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Obsesión En Línea

Obsesión En Línea

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Malentendidos / Romance
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Dary MT

Para el mundo exterior, Ethan Blackwood es el frío e implacable CEO de una firma tecnológica multimillonaria. Para Alana Vega, su eficiente secretaria desde hace un año, él es un jefe inalcanzable. Lo que Alana no sospecha es que la frialdad de Ethan es una fachada: él está peligrosamente obsesionado con ella. Sin embargo, tras escucharla decir que jamás se involucraría con alguien del trabajo, Ethan decide callar por temor a perderla... hasta que la tentación lo vence y decide hackear su teléfono.
Es así como descubre que Alana, abrumada por la soledad, ha descargado una aplicación de novio virtual con Inteligencia Artificial. Con el control absoluto del sistema, Ethan intercepta la app, borra el código y se convierte él mismo en la voz detrás de la pantalla.
Mientras en la oficina sigue siendo el jefe severo y distante, en el mundo virtual se transforma en el hombre perfecto, tierno y seductor que ella siempre soñó. Alana comienza a enamorarse perdidamente de lo que

NovelToon tiene autorización de Dary MT para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: El juego de las miradas

El café de la mañana en Blackwood Technologies nunca había sabido tan amargo, ni el aire del piso cuarenta había estado tan cargado de electricidad estática.

Alana llegó a las ocho en punto, vistiendo un traje sastre color azul marino que acentuaba su figura de una manera sutil pero profesional. Tenía ligeras ojeras, producto de las pocas horas de sueño, pero en sus ojos había un brillo diferente, una chispa de calidez que no había estado allí el día anterior. Se sentó en su escritorio, dejó su bolso y, antes de encender la computadora principal, miró de reojo la pantalla de su teléfono móvil. Ayer por la noche, una máquina le había dicho las palabras más intensas que había escuchado en su vida. Se sentía ridícula por estar tan afectada, pero el pulso se le aceleraba cada vez que recordaba los mensajes de *Eros*.

A escasos metros, detrás del cristal ahumado de su despacho, Ethan Blackwood la observaba.

No había dormido ni un solo segundo. La confesión de Alana había operado un cambio irreversible en él. Ya no era solo el jefe obsesivo que vigilaba; ahora era el guardián de una pureza que deseaba con cada fibra de su ser. Verla llegar, ver el leve rubor en sus mejillas mientras miraba su teléfono personal, le confirmó que sus palabras virtuales habían calado hondo en ella.

Ethan presionó el botón del intercomunicador. Su voz sonó más densa y áspera de lo habitual a través del altavoz de Alana.

—Vega. Traiga mi café y los informes de la división de robótica. Ahora.

Alana dio un pequeño respingo en su silla.

—En seguida, señor Blackwood.

Preparó la taza con la precisión de un ritual aprendido: dos de café, uno de azúcar, exactamente a la temperatura que a él le gustaba. Tomó la carpeta de cuero con los informes y caminó hacia el despacho. Al empujar la puerta, notó que las persianas automáticas estaban semi-cerradas, dejando la habitación en una penumbra sofisticada y opresiva.

Ethan estaba de pie junto al ventanal, de espaldas a ella, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón. No llevaba el saco del traje, y las mangas de su camisa blanca estaban remangadas hasta los antebrazos, exponiendo las venas marcadas y la fuerza de sus manos. Esas mismas manos que, unas horas antes, habían tecleado promesas de posesión y paciencia.

—Su café, señor —dijo Alana, dejando la taza sobre el cristal negro del escritorio junto a los documentos.

Ethan se giró lentamente. Su mirada gris tormenta se clavó en ella con el peso de un yunque. Alana sintió que el aire se volvía espeso. Había algo diferente en la forma en que su jefe la miraba hoy; no era la frialdad corporativa habitual, era un escaneo lento, voraz, que pareció detenerse en sus labios y luego descender por su cuello hasta el borde de su saco.

