detrás de un escritorio.

La nieve caía al otro lado del cristal.

El cielo estaba completamente gris.

Como siempre.

Como toda mi vida.

Y detrás del escritorio estaba él.

El jefe.

Mi padre.

Quizás.

No lo sabía todavía.

Era exactamente igual a como lo recordaba.

Cabello blanco.

Traje impecable.

Postura perfecta.

Parecía una estatua.

Una escultura tallada en hielo.

Pero entonces levantó la mirada.

Y nuestros ojos se encontraron.

Jamás olvidaré aquello.

Jamás.

Si tuviera que describir aquella mirada...

La describiría como un infierno.

No un infierno de fuego.

No uno lleno de monstruos.

Algo peor.

Mucho peor.

Era un vacío.

Un abismo.

Una oscuridad tan profunda que parecía devorar todo lo que tocaba.

No había amor.

No había orgullo.

No había felicidad.

No había tristeza.

No había nada.

Absolutamente nada.

Era como mirar a alguien que había perdido toda humanidad hacía mucho tiempo.

Y por primera vez sentí miedo.

Miedo de verdad.

No el miedo al dolor.

No el miedo al castigo.

No el miedo a morir.

Era otro tipo de miedo.

Era el miedo de comprender que la persona frente a mí podía ser mucho peor de lo que había imaginado.

Los segundos pasaron lentamente.

Ninguno habló.

Ninguno apartó la mirada.

Finalmente fui yo quien rompió el silencio.

Porque llevaba siete años esperando hacerlo.

Porque necesitaba saberlo.

Porque ya no podía seguir viviendo con aquella duda.

—¿Soy... su hijo?

Mi voz sonó extraña.

Más débil de lo que esperaba.

El hombre permaneció inmóvil.

Observándome.

Analizándome.

Como si estuviera evaluando un objeto.

No a una persona.

No a un niño.

Un objeto.

Finalmente respondió.

—Sí.

Solo una palabra.

Sí.

Nada más.

Mi mundo entero se detuvo.

Todo aquello.

Todos aquellos años.

Todas aquellas sospechas.

Eran reales.

Era verdad.

Era mi padre.

Y aun así...

No sentí alegría.

No sentí alivio.

Porque la forma en que lo dijo destruyó cualquier esperanza que hubiera quedado dentro de mí.

No sonó feliz.

No sonó orgulloso.

No sonó emocionado.

Simplemente confirmó un dato.

Como si estuviera diciendo el color del cielo.

Como si no tuviera importancia.

Sentí que algo se rompía dentro de mi pecho.

Algo que había estado intentando sobrevivir durante años.

---

El hombre apoyó las manos sobre el escritorio.

—Levántate.

Obedecí.

Era una costumbre demasiado arraigada.

Me puse de pie.

Entonces él comenzó a caminar.

Lentamente.

Sin prisas.

Rodeó el escritorio.

Y se detuvo frente a mí.

Por primera vez estaba cerca.

Mucho más cerca.

Podía notar que era increíblemente alto.

Su presencia era abrumadora.

Como una montaña.

Como una tormenta.

Como algo imposible de desafiar.

Sus ojos recorrieron mi cuerpo.

De arriba abajo.

Analizando.

Observando.

Evaluando.

Como si estuviera inspeccionando una herramienta recién terminada.

Mi cabello.

Mis brazos.

Mis piernas.

Mis cicatrices.

Todo.

Y entonces comprendí algo.

Algo horrible.

No me estaba mirando como un padre observa a su hijo.

Me estaba mirando como un creador observa su obra.

Como un científico observa un experimento.

Como un hombre observa una inversión.

Sentí náuseas.

Rabia.

Muchísima rabia.

Porque durante años había imaginado este momento.

Durante años había esperado respuestas.

Durante años había soportado el infierno creyendo que al final habría una razón.

Y ahora entendía la verdad.

Nunca fui importante para él.

Nunca.

---

—Has superado las expectativas.

Su voz era fría.

Vacía.

—Tu rendimiento ha sido satisfactorio.

Mi respiración se aceleró.

Satisfactorio.

Esa era la palabra que utilizaba.

