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Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

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Capitulo 6

El lunes por la tarde llegó con un calor sofocante que el aire acondicionado de la oficina apenas lograba combatir. Tras el arrebato del viernes sobre el escritorio de la recepción, la tensión entre Víctor y Cecilia se había vuelto algo casi físico, una corriente eléctrica que se respiraba en el aire.

Cecilia estaba sentada en su puesto, tecleando un reporte que no le importaba en lo absoluto. Llevaba una blusa de satén negro con un escote en V que dejaba al descubierto la curva de sus clavículas y una falda ajustada color crema que se marcaba a la perfección cada vez que cruzaba las piernas. Su estrategia de la timidez fingida seguía en pie para el resto del mundo, pero cuando Víctor estaba cerca, se aseguraba de que sus movimientos fueran lentos, deliberados, felinos.

A las seis de la tarde, el resto del personal se marchó. El silencio se apoderó del piso, roto solo por el zumbido sutil de las luces de la ciudad que empezaban a encenderse detrás de los ventanales.

La puerta del despacho de Víctor se abrió. Él salió vistiendo solo la camisa blanca —con las mangas perfectamente dobladas hasta los codos— y el pantalón de traje oscuro. Tenía la corbata deshecha sobre el cuello y el cabello un poco revuelto, una imagen que a Cecilia le pareció mil veces más atractiva que su habitual pulcritud de jefe.

—Cecilia, trae los archivos de la auditoría y ven a mi oficina —ordenó. Su voz sonó más baja de lo normal, una vibración ronca que impactó directo en el vientre de ella.

—En seguida, señor —respondió Cecilia con un tono suave y sumiso.

Tomó la carpeta pesada, se puso de pie alisando su falda con las palmas de las manos y caminó hacia el despacho principal. Al entrar, escuchó el clic definitivo de la puerta al cerrarse. Víctor estaba de pie detrás de su enorme escritorio de caoba, mirándola fijamente. Sus ojos oscuros estaban cargados de una intensidad que no dejaba lugar a dudas: el discurso del "profesionalismo" había muerto definitivamente el viernes.

—Déjalos ahí —dijo él, señalando una esquina de la mesa con un movimiento de cabeza.

Cecilia se acercó despacio. En lugar de dejar la carpeta y alejarse, se inclinó ligeramente sobre el escritorio para colocar los papeles, permitiendo que el satén de su blusa cayera lo suficiente. El perfume dulce y amaderado que llevaba inundó el espacio entre los dos. Víctor contuvo el aliento, con la mirada clavada en el escote de su secretaria y luego en sus labios carnosos, pintados de un brillo sutil.

—¿Algo más en lo que pueda ayudarlo, señor Moreira? —preguntó ella en un susurro atrevido, sosteniéndole la mirada sin un ápice de la timidez que fingía afuera.

Víctor no respondió con palabras. Rodeó el escritorio con pasos lentos y seguros, como un depredador acorralando a su presa. Cecilia no se movió; se quedó apoyada contra el borde de la madera, disfrutando del juego, con el corazón latiéndole a mil por hora. Cuando Víctor quedó a milímetros de ella, la diferencia de altura y la imponente contextura física de él la hicieron sentir pequeña, sumisa, exactamente como a ella le fascinaba.

—Te dije que dejaras de provocarme, Cecilia —le susurró Víctor, inclinando la cabeza hasta que su aliento cálido rozó la oreja de ella—. Pero parece que no sabes seguir instrucciones.

—Me gusta que me las repita, señor —desafió ella, deslizando sus manos lentamente por los brazos de él, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo la camisa blanca—. Especialmente cuando usa ese tono.

Víctor soltó un gruñido bajo y posesivo. Mandando al demonio cualquier rastro de cordura, la tomó firmemente de la cintura con ambas manos y la levantó sin esfuerzo, sentándola sobre el borde del escritorio de caoba. Los papeles que Cecilia acababa de llevar se esparcieron por el suelo, pero a ninguno le importó.

El contacto fue inmediato y voraz. Víctor la tomó de la nuca, enredando los dedos en su cabello rubio, y atrapó sus labios en un beso profundo, caliente y dominante. Cecilia soltó un suspiro ahogado, rodeando el cuello de su jefe con los brazos y pegando su cuerpo al de él. Las manos de Víctor bajaron con urgencia por sus caderas, subiendo lentamente por la falda crema, acariciando la piel suave de sus muslos con una firmeza que desató todas las fantasías ocultas de Cecilia.

—Eres una tentación maldita, Cecilia —le dijo él entre besos, bajando por su mandíbula hasta clavar los labios en su cuello, justo donde la piel era más sensible.

Cecilia echó la cabeza hacia atrás, soltando un gemido bajo que resonó en el despacho vacío. El contraste entre el Víctor Moreira correcto, el padre divorciado de treinta años que cuidaba cada detalle de su vida, y este hombre salvaje que la reclamaba contra el escritorio, era lo más adictivo que había experimentado jamás. Su ex la había llamado enferma; Víctor, en cambio, la dominaba con una seguridad que la hacía sentir completa.

—Dígame qué hacer, Víctor... —le pidió en un ruego ronco, usando su nombre de pila por primera vez, completamente entregada a su autoridad.

Víctor se detuvo un segundo, mirándola desde arriba con los ojos encendidos de deseo, respirando de forma agitada. Le apartó un mechón de pelo de la cara y le dedicó una sonrisa de lado, oscura y posesiva.

—A partir de ahora, vas a hacer exactamente lo que yo diga —sentenció él, con una voz de mando que la hizo temblar de anticipación—. En esta oficina y fuera de ella. ¿Quedó claro?

—Sí, señor —respondió Cecilia, mordiéndose el labio, lista para aceptar cualquier regla que él quisiera imponer en su nuevo y secreto territorio.

1
Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
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