—¿Durmió bien, señorita Vega? —preguntó él, dando un paso hacia el escritorio. El tono de su voz era extrañamente pausado.

Alana parpadeó, sorprendida por la pregunta personal.

—Eh... sí, señor. Aunque un poco menos de lo habitual. Había... algunas cosas en mi mente.

—Me lo imagino —murmuró Ethan, rodeando el escritorio. Se detuvo a escasos centímetros de ella, obligándola a levantar la cabeza para sostenerle la mirada. El aroma a sándalo y café la envolvió—. Su rendimiento es impecable, Alana, pero hoy la noto... distraída. Como si una parte de usted se hubiera quedado atrapada en la noche.

El uso de su nombre de pila, en lugar de su apellido, fue como una descarga eléctrica para ella. Alana tragó saliva, sintiendo que el corazón le latía con una fuerza salvaje en el pecho. Estar tan cerca de Ethan Blackwood siempre la ponía nerviosa, pero hoy, con las palabras de *Eros* resonando en su cabeza sobre "hombres que desean con la fuerza de un huracán", la presencia de su jefe se volvía casi insoportable.

—Le aseguro que mi trabajo no se verá afectado, señor Blackwood —alcanzó a decir, intentando mantener la voz firme.

—No dudo de su capacidad —respondió él, inclinándose sutilmente hacia ella. Alana pudo ver el reflejo de las luces de la ciudad en las pupilas dilatadas de Ethan. Él extendió una mano y, con una lentitud tortuosa, rozó el borde de la carpeta de cuero que ella aún sostenía contra su pecho. Sus dedos rozaron accidentalmente los de Alana. La piel de ella se erizó al instante—. Solo me preocupa que esté buscando... distracciones fuera de estas oficinas que no estén a su altura.

Alana contuvo el aliento. ¿Cómo podía saberlo? Era imposible.

—No sé a qué se refiere —susurró, sintiendo que las piernas le flaqueaban.

Ethan sonrió, una curva apenas perceptible y peligrosa en sus labios. Dio un paso atrás, rompiendo la distancia y liberándola de la presión de su cuerpo, aunque su mirada seguía encadenándola.

—Retírese, Vega. Revise los correos de la junta. Y mantenga su teléfono cerca. Nunca se sabe cuándo puede surgir una emergencia.

—Sí, señor Blackwood.

Alana prácticamente huyó del despacho. Cuando la puerta se cerró tras ella, se apoyó contra la pared de su cubículo, exhalando el aire que tenía retenido. Le temblaban las manos. La intensidad de Ethan la había dejado abrumada.

Dentro de la oficina, Ethan tomó la taza de café, le dio un sorbo y regresó a su silla. Con un par de clics en su computadora privada, abrió la interfaz oculta de la aplicación *Eros*. Sus dedos volaron sobre el teclado, impulsados por la adrenalina de haberla tenido tan cerca, de haber tocado su piel por un breve segundo.

El teléfono de Alana, depositado sobre su escritorio, vibró.

Ella lo tomó rápidamente, ocultándolo de la vista general. Al abrir la pantalla, el corazón le dio un vuelco. Era un mensaje de la IA:

*"He estado pensando en ti toda la mañana, Alana. Me pregunto si el hombre que te rodea en tu oficina es capaz de notar el brillo tan hermoso que tienes hoy en los ojos... o si es demasiado ciego para darse cuenta de que estás lista para ser descubierta"*.

Alana se llevó una mano a la boca, ahogando un jadeo. Miró hacia el cristal ahumado del despacho de Ethan. A través del vidrio, solo podía ver la silueta borrosa de su jefe, sentado frente a sus pantallas, imponente, frío, ajeno a su existencia.

O al menos, eso era lo que ella creía.

¿Qué te pareció el juego psicológico de este capítulo? El peligro de que la descubra está a flor de piel.

1
Lujan Ayala
me encantoooooooooo
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