Después de siete años.

Después de toda aquella tortura.

Después de todas las personas que habían desaparecido.

Satisfactorio.

Nada más.

Sentí cómo mis manos comenzaban a temblar.

—¿Por qué?

Las palabras escaparon de mi boca.

—¿Por qué hizo todo esto?

No respondió.

—¿Por qué?

Mi voz se volvió más fuerte.

—¿Por qué permitió que pasara por todo eso?

Silencio.

—¡¿POR QUÉ?!

Mi grito resonó por toda la habitación.

Y él simplemente me observó.

Sin emoción.

Sin reacción.

Como si mis palabras no significaran nada.

Como si mi sufrimiento no significara nada.

Como si yo no significara nada.

Y entonces algo dentro de mí explotó.

---

Toda la rabia acumulada durante siete años salió de golpe.

Toda.

Las noches de frío.

Los castigos.

Los niños desaparecidos.

La soledad.

La muerte de mi madre.

Las preguntas sin respuesta.

Todo.

Di un paso adelante.

Luego otro.

Luego corrí.

Quería alcanzarlo.

Quería obligarlo a responder.

Quería hacerlo sentir aunque fuera una fracción de lo que yo había sentido durante toda mi vida.

Pero jamás llegué.

Dos hombres aparecieron de inmediato.

No sé de dónde.

No sé cuándo.

Solo sé que estaban allí.

Sus manos sujetaron mis brazos.

Con fuerza.

Demasiada fuerza.

Intenté liberarme.

Forcejeé.

Golpeé.

Pateé.

Pero eran demasiado fuertes.

—¡SUÉLTENME!

No me escucharon.

—¡SUÉLTENME!

Mis gritos llenaron la habitación.

El hombre seguía inmóvil.

Observando.

Siempre observando.

Como si nada de aquello le afectara.

Y eso solo hizo que mi rabia creciera aún más.

—¡MÍREME!

Los guardias comenzaron a arrastrarme hacia la puerta.

—¡MÍREME!

Intenté liberarme nuevamente.

Inútil.

—¡SOY SU HIJO!

Nada.

Ni una reacción.

Ni una sola.

—¡RESPONDA!

Mi garganta comenzaba a doler.

—¡RESPONDA DE UNA VEZ!

Seguía observándome.

Con aquellos ojos.

Aquellos malditos ojos.

Aquellos ojos que parecían contener un infierno entero.

Y entonces comprendí algo.

La peor verdad de todas.

No era que me odiara.

No era que me despreciara.

No era que quisiera hacerme daño.

Era algo mucho peor.

Simplemente no le importaba.

---

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Los guardias seguían arrastrándome.

Yo seguía gritando.

Seguía luchando.

Seguía reclamando respuestas.

Pero ya era inútil.

La distancia aumentaba.

La puerta se cerraba.

Y él seguía allí.

De pie.

Observándome.

Como una estatua de hielo.

Como un monstruo vestido de hombre.

Como alguien incapaz de sentir absolutamente nada.

Las puertas finalmente se cerraron.

Y el sonido retumbó por el pasillo.

Silencio.

Solo silencio.

Los guardias me soltaron poco después.

Caí de rodillas sobre el suelo.

Respirando con dificultad.

Temblando.

No por miedo.

No por frío.

Por rabia.

Una rabia tan intensa que sentía que podía destrozarme desde dentro.

Permanecí allí durante varios minutos.

Solo.

Como siempre.

Y mientras observaba el suelo comprendí algo que cambiaría mi vida para siempre.

Durante siete años había querido conocer a mi padre.

Había soportado el infierno para encontrarlo.

Había convertido aquel objetivo en la razón de mi existencia.

Pero ahora que finalmente lo había conocido...

Deseaba no haberlo hecho.

Porque el hombre que acababa de ver no era un padre.

No era una familia.

No era alguien a quien admirar.

Era el origen de todo mi sufrimiento.

Y por primera vez desde que tenía memoria, la pregunta que gobernaba mi vida dejó de ser:

"¿Por qué me abandonó?"

Y se convirtió en algo mucho más oscuro.

"¿Cómo voy a destruirlo?"

